El ignorate ¿Es más felíz?

En Lag Baomer ocurrieron dos acontecimientos importantes en la historia de nuestro pueblo y que están ligados a la educación de los niños en el espíritu de la Torá. Recordamos a dos grandes Sabios de Israel, Rabí Akiva y su alumno, Rabí Simón Bar Iojai.

Sobre Rabi Akiva se cuenta que hasta los cuarenta años no recibió instrucción judía, siendo un simple pastor de ovejas. Cuando su esposa Rajel, lo envió a estudiar Torá, el entonces simple Akiva dudó. ¿Sería capaz a su edad de comenzar desde el simple alfabeto?. La incertidumbre se disipó cuando, esperando que sus ovejas tomaran agua de un arroyo,observó una roca que tenía un enorme orificio.

Intrigado se acercó para comprobar que dicho hoyo se había formado debido a que una gota de agua continuamente caía sobre la piedra, horadándola. “¡Si una mansa gota, debido a su constancia y tenacidad, pudo perforar una roca, seguramente las palabras de Torá podrán penetrar en mi mente y mi corazón permitiéndome comprenderla!”. Y así comenzó el proceso que lo llevó a convertirse en el famoso Rabí Akiva, uno de las luminarias más grandes de la historia del pueblo judío.

Y sin embargo algunas personas aseguran: “el ignorante es más feliz”. En estos tiempos es más fácil creer que, no pensar, no plantearse nada o desconocer, es realmente una ventaja. A pesar de esto, muchas otras encuentran tiempo para estudiar temas que los ponen a la altura de “menos ignorantes” aunque quizás sean materias que jamás les serán de utilidad.
Sabemos que estudiar Torá es una gran Mitzvá, y ese es el motivo en sí por el cual debemos hacerlo. No estamos hablando siquiera de “motivos ulteriores” como ser: estudiar hebreo o aprender para enamorarnos de nuestra herencia, saber más sobre judaísmo para tener lo que “pasarle” a nuestros hijos.

Podría ser algo tan simple como sentarnos y leer todos los días diez renglones de la Torá, sólo “para ser menos ignorantes”. Y cuando uno profundiza en el estudio de la Torá, cada una de nuestras acciones tiene una razón, un motivo detrás.
¡Los minutos pasan!. Estudie un poco de Torá cada día, sólo por “ese motivo”. Y recuerde: si necesita usted una razón para hacerlo, permita que la “curiosidad” sea su motivación.

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