El relato de la 4ta. Luz

La “Havdalá” —ceremonia que marca el final del Shabat— había concluido y ahora cuatro llamitas vacilantes ardían en la lámpara de Janucá.
Todas hicieron graciosas reverencias al saludar a Iaacov.
Sin perder tiempo la cuarta luz de Janucá emprendió su relato:
—Iehudá y los suyos libraron y ganaron muchas batallas, pero en una de ellas cayó el bravo Iehudá.
Todo Israel lloró la muerte de su héroe. Posteriormente, eligieron como sucesor a su hermano Ionatán para que éste los dirigiera.
Por suerte para los judíos, nuevamente había disturbios en Siria. Demetrio, el monarca reinante, se hallaba en pugna con su rival Alejandro.Demetrio no sentía gran estima por Ionatán, y le temía; pero más aún temía a Alejandro, de modo que decidió atraer a Ionatán a su bando.

Fue así que Demetrio envió mensajeros suyos a Ionatán para invitarle a olvidar los viejos agravios y rencores, a cambio de lo cual le brindaría su amistad incondicional. Alejandro no tardó en imitarlo. Envió también él una corona de oro y regios ropajes para Ionatán, con un mensaje de amistad, en el que expresaba su complacencia al verlo consagrado como Sumo Sacerdote y rey de los judíos.
Ionatán tomó el partido de Alejandro, pues sabía que Demetrio era traicionero y poco digno de confianza.
En la primera batalla que libraron, Demetrio perdió la vida en el terreno y triunfó Alejandro. Este celebró la victoria en la ciudad de Acco, e invitó al rey Tolomeo, de Egipto, y a Ionatán, a tomar parte en los festejos de la victoria. A Ionatán le hizo rendir honores reales.

Uno de los hombres que gozaba de la confianza del rey de Siria era Trifón. Este hombre no era tan dedicado como aparentaba y había proyectado asesinar al rey para suplantarlo en el trono.
Como sabía que Ionatán no dejaría sin vengar tal traición, Trifón resolvió deshacerse de él.
Para ello, organizó una fiesta, a la que invitó a Ionatán. Este no sospechaba que se le hubiera tendido una celada y concurrió a la fiesta. En un momento en que quedó sin escolta, Trifón lo hizo tomar prisionero.
La luz de Janucá suspiró en el mismo instante en que una lágrima, brillante como una perla, rodaba por la mejilla de Iaacov.
Siento mucho que mi historia de hoy tenga un final tan triste, —dijo la cuarta luz de Janucá— pero ha llegado mi último instante. Mañana, si Di-s quiere, oirás un relato más alegre.

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