JANUCA: la luz de una pasión.

Minutos antes de que se haga la noche del 25 de Kislev, nos reunimos en un ámbito familiar para encender la primera de 8 velas reviviendo el “milagro” de JANUCA. Pongo entre comillas la palabra milagro porque todavía no he sido capaz de diferenciar que es milagro de que no lo es,  pero esta aparente duda existencialista que tengo sería motivo de un análisis separado o de consulta con algún profesional de la salud mental.
La guerra intelecto-espiritual entre los Helenistas y un pequeño grupo de Judíos pertenecientes a los Sacerdotes de Israel durante el dominio Greco-Sirio en la época del 2do Templo de Jerusalém, digamos unos 200 años de su destrucción, tuvo un final que aparentemente no resiste un análisis lógico, y coronado con lo que relatan nuestros Sabios de la vasija de aceite que era apta para iluminar un día y terminó iluminando 8 días, todo el episodio entra en la categoría de “milagroso”.
Una pregunta podría ser qué participación tuvieron los Macabeos, ese grupo de Judíos descendientes de Matitiahu sumo sacerdote (no del cantante rap que se rapó), en la activación del milagro?
En Hebreo la palabra Janucá está etimológicamente vinculada con la palabra Jinuj (educación) y obviamente dentro de éste contexto debe haber alguna conexión que nos ayude a aprender algo más sobre éste evento para aplicarlo en nuestras vidas.

Mañas son mañas y pasiones son pasiones.
Hace ya casi dos años, fui invitado a dar una charla sobre Física a un grupo de jóvenes judíos que participan en un plan de estudios Judaicos en Buenos Aires (ISEJ) con la intención de que yo presentara con fuegos artificiales la maravilla de la coincidencia entre los descubrimientos de la Física y lo que nos enseña la Torá, para lo cual me dotaron de toda una artillería pesada de efectos especiales para tal evento.
Menuda sorpresa, no presenté ese show, pero me dediqué a contar un poco de historia de la Física, sus objetivos, inquietudes y estado actual de algunas investigaciones.

Hablé de la Teoría de Cuerdas y de la búsqueda de la más escurridiza de las partículas teorizadas, el bosón de Higgs (si les interesa, después les cuento mejor de qué se trata).
El “milagro” de la charla fué que los chicos vieron en la ciencia el milagro que es la naturaleza y varios de ellos quedaron enganchados con el tema y esa otra forma de verla, no técnica pero si conceptual, filosófica y si se quiere espiritual.
Conseguí tan sólo por unos instantes despertar en varios de éstos jóvenes una sensación especial: pasión.
Hasta ahora, cuando alguno de ellos me ve, me pregunta que novedades hay del bosón de Higgs.
A quién en su sano juicio le puede importar el bosón de Higgs ? Y toda la parafernalia tecnológica montada para detectarlo y así confirmar o descartar su existencia.
La verdad, con los problemas y dramas que enfrentamos día a día, poco tiempo nos queda para pensar en el pobre bosóncito de tamaño tan diminuto que para escribir su dimensión en milímetros no me alcanza el espacio de éste artículo para llenarlo de ceros después de la coma.
Pero a pesar de todo, me hago un rato para entrar en la página del CERN donde está el más grande acelerador de partículas jamás construído tratando de recrear situaciones que teóricamente permitirían detectar al bosón de Higgs.
En realidad, saber si el tan mentado bosón existe o no existe no cambia nada mi rutina diaria, no influye en nada de lo que hago, ni siquiera me cambia el pensamiento.

Entonces ¿por qué me intereso en los resultados?
Me intereso en los resultados y en cómo llegan a ellos, me intereso en la monumental obra del LHC (el colisionador de partículas), en lo que han logrado con este desbordante despliegue de tecnología, me intereso porque me contagia la pasión de ésta gente.
Incontables veces escuché y leí que Einstein era un genio, que Mozart era un genio, y así tantos otros.

¿Que tenían en común estos genios?
Estos “genios” eran apasionados por lo que hacían, no había barrera que se opusiera a su pasión por lograr sus objetivos.
Toda la estructura del colisionador que costó 10.000 millones de dólares y se dedica a buscar una supuesta partícula de tamaño inconcebiblemente pequeño y de existencia inconcebiblemente corta es producto de la pasión de un puñado de físicos que hace menos de 100 años escribieron con papel y lápiz la teoría que predecía la existencia de ésta partícula y cientos de otras ya encontradas y verificadas.
Todos, absolutamente todos sin excepción movidos por lo mismo, pasión, pasión de saber, de conocer.

¿Por qué ésto es así? Que magia tiene la pasión que activa en las personas estos potenciales increíbles?
La pasión es una emoción que se activa en nuestro cerebro generando enormes cantidades de neurotrasmisores que lubrican todo el cerebro. Emoción, alerta, nuestro corazón bombea mucha sangre, nuestros músculos no se fatigan, nuestra mente vuela de ideas, el sueño no nos ataca y después, el placer de los logros.

Imagínense que todos los días de nuestra vida fueran así.¿Que maravilla verdad?
Pero lamentablemente no pasa eso.
Me voy a trabajar en mi rutina, me agobian las facturas, me aburro pero tengo que sacar fuerzas de cualquier lugar y seguir.
Si tengo hijos, me preocupo por ellos (o debería preocuparme) y quiero darles lo mejor, confort, cuidados y educación.
Los mando a la escuela, al liceo, a facultad, a la Yeshivá, y que pasa en muchos casos?
Nos enfrentamos al “ufa” no quiero ir… cuando terminan las clases? Cuando nos vamos de vacaciones? No quiero dar tal o cual exámen y miles de historias similares.

