Reflexiones…

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Aquellos quienes siembran con lágrimas cosecharán con alegría. Aunque el que lleva la medida de semilla marcha en su camino llorando, seguramente vendrá a casa con regocijo, llevando sus gavillas (Salmos 126:5-6, recitado antes de las Gracias después de las Comidas).

Uno de los maestros jasídicos interpretó que este versículo expresa, “Están aquellos quienes siembran con lágrimas y con alegría”. Lágrimas y alegría no son mutuamente excluyentes.
El Baal Shem Tov una vez recibió una queja acerca de un cantor litúrgico, quien entonó el Al Jet (Confesión en Iom Kipur) con una muy animada, vivaz tonada. Los vecinos del pueblo pensaron que era de lo más irreverente cantar la confesión con una melodía gozosa, porque merecía una más solemne.
El Baal Shem Tov convocó al cantor y pidió que le explicara su insólito comportamiento. El cantor replicó, “Si yo fuera un portero en el palacio del rey, y me fuera ordenado remover toda la basura acumulada, embelleciendo con eso el palacio para el rey, ¿no debería regocijarme con mi deber?”
Di-s mora en cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros es un palacio para la presencia Divina. Cuando confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos, removemos todo lo que es objetable dentro de nosotros y nos limpiamos nosotros mismos. Estamos así embelleciendo el palacio para que Di-s pueda morar allí dentro. ¿No es ésa razón adecuada para una melodía gozosa?
Recordar nuestros pecados puede ser doloroso, y podemos llorar por nuestras ofensas en contra de Di-s. Pero también podemos regocijarnos con nuestra teshuvá. Lágrimas y alegría pueden coexistir.

El que concede vida también proveerá sustento (Taanit 8b).

Un hombre que conducía una carreta pasó a un caminante que estaba cargando un pesado saco sobre sus hombros y le ofreció llevarlo. El fatigado viajero aceptó agradecidamente la oferta. Unos pocos momentos más tarde, el conductor volteó y advirtió que el pasajero todavía estaba cargando el pesado saco sobre sus hombros. “¿Por qué no deposita usted la carga?” Preguntó.
El pasajero replicó, “¿No es suficiente que me lleves en tu carreta? No deseo añadir aún más a tu carga”.
“Cuán tonto eres” dijo el conductor. “Una vez que tú estás sobre la carreta, no hace diferencia cualquiera sea si tú llevas la carga o la depositas. De cualquier modo, estoy transportándola”.
Dado que Di-s provee a nosotros de vida, ¿no es tonto que nosotros debamos insistir en cargar nuestro sustento solos? De cualquier modo es El quien provee para nosotros. ¿Por qué esforzarnos más de lo necesario

Extraído de “Viviendo cada día” de Rabbi A.J. Twerski. Editorial Bnei Sholem

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