Coronados de Gloria

Todos tenemos esa voz dentro de nosotros una voz que nos dice hacer lo correcto y la otra que hagamos lo contrario…

Todos tenemos esa voz dentro de nosotros una voz que nos dice hacer lo correcto y la otra que hagamos lo contrario.
Ya hemos terminado con el mes de Tishrei que contiene todas las Altas Fiestas, y somos visitados nuevamente por un viejo amigo- el ietzer hara- el instinto del mal. Durante las fiestas, la voz sabe que no tiene chance. Con todas las horas que estamos orando en la sinagoga y oímos el sermón del rabino, no tenemos tiempo para cosas sin sentido que el ietzer hará intenta influir que hagamos.
Sin embargo, después de completar nuestra última vuelta con la Torá en Simjat Torá, el mal instinto regresa, preparado para un año completo de cosas nada buenas. Quiere asegurarse que cuando llegue Iom Kipur 5769 tengamos bastante para pedir perdón. Nos encontramos con un gran obstáculo y por un largo tiempo. ¿De dónde sacamos inspiración para superar ese momento?
En los primeros Shabatot después del mes de Tishrei se lee la porción de Noaj. La parshá es tumultuosa. Leímos sobre el diluvio y la gran guerra entre la humanidad y Di-s. No es ninguna coincidencia, como todo en la Torá.
Apenas vivimos un mes lleno de fiestas que nos inspiraron y elevaron a las grandes alturas. En Rosh Hashana ganamos el caso judicial más grande del año. En Iom Kipur éramos angelicales. En Sucot estábamos completamente envueltos por la santidad. En Simjat Torá nos regocijamos y bailamos con Di-s y su Torá.
Ahora es tiempo de volver al trabajo, facturas y responsabilidad mundana. Despertamos muy rápidamente en la locura de nuestro diario vivir. Pasamos de sostener un talit y un libro de rezos, a una corbata y una laptop. Hace unas semanas la familia se sentaba junta para la comida festiva dos veces por día. Hoy, si tenemos suerte, cenamos juntos durante las noches. Definitivamente vivimos una vida de veinticinco horas y una semana de ocho días. Sin periodo de transición o de alivio de una vida Divina a la vida mundana. Mirando nuestro horario diario, no es duro notar que estamos ahogándonos en el gran diluvio de entrenamientos, trabajo y el deber de ver la TELEVISIÓN.
Los Sabios del Misticismo enseñan, que nuestra vida espiritual refleja la física. Por consiguiente, para decir lo correcto, estamos debilitando nuestro plano espiritual óptimo. Ésa es la naturaleza del hombre. Siempre tenemos que estar haciendo algo. Somos más o menos productivos en nuestras vidas mundanas y espirituales.
Sin embargo, cada de vez que el jefe entra en nuestro cubículo y nos da una mirada que nos hace poner erguidos. Así pasa cada una vez que hacemos una auto- reflexión y nuestro jefe espiritual, nuestra alma Divina, nos da una mirada dura y haciéndonos saber que tenemos que erguirnos.
“Suena excelente” nos decimos, “pero cómo consigo la promoción espiritual”. Para solucionar este problema, podemos tomar dos caminos. El de Noaj y el de los Macabeos. El de Noaj es entrar en el arca. La palabra hebrea para arca es teivá que también significa palabra. Rabi Israel Baal Shemtov explicó que para no resbalarse cuesta abajo en la espiritualidad, debemos albergarnos y entrar en las palabras de la Torá y rodearse de Mitzvot.
Quizás podríamos cuidar de nosotros, pero qué hay sobre el mundo alrededor? Nuestra casa y negocio. ¿Podemos negar la entrada de Di-s a esas partes de nuestras vidas? Hemos arreglado nuestro problema personal, pero estamos descuidando el cuadro más grande.
Para esto, tenemos el camino de los Macabeos. Consideremos las desigualdades. Tenemos un pequeño, no instruido, deficiente y principalmente inexperto ejército armado. El macabeo dice: luchemos con el más grande y poderoso ejército del momento. Pero más que esto, emprendamos una guerra entre lo santo y lo impío – lo impuro vs. lo puro.
Finalmente, tenemos una fiesta y nuestros enemigos se han extinguido. La lección básica de Janucá es, no dejarse afectar cuando nos enfrentamos con desigualdades que parecen imposibles de superar.
Cuando examinamos nuestro mundo moderno, vemos que las desigualdades se apilan contra el servicio espiritual. La sociedad dice que Di-s no existe. Que el ser humano está al mando. Harán parecer como que todo es vivir y disfrutar el hoy. ¿Por qué hacer algo para un excelso propósito Divino cuándo la vida es tan corta?
El impulso de pensar así es bastante fuerte. De hecho, muchos nos desplomamos en esta trampa después de las Altas Fiestas y durante el mes sin festividades antes de Janucá. Después de semejante falta de inspiración espiritual y el peso de la importancia física, el macabeo dentro de cada uno de nosotros se rebela.
Nuestro ser espiritual ya no puede ser dominado. Emprende la guerra contra todo lo que es la antitesis del camino de Di-s. Aunque las estadísticas digan que perderemos, nuestra alma Divina lucha de todas formas. ¿Dónde consigue la fuerza para derrivar y superar los obstáculos a nuestro servicio diario a Di-s?
No sólo celebramos Janucá sino también nos llevarnos una lección. Y es que no debemos permitir que nos afecte lo que parece ser la realidad. Tenemos que defender lo que sabemos es una verdadera vida de Torá.
Para concluir, el camino de Janucá es mayor al de Noaj. La única manera de continuar viviendo una vida según los valores de la Torá, es entrar en el “arca” de la Torá. Para fortificarse de las influencias impuras del mundo alrededor de nosotros, tenemos que almacenar los suministros de Torá y Mitzvot.
Tengamos presente, los Macabeos no ganaron porque eran buenos estrategas. Ganaron porque defendían el camino de la Tora de acuerdo al cual vivían. Para ser victoriosos – y lo seremos – tenemos que vivir y abrazar el camino de la Torá. Entrar en- es decir, rodearse de- Torá es sólo el primer paso. Después de esto podemos ganarle a cada situación mundana, pero de a una por vez. Recordemos, subir una escalera es trepar un escalón tras otro por vez.

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