Y eso queridos amigos pasa en TODOS los ámbitos.

Cada vez más los jóvenes pierden interés en lo tradicional, ahora es más atrapante un video-juego, una red social y para desgracia de la humanidad, un sicotrópico adictivo incluyendo al venerado alcohol, droga legal y de venta libre.

¿Que es lo que está pasando?
Simple, los encargados de trasmitir la educación no consiguen “apasionar” a los jóvenes. Entonces se aburren y buscan otros estímulos mas “apasionantes”.
Es un tema de educación ! Es decir, es un tema de JINUJ-
Los primeros educadores somos nosotros, los padres, la influencia de la casa es insustituíble, para bien o para mal.
La escuela, o la Yeshivá no es un depósito de chicos que dejamos ahí para que podamos ocuparnos de “nuestras” cosas. Son ámbitos que deben servir para que desarrollen las pasiones que nosotros los padres debemos instalar en nuestros hijos.
Avraham Avinu, el primer Judío, tenía pasión por su Judaísmo, trasmitía esa pasión a cada uno que lo visitaba, e implantó en Itzjak y en Iaakov Avinu esa energía pasional por el Judaísmo.
Transformó al Judaísmo en un apasionamiento por conocer la Sabiduría de Hashem y cumplir con el deseo de Hashem, un apasionamiento por “ser” judío-

Los Macabeos que triunfaron frente a los Helénicos, lo hicieron porque eran apasionados de su Judaísmo, eran apasionados por su compromiso, eran producto de una educación apasionada y apasionante.
Si no somos capaces de activar nuestra pasión va a ser imposible que activemos la pasión de otro y menos de nuestros hijos.

Ahora, me pueden preguntar, dígame rabino, y cómo hago para apasionarme si no me interesa el tema, si tengo tantas otras prioridades o problemas a resolver antes?
Por cuanto lejos estan estas reflexiones de ser un manual de autoayuda, tan sólo voy a destacar algunas características de la emoción (exteriorización de un movimiento interno) y ya entre paréntesis fue una pista.

La emoción es contagiosa.
Si, neurobiológicamente tenemos impreso en nuestra mente el sentido de la imitación, lo vemos en los recién nacidos con claridad, quién no ha experimentado lo agradable de ver un bebé sonreír tan pronto nos ve sonreír a nosotros?.
Un ambiente donde se respira emoción contagia, una clase donde el docente se emociona con lo que enseña, trasmite esa emoción a los estudiantes y eso hace que el aprendizaje sea placentero y los conocimientos se graben en nuestras mentes.
Lo mismo ocurre a la inversa, si el maestro no disfruta ni se emociona con lo que trata de enseñar, la clase es insoportable, sólo nos preguntamos “cuando terminará ésto… por favor que termine”.
Una casa donde los padres viven con emoción sus vidas, trasmiten eso a sus hijos y lamentablemente vice-versa ocurre lo mismo.

Y así cientos de ejemplos en nuestra vida diaria.

La emoción genera adicción.
Si, los estímulos de placer que nos generan las emociones son adictivos. Para bien o D-os no quiera para lo opuesto.
A quién no le pasó que durante algún evento que lo haya emocionado haya dicho “cómo, ya terminó?” parece que pasaron 5 minutos y en realidad fueron 2 horas…

La sensación del transcurso del tiempo cambia mucho según nuestro apasionamiento por algo que vivimos.
Podríamos seguir varias hojas más sobre éste tema, pero no es éste el lugar.
Janucá es el triunfo de un puñado de Iehudím apasionados por su Judaísmo, apasionados por su compromiso con la continuidad el Pueblo de Israel y de la Torá Eterna.

Eran producto de una educación de pasión por su privilegio de ser Judíos.
Una pasión tal que literalmente pasaron por encima de los límites naturales (si es que los hay).Perder el apasionamiento por nuestro Judaísmo es el peligro mayor al que nos exponemos.El riesgo es la sustitución de los apasionamientos, y el antídoto es la EDUCACIÓN.Educación práctica, no teórica.

Una página de Talmud sóla y fría no apasiona, pero el estudio de una página de Talmud entre varios con un Maestro (Rab) que viva con enorme pasión ese estudio, es garantía de éxito.

Un educador sin apasionamiento, un individuo que ocupa el puesto de educador simplemente porque no sirve para otra cosa es una fuente de frustraciones en decenas de estudiantes, que a falta de disfrutar del estudio y el enriquecimiento de sus vidas, esperan ansiosos el final de la torturante clase para conectarse con los apasionamientos virtuales u otros no tan virtuales pero infinitamente más peligrosos.

Este próximo Janucá, cuando ardan las velitas durante apenas ½ hora en la noche, es una oportunidad sin igual para sentarnos a contemplar su luz, pensar, recorrer en los laberintos de nuestros pensamientos momentos que nos hayan emocionado, eso nos va a activar la emoción y tratemos de mantenerla viva.

Cada vez que tengamos un despertar de emoción por nuestro Judaísmo, no lo dejemos que se extinga, agarrémoslo con ambas manos y aprovechemos a mantenerlo.

La Torá nos promete que si hacemos el trabajo de apasionarnos por nuestro Judaísmo, Hashem nos garantiza el éxito !

Que sea éste un Janucá de mucha Luz, especialmente emocionante y que el éxtasis mayor se vea realizado con la finalización de este oscuro y confuso exilio.

Rabino Nejemia Grodzicki

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