¿Qué aprendemos del Shamash?

Mientras que las velas de Janucá son el centro de atención, el Shamash- vela piloto -que es quien lo hace todo posible, permanece solitario en su terreno. Desdichadamente, él no tiene reconocimiento oficial. Pero a pesar de todo, tiene mucho carácter y personalidad. El Shamash se destaca por su deseo práctico de ayudar a otros, mientras los demás están en primera fila sólo para el show. Su mera presencia irradia al ambiente un tono informal, agregando luz y alegría a todo: comer latkes, jugar con el dreidl (perinola), etc. El trabajo no rebaja su dignidad.

El Shamash es un brillante ejemplo de dedicación al servicio público; él es un gran trabajador y está dichoso de serlo. No permanece quieto en la ceremonia, esperando que alguien se acerque. Él toma la iniciativa, siempre con una mano extendida, dando la bienvenida a los recién llegados. El grupo del Shamash crece constantemente, día tras día, pero él es el mismo apasionado cuando un solo compañero se presenta o el grupo en pleno aparece…  (De Israel Rubin, Jabad de Albany)

Cada niño que desea saber en qué noche de Janucá nos encontramos, simplemente cuenta las velas que están ardiendo en la Menorá (candelabro de 8 velas)

“Pero… papá, ¡¡¡hay cuatro velas encendidas en tu Menorá, no tres!!!”-dice mi hijo.

“¿Cuatro velas? Ah, la que se encuentra por encima de todas no cuenta” le contesto.

Y después de todo ¿por qué el Shamash no cuenta? Es él quien enciende  las demás velas y quien está parado allí cuidándolas, por si alguna de ellas titubea y requiere una renovada propulsión de luz.

En realidad, siempre es así: Quien cocina y sirve la comida, nunca es realmente parte de la fiesta, aún después de quitarse el delantal y sentarse junto a todos a la mesa. El guía de turismo nunca aparece en las fotos (en realidad él es quien las toma) El shadján (casamentero) no siempre es el invitado de honor en una boda.

Sólo la Menorá de Janucá parece apreciar el verdadero significado del “Shamash”- la vela que está al servicio- colocándola en lo alto, por encima de todas las demás.

“¿Por qué el Shamash no cuenta? pregunta nuevamente mi hijo.

Miro al Shamash, que arde en su puesto, solitario, olvidado, ignorado. Y de alguna forma percibo que él no desea estar en otro lugar…

(Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, adaptado por Yanki Tauber)

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