Shabat Teshuvá

Este Shabat es llamado Shabat Teshuvá (arrepentimiento) porque cae en los “Diez días de arrepentimiento”: dos días de Rosh Hashaná, un día de Iom Kipur, y siete días en el medio. En este Shabat también leemos sobre la advertencia final de Moshé a los judíos, que es, extrañamente llamada “canción”.
A simple vista todo esto no se entiende.
¿Cómo puede haber días especiales de “arrepentimiento”? ¿Qué hay con la gente que no pecó, qué deben hacer estos días? ¿Y no son los dos días de Rosh Hashaná suficientes? ¿Por qué ocho más?

Incluso más: uno de estos días es el “Día del Arrepentimiento”, que automáticamente trae el perdón. ¿Para qué precisamos los 9 días previos?
Y finalmente, ¿qué tiene que ver esto con la Haftará y por qué es llamado “canción”?
Para entender esto, traeré una historia del Baal Shem Tov:
Rabí Mijel de Zlatachot era un gran Rabino, muy conocedor de los comentarios y de las enseñanzas del Talmud. La gente solía venir de lejos para pedir sus consejos sobre cualquier asunto y nunca quedaban desilusionados.
Sucedió una vez, que uno de los habitantes de Zlatachov se le acercó para confesarle un pecado. Había ido a una ciudad temprano viernes a la mañana con tiempo de sobra para poder llegar a destino antes de Shabat. Pero la carreta se había roto varias veces y sin darse cuenta siquiera, se encontró en un oscuro bosque lejos de su destino cuando comenzó a oscurecer.

Al principio consideró pasar el Shabat en el bosque, pero cuando comenzó a oscurecer y los lobos y el frío viento comenzó a soplar, cambió de parecer. Decidió que su vida estaba en peligro y comenzó a cabalgar lo más rápido posible a pesar del Shabat. Ahora, este hombre estaba llorando, esperando oír el veredicto de Rab Mijel.
Como esperaba, Rav Mijel le explicó la seriedad del crimen, y le prescribió una serie de ayunos y mortificaciones de acuerdo a varios libros de la Kabalá y se despidió de él.
Pero unos pocos días más tarde, este hombre escuchó que el maestro de Rab Mijel, el Baal Shem Tov, estaba de visita en la ciudad, así que también fue a verlo.
Le rogó al Baal Shem Tov un “arrepentimiento” más fácil; simplemente no tenía fuerzas de llevar a cabo la prescripción de Rav Mijel.
El Baal Shem Tov lo escuchó y vio que el corazón del hombre estaba realmente roto y su cuerpo muy frágil.

“Bien, en vez de ayunar debes donar velas cada Shabat a tu sinagoga local hasta que te diga que pares”.
Cuando Rab Mijel escuchó que el Baal Shem Tov había negado su decisión, se sintió terrible. ¿Quizá había cometido un error? ¿Pero dónde? Chequeó y volvió a chequear todas las fuentes que había dicho. No podía entender la decisión del Baal Shem Tov y eso lo hacía sentirse peor aún. ¿Podía ser que su maestro estaba errado? ¡No! ¡Era imposible!
Pero el Baal Shem Tov, a pesar que se encontraba a millas de donde él estaba, sintió la confusión de Mijel y lo intentó consolar enviándole un mensaje especial para que lo invitara para Shabat.
Rab Mijel comenzó sus plegarias matutinas en el alba, y partió temprano el viernes, pero algo salió mal. El cochero se perdió, y comenzó a dar vueltas y vueltas…hasta el atardecer.
Sin pensarlo dos veces, el rabino bajó de la carreta y comenzó a caminar en la oscuridad lo más rápido posible hasta el pueblo del Baal Shem Tov que podía estar a millas de allí, a pesar del Shabat.

Cuando entró a la casa del Baal Shem Tov, éste estaba a punto de hacer Kidush pero cuando vio a Rab Mijel distraído, sucio y exhausto de su viaje, bajó la copa de Kidush y dijo. “Una persona como tú que nunca ha pecado en su vida, no puede darse cuenta del dolor de un judío que ha pecado. De hecho, ese mismo dolor borra el pecado. Desde ahora, sabrás como corregir a alguien que transgrede el Shabat”.
Esto explica una razón de porqué incluso un gran sabio debe hacer Teshuvá; para poder amar a su compañero.

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