8 Luces, 8 Lecciones

Cada día tiene un propósito, pues cada una de las luces de la Menorá debe tener una lección distinta…

La más importante Mitzvá de Janucá es encender la Menorá. Durante ocho días corridos, encendemos las llamas de la Menorá, agregando una nueva luz cada atardecer. Cada día tiene un propósito, pues cada una de las luces de la Menorá debe tener una lección distinta.

1. Un cuarto lleno de oscuridad cambia drásticamente incluso al encender una llama muy pequeña. Una pequeña luz quita mucho de la oscuridad. La oscuridad es la ausencia de luz; así que cualquier luz significa el fin de la penumbra.
De la misma manera, el mal existe cuando somos apáticos y no hacemos ningún esfuerzo para cambiar la situación en nuestras casas y en la sociedad, entre nosotros y Di-s, entre nosotros y nuestros compañeros. Cualquier esfuerzo, cualquier cambio, cualquier iluminación que creamos, recorre un largo camino. Nunca debemos permitir que la aparente pequeñez de nuestra contribución nos inhiba de hacerlo y apreciar su importancia.

2. Una lámpara de aceite o una vela está hecha de tres elementos: combustible (aceite o cera), mecha, y llama. La mecha corresponde a nuestro cuerpo, la llama representa el entusiasmo de la chispa Divina que todos llevamos dentro, y las mitzvot (los preceptos) de la Torá son el aceite que alimenta nuestra llama. El entusiasmo espiritual -la llama-puede consumir la mecha y destruirla creando sólo una uniforme y humeante luz. Necesitamos permitir que el cuerpo se queme con la luz del alma, pero no sea consumido por ella. Las Mitzvot nos habilitan a alimentar el entusiasmo de nuestra espiritualidad y en cierto modo eso ilumina nuestro ambiente pero no inmola nuestro ser. La meta de vida es no escaparle, sino hacerla santa y significativa, lo que sería que cada actividad física realizada debe expresar la luz Divina.

3. Cada noche de Janucá agregamos una luz. Esto nos enseña que debemos evitar la auto- satisfacción en materias espirituales. Si se nos otorga otro día- es para lograr algo positivo que no hemos alcanzado todavía.

4. Encendemos las luces de Janucá al lado de una puerta o una ventana- que son las salidas de nuestra casa. No es suficiente encender nuestras propias vidas; debemos compartir lo que sabemos para ser buenos, con otros. El egoísmo espiritual es el peor de todos.

5. Las leyes de Janucá nos indican que cada llama debe usar sólo una mecha, no más. Cuando estamos comprometidos con un mitzvá u otra tarea santa, debemos mantenernos enfocando el momento y la tarea. Otros momentos y hechos vendrán; pero el verdadero logro sólo se alcanza cuando nuestra integridad se orienta hacia el momento que estamos viviendo.

6. Encendemos las luces de Janucá sólo cuando se pone oscuro afuera. Debemos consagrar nuestros esfuerzos a disipar la oscuridad particular que vemos en nuestras vidas y propias comunidades. Si hay una oscuridad en nuestro “lugar” es allí donde debemos traer nuestra luz.

7. Las luces de Janucá hablan de la necesidad de no permitir jamás que la apatía u opiniones de la mayoría pueda hacernos tambalear cuando sabemos lo que Di-s desea que hagamos-como está articulado en la Torá. La inmensa mayoría de los judíos se resignó al helenización de Israel y la degradación del Templo. Sólo una familia-los Jashmonaím -se negó a aceptar esto, y por su gesto aparentemente fútil de rebelión, las chispas latentes de Divinidad y celo se encendieron en los demás judíos. En el lenguaje de la melodía tocada por la banda musical del Ejército Real británico en Yorktown en 1781: “el Mundo se volvió al revés.”

8. Las luces de Janucá reflejan el milagro que pasó con la Menorá en nuestro Sagrado Templo (Beit Hamikdash) en Jerusalém. Ellas son la continuación de esas luces del pasado y una promesa para el futuro. Brillan con la promesa de que Di-s no estará por siempre ausente de Su Casa y que aquéllas luces del Templo se volverán a encender una vez más en el Tercer Templo Eterno, firmemente erigido en su Monte, en un redimido, feliz y unido mundo. Que Di-s nos otorgue ver esto pronto con nuestros propios ojos.

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