Volver a la Esencia Eterna

Cuando Elazar ben Durdaia (un notorio pecador que había cometido todas las transgresiones habidas y por haber) se dio cuenta que todos sus apelaciones para ayuda habían sido rechazadas, dijo: “Todo depende enteramente de mi mismo”. Puso su cabeza entre sus rodillas y comenzó a llorar hasta que su alma partió de su cuerpo. Una voz desde el cielo anunció: “Rabí Elazar ben Durdaia es destinado a la vida en el mundo venidero”. Escuchando esto, Rabí (Ieudá Hanasí) sollozó: “Hay quienes adquieren su mundo en varios años, y hay aquiellos quienes adquieren su mundo en un momento” (Talmud, Avodá Zará, 17a)

En este mundo en el que vivimos, más es menos y menos es más. Cuantitativamente, la tierra no es sino un pequeñísimo punto en un vasto universo; en significado, es el foco de la creación de Di-s. De la tierra misma, objetos inanimados son los que consituyen virtualmente toda la masa terrestre, de los que sólo una fracción de minuto son células vivas. La vida vegetal es más plena que la vida animal, y los animales son mucho más numerosos que los humanos. Dentro del género humano, la cabeza, asiento de las facultades más sofisticadas del hombre, es más pequeña que el torso o los músculos. En una palabra, mayor la cualidad, menor es la cantidad.

Lo mismo es cierto con el recurso más preciado del hombre: el tiempo. La cualidad del tiempo es tiempo utilizado más óptimo y completo, y está compuesto por una cuantitativa fracción de tiempo. ¿Cuántos minutos al día los usamos en cosas verdadermante importantes? La carga de nuestras horas, es ocupada por dormir, comer, trabajar, hacer sociales, todas muy valideras e importantes, pero secundarias al propósito de nuestras vidas.

La misma estructura del tiempo, asignada por el Creador, sigue el modelo de ” menos es más”. Hay seis días mundanos de trabajo, dejando sólo un día para descansar, estar tranquilos. Iom Kipur, el “Shabat de los Shabaton”, del cual estamos veintiséis horas en contacto con nuestro ser más profundo y esencial, ocupa menos que el 0.3 porciento del año. Todo lo que hacemos, lleva tiempo, pero mayor sea la cualidad de nuestra labor, se consume menos tiempo cuantitativo.

La obra más potente del ser humano es la Teshuvá, nuestra habilidad de rectificar y subliminar hechos no correctos del pasado, volviendo a la eternidad, núcleo inviolable de nuestro ser que nunca fue contaminado por un pecado en primer lugar. Y la Teshuvá es el menor “consumidor de tiempo” de todos los eventos: la esencia de la Teshuvá es una llave inglesa única por sí misma, una chispa de arrepentimiento y resolución. “Hay quienes adquieren su mundo en muchos años”, dice el Talmud, creándolo ladrillo por ladrillo con todas las herramientas convencionales de logros. Y están quienes consiguen su mundo en  “un sólo momento”, en un único, eterno instante que moldea el futuro y redefine el pasado.

Basado en una carta pública del Rebe, Erev Shabat Shuvá 5739, (6 de octubre de 1978)

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario