¡Hay Equipo!

¿Para qué estamos aquí?.Es la pregunta recurrente del hombre, sin embargo, en janucá encontramos la respuesta…

El Judaísmo es una paradoja en su punto central. Por un lado se nos dice que nosotros- los humanos- hacemos toda la diferencia. El mundo se creó para nuestro propósito y está para que lo elevemos. Por otro lado, se nos enseña desde que Di-s es lo único que importa. El mundo entero sólo existe porque Él así lo desea. Si por un momento Él dejara de darle vitalidad, éste dejaría de existir. El hecho es: Di-s es la única realidad. Para citar a Nicolaus Copérnico: “El volumen macizo de la tierra se encoge a la insignificancia, comparado con el tamaño de los cielos”.
Entonces, ¿de qué se trata? ¿Di-s es el único significativo? ¿Cómo puede ser esto verdad si este mundo está para nosotros? ¿Somos insignificantes significantes?.
Para analizar correctamente y entender este dilema, podemos observar la fiesta de Janucá. El momento culminante y la causa fundamental de la fiesta, es que una vasija de aceite que era suficiente para que ardiese un día, y alcanzó para ocho.
Los Rabinos preguntan por qué escogieron este milagro de entre el resto de milagros que ocurrieron. Después de todo, está la victoria milagrosa del pequeño ejército de los Macabeos sobre el ejército greco-sirio. El hecho en sí que el jarro fue encontrado es también un milagro. Así que ¿cuál es el mensaje subyacente?
El otro día, camino a la escuela, estaba escuchando la radio. El programa analizaba la ansiedad de las fiestas. El doctor explicó que la ansiedad de las fiestas afecta a la persona que está sola durante momentos en que todos los demás están con la familia. El sentimiento de oscuridad y soledad aparece. El llegar a un apartamento vacío y el que nadie sabe o se interese si uno existe. Un sentimiento de insignificancia.
Hay un estudio que declara que muchos crímenes son cometidos por personas demasiado solas y con mucho tiempo en su haber. Sea por falta de vida social, falta de trabajo, etc. Estas personas tienen que hacer algo que sea importante.
En las fiestas debemos hallar la razón y medicación para la curación. En la historia de Janucá hubo varios milagros. La victoria militar y el milagro del aceite. Si los judíos hubieran ganado y no hubiesen sido capaces al rededicar el Templo encendiendo la Menorá, la victoria entera se habría opacado. Este pequeño jarro representó toda la diferencia.
El hallazgo de esa vasija representó la diferencia entre ocho días de fiesta y una victoria agridulce. Ese jarro era la diferencia entre sobrevivir la guerra y crecer y construir nuevamente.
Este enfoque está presente en el pensamiento judío a lo largo del año. Se cuenta que Rabí Shalom DovBer, el quinto Rebe de Jabad, apreciaba mucho compartir momentos con judíos simples. A pesar de no ser eruditos de la Torá, su pasión y dedicación a su religión no tenía parangón.
Un día, uno de los seguidores más cercanos del Rebe, que era comerciante de diamantes le preguntó: “¿Por qué el Rebe aprecia tanto los actos de los judíos simples?”. El Rebe se volvió a él y pidió ver algunos diamantes.
Como cualquiera que describe su profesión, el comerciante detalló pormenorizadamente la singularidad de cada diamante. A esto el Rebe contestó: “Yo no lo veo”
El comerciante dijo: “¡Para comprenderlo, Rebe, hay que ser un entendido!”
El Rebe le contestó: “¡Ajá! Para entender el verdadero valor de una persona, también hay que ser un entendido”.
Di-s creó el mundo para que hagamos de éste un lugar digno de ser una morada para Él. Para esto, Di-s puso en movimiento millones de idiosincrasias que lo hagan posible. Nada en el mundo es una coincidencia. El hecho que usted está aquí es parte de Su Plan maestro. Esto significa que sin usted, todo se caería a pedazos. Por consiguiente, todos somos parte del equipo. Todos somos significantes.
Según esta línea de pensamiento, Moshé Rabeinu y el aguatero son en realidad lo mismo. Aquel que es bien versado y conocedor, importa tanto como cualquier iehudí regular.
En la Ética de Nuestros Padres se enseña: “No consideres a ningún hombre con desprecio, pues no existe hombre que no tenga su hora”.
El mensaje de Janucá es que incluso el más “pequeño” de los seres humanos puede representar toda la diferencia. Di-s es el Jefe, pero Él nos puso a cargo de una gran responsabilidad. Para lograr Su meta somos todos importantes, así como lo fue ese jarro pequeño de aceite oculto.

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