El relato de la 2da. Luz

El día siguiente era viernes, y Iaacov comenzó sus preparativos para Shabat con mucha antelación para poder estar junto a las luces de Janucá en el momento de ser encendidas. Vio a su padre encender primero las luces de Janucá y recién luego a su madre, las de Shabat. Luego, Iaacov acercó una silla y se sentó a hacer compañía a las luces de Janucá.

Pronto oyó la familiar voz de la primera luz.
—Feliz Janucá y feliz Shabat. Me alegro de verte nuevamente. Esta es mi hermanita menor. Dile “hola”, al niñito.
—Hola —dijo la segunda luz, haciendo una graciosa reverencia— Conozco una historia maravillosa ¿Te agradaría oírla?
—Por supuesto que sí —replicó Iaacov— Por favor, cuéntamela.
—Bueno, —comenzó la segunda luz de Janucá su narración— Iehuda Makabi llevó de triunfo en triunfo a ese pequeño grupo de fieles judíos. ¿Sabes qué es la guerra de guerrillas? Es el tipo de guerra que libra un número reducido de gente contra fuerzas muy superiores. Esto es justamente lo que hicieron Iehuda Makabi y su gente. Ocultos en cuevas o emboscados, atacaban súbitamente y sin tregua al enemigo, ya sea por la retaguardia o en mitad de la noche. Aunque, desproporcionadamente inferiores en número, empero, lograban dispersar a sus enemigos en cada encuentro.

Antioco estallaba de ira.
Enviaba uno tras otro a sus grandes ejércitos con el propósito de capturar a Iehuda y destruir a sus aguerridas huestes, pero los generales fracasaban constantemente en sus intentos.
Finalmente, Antíoco envió a su mejor general, Lisias, al frente de un enorme ejército de infantes, jinetes y carros de guerra.

Iehuda,disponiéndose para la inminente batalla, arengó al puñado de sus bravos guerreros:
—Hoy afrontaremos nuestra prueba decisiva. Pero no temáis.
No fue merced a nuestras armas que logramos derrotar al enemigo hasta el presente sino que ello se debe a nuestra fe sincera en Di-s. Ellos vienen en carros y confían en su poder material, mas nosotros invocamos el Nombre de Di-s y El será Quien luchará a nuestro lado.
Apelando a Di-s, al son de sus trompetas, Iehudá y sus valientes hombres se abatieron sobre el enemigo. Ellos vinieron en carros pero nosotros — en nombre de Di-s.
Fue exactamente en la misma fecha en que el Templo había sido violado por el enemigo, el 25 de Kislev, en la que se celebró la consagración del Templo.

Pero eso no fue todo. Otro suceso milagroso habría de sumarse a la victoria militar. La pequeña cantidad de aceite que solo podía durar un día, siguió ardiendo durante ocho días, hasta que pudo prepararse el nuevo aceite puro de oliva, necesario para la Menorá.
Esta fue una clara demostración de que los milagros de Di-s están por encima del entendimiento humano.
Aquí termina mi relato —dijo alegremente la segunda luz de Janucá— Mañana, mi hermana menor te contará otra historia de heroísmo. Ahora, ve corriendo al Beit Hakneset y trata de estar de nuevo junto a nosotras, mañana cuando concluya el Shabat.

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