De Latkes…y supervivencia

Pocos se han aventurado a buscar el simbolismo místico profundo de los latkes…

Muerdes, masticas y tragas. Este proceso se repite varias veces hasta comerse seis latkes más de lo que deberías. Si uno desafiara el nexo con estas croquetas de Janucá, sería considerado blasfemo. Así, pocos se han aventurado a buscar el simbolismo místico profundo de los latkes. Pero permítanme romper con la tradición.

No quiero molestar a los judíos de Idaho, pero el ingrediente activo del latke de papas, no es la papa, sino el aceite. (la costumbre israelí es la de celebrar con sufganiot, una especie de buñuelo frito). Para hacer una historia larga, muy corta, después de muchos años de opresión griega, obtuvimos la victoria milagrosamente. Cuando entramos al Templo Sagrado, encontramos que todo estaba contaminado. Se consiguió una sola jarra de aceite, sellada con el sello del Gran Sacerdote, y por lo tanto ritualmente puro. Había aceite suficiente para encender la Menorá por un día,, pero ocurrió un milagro y alcanzó para ocho días.
Así además del encendido del Candelabro (Menorá) durante ocho días, comemos latkes de papa, con la esperanza que las calorías de ocho días contarán por una sola (¿el milagro al revés?)

Pero desde el punto de vista más serio, examinemos ese aceite, el sujeto de nuestra celebración. Encontraremos que además expresa el secreto de nuestra supervivencia. El aceite se produce a partir de una fruta perfecta, el olivo, que se aplasta. Ni siquiera exprimirla alcanza, porque eso sólo produciría jugo de aceituna. Cuando el olivo es aplastado, se obtiene el aceite.

De acuerdo a la Kabalá , ese aceite es el símbolo de la esencia del alma judía. Puede que no este revelada todo el tiempo, pero siempre está allí. Es el aceite interior el que nutre la llama de nuestra alma. Es la definición esencial del alma judía, es la conexión inmutable con nuestro Creador.

Hay momentos en la vida del alma judía en que el olivo es “aplastado”. Existe una inmensa presión desde adentro y desde afuera, que desafía nuestra existencia como judíos. Esa fue la historia de Janucá. Un pequeño grupo de heroes judíos venció la gran armada griega que quería aniquilar nuestra identidad nacional.
La verdad eso no parece tener ningún sentido. La concesión hubiera sido una vía mucho más efectiva. Los demás nos superaban en número y teníamos un aparataje de guerra muy inferior. Podríamos haber pasado por incógnito con las cosas que molestaban a los griegos. ¿Qué nos hizo pensar que podíamos triunfar? Nada: No fue una decisión racional.

Con frecuencia vivimos la vida, sin tomar en cuenta quiénes somos realmente. Cuando alguien te desafía en tu propia existencia, te obliga a considerar quién eres. Podemos hacer concesiones en lo que hacemos y en la forma cómo nos expresamos. ¿Pero cómo se pueden hacer concesiones sobre quiénes somos? Cuando los valores sobre los cuales basamos nuestra vida se tambalean, debemos buscar dentro de nosotros y encontrar nuestra verdadera esencia.
Ese es el “aceite”, el cual penetra en toda la fruta, pero cuando se aplasta flota por encima.
Como adultos, caemos en varias trampas externas. Nuestro intelecto, según su propia naturaleza, inhibe nuestro verdadero sentido del ser. Eso es necesario para crecer y avanzar. Sin embargo, uno siempre tiene que tomarse el tiempo para retornar a su verdadera esencia. Si no lo hacemos, alguien más lo hará y cuestionará su importancia para este universo.

Durante la época en que sucede la historia de Janucá, todos los aspectos superficiales del judaísmo parecen esfumarse. Un buen número de judíos estaban interesados en asimilarse a la cultura griega (los descendientes de aquellos que lo hicieron, no están leyendo este artículo). Los griegos instituyeron algunos decretos prohibitivos muy rígidos respecto a la observancia religiosa. Si hubiéramos renunciado a ser quienes somos, ellos hubieran permitido que nuestros cuerpos siguieran con vida. Si solo hubiéramos entregado el aceite… Este último reto a nuestra esencia, activó la más profunda chispa del corazón de los judíos. Esa que está presente en el fondo de cada alma, es el llamado Píntale Yid (el punto judío), o sea, la esencia del ser judío.
Prevaleció la supervivencia de nuestro pueblo y en correspondencia a su ser esencial, Di-s realizó el milagro del aceite.
El Templo finalmente fue destruido un par de siglos más tarde, y junto con él la Menorá del Templo, la de los siete brazos, pero el candelabro de Janucá de ocho brazos, continuará iluminando la oscuridad a lo largo del exilio.

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