Y por los milagros y maravillas… En aquellos días de esta época

El milagro de Janucá- cuando pocos vencieron a muchos y débiles a poderosos- se repite todos los días. Es el milagro diario de la existencia del pueblo judío, numéricamente minoritario, a diferencia de lo que se piensa no se encuentra entre las fortunas más importantes del mundo, no goza del apoyo merecido en la prensa mundial, tiene a la mayoría numérica de países de la ONU en contra, y sin embargo es “luz para las naciones”, el judaísmo vive, la Torá vive, el pueblo judío vive.
Cuando decimos “vive” no nos referimos a que el judaísmo sea estudiado y analizado académicamente en las universidades. Cosas que no existen más son estudiadas por académicos especializados.
“Vive” quiere decir que cientos de miles de niños recitan el “Shemá Israel” todos los días y para ellos esto es fundamental en sus vidas. “Vive” quiere decir que millones de judíos eligen el restaurant y el menú a disfrutar en una comida de negocios o un domingo al mediodía, en cualquier lugar del mundo, tomando en cuenta las leyes del Kashrut.
“Vive” quiere decir que millones de judíos se interesan, leen y comentan sobre la Parshá de la semana, como la información de actualidad, sintiendo que cuando hablan de la Parshá de la semana pasada es “noticia vieja”.
Y más aún: “vive” quiere decir que jóvenes y familias que por las circunstancias diaspóricas de emigración y catástrofe vivida por nuestro pueblo especialmente en los últimos 100 – 150 años ni sus abuelos observaban Shabat ni Tefilín, y sus nietos -profesionales y empresarios- asumen su judaísmo con naturaleza y de manera íntegra, en la observancia cotidiana de los preceptos de la Torá.
Porque la fuerza del alma judía no se mide por la cantidad y la potencia física. Cual un fósforo encendido en una gran habitación oscura que disipa a la oscuridad.
Es lo que dice el profeta; “No con el ejército, ni con la fuerza, sino con Mi espíritu, Ha dicho Di-s”.
Esa fuerza, la fuerza de “Mi espíritu”, la de la Torá, la posee cada judío. Por ello, nunca debemos sentirnos una minoría. Si estamos en un grupo social que aún desconoce la belleza del judaísmo ¡encendamos la luz mostrándoles el camino! si somos unos pocos en una institución judía donde tenemos mucho para aportar, introducir Cashrut, Shabat, Tefilín, etc. ¡no nos achiquemos!
Si somos un joven que descubrió la conexión de su alma a Hashem y la Torá y tenemos toda una familia a la que queremos, y nos rodea pero parecería “estar en otra” ¡no nos encerremos! Con amor, cariño y dedicación iluminemos con la luz de la Torá y sus preceptos. Y aunque somos tan sólo uno frente a muchos, sin lugar a dudas “Mi espíritu”, la luz de la Torá, se impondrá.
Es sólo cuestión de convertirse en “macabeo” (=Macabi es la sigla formada por el versículo Mi CAmoja Ba-elim Hashem= ¡Quién es como Ti entre los poderosos Hashem!).
Llega Janucá – es el momento de hacerlo.
* * *
Jabad y Janucá están íntimamente ligados.
Fue Jabad quien en la Argentina y en el mundo volvió a colocar a Janucá en “la calle”, la trajo a todos.
Con los actos multitudinarios en las plazas, con la distribución de miles de candelabros y velas, con las camionetas Traffic recorriendo la ciudad, etc.
Y no es casualidad. Janucá y su contenido es el mensaje y sentido del accionar de Jabad. Sin lugar a dudas los Jabad´nikim tenemos la responsabilidad de ser los macabeos en la lucha contra la asimilación y nos sentimos apoyados por muchísima gente que se suma a nuestras filas para encender el candelabro de la Torá y sus preceptos que ilumina al pueblo judío, preparándolo para la llegada del Mashíaj.
¡Janucá Sameaj!
Rabino Tzví I. Grunblatt

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