La biología inversa de Iom Kipur

En verdad, un día de ayuno produce una relación más profunda con el cuerpo,en lugar de una más distante.

La sabiduría común estima que el espíritu es más excelso que la materia, y el alma más santa (es decir, más próxima a lo Divino) que el cuerpo. Esta concepción parece sostenerse en el hecho de que Iom Kipur, el día más santo del año —el día en que logramos la cúspide de la intimidad con Di-s— es instaurado por la Torá como un día de ayuno, uno en el que aparentemente abandonamos el cuerpo y sus necesidades para dedicarnos exclusivamente a las actividades espirituales de arrepentimiento y plegaria.

Cuando la persona come, el cuerpo es nutrido por el alimento y la bebida que ingiere. En un día de ayuno, la vitalidad proviene del cuerpo mismo, de la energía almacenada en sus células. En otras palabras, en días menos santos, es una fuerza externa (la energía en el alimento y la bebida de uno) lo que mantiene unidos cuerpo y alma; en Iom Kipur, la unión de cuerpo y alma deriva del cuerpo mismo.

Iom Kipur, así, ofrece un saboreo previo del estado culminante de la Creación conocido como “el Mundo Venidero”.
El Talmud nos cuenta que “en el Mundo Venidero, no hay comer ni beber”, una declaración que a veces se entiende como implicando que en su estado más esencial y perfecto, la creación es totalmente espiritual, desprovista de cuerpos y toda cosa física.
La enseñanza cabalística y jasídica, sin embargo, describe el Mundo Venidero como uno en el que la dimensión física de la existencia no es anulada, sino conservada y elevada.

El hecho de que en el Mundo Venidero “no hay comer o beber” no se debe a una ausencia de cuerpos y vida física, sino a que en este mundo futuro, “el alma será nutrida por el cuerpo” mismo, y la simbiosis de materia y espíritu que es el hombre no requerirá de ninguna fuente exterior de alimentación que la mantenga.

Dos Vehículos
Lo físico y lo espiritual son, ambas, creaciones de Di-s. Ambas fueron llamadas a la existencia por El a partir de la nada absoluta, y cada uno porta la impronta de su Creador en las cualidades particulares que lo definen.
Lo espiritual, con su intangibilidad y trascendencia de tiempo y espacio, refleja la infinitud y el carácter sublime de Di-s. Lo espiritual es también naturalmente sumiso, reconoce de buen grado su sometimiento a una verdad más elevada. Son estas cualidades las que hacen “santo” a lo espiritual y lo convierten en un vehículo de relación con Di-s.

Lo físico, por otra parte, es táctil, egocéntrico e inmanente, cualidades que lo rotulan como “mundano” en lugar de santo, que lo marcan como un ocultamiento, más que una revelación, de la verdad Divina. Pues el inequívoco “yo soy” de lo físico contradice la verdad de que “no hay ningún otro aparte de El”, que Di-s es la única fuente y fin de toda existencia.

En última instancia, sin embargo, todo proviene de Di-s; cada aspecto de cada una de Sus creaciones tiene su fuente en El y sirve para dar a conocer Su verdad. De modo que en un nivel más profundo, las cualidades mismas que hacen “non-sancto” a lo físico son las que lo convierten en la más sagrada y Divina de las creaciones de Di-s. ¿Pues qué es el “yo soy” de lo físico sino un eco del inequívoco ser de Di-s? ¿Qué es la tangibilidad de lo físico sino una intimación del carácter absoluto de Su realidad? ¿Qué es el “egoísmo” de lo físico sino una ramificación, aunque remota, de lo Divino expresado en el axioma de “no hay ningún otro aparte de El”?
Hoy, el mundo físico nos muestra sólo su cara más superficial, en la que las características Divinas selladas en ella están corrompidas como un ocultamiento, en lugar de una revelación de Divinidad. Hoy, cuando el objeto físico nos transmite “yo soy”, no enuncia la realidad de Di-s sino una existencia autosuficiente e independiente, que desafía, en lugar de reiterar, la verdad Divina. Pero en el Mundo Venidero, el producto de la labor de cien generaciones para santificar el mundo material hacia una meta Divina, el verdadero rostro de lo físico saldrá a la luz.

En el Mundo Venidero, lo físico no será en nada menos vehículo de Divinidad que lo espiritual. De hecho, en muchos aspectos, superará a lo espiritual como transmisor de Divinidad. Pues mientras lo espiritual expresa características Divinas diversas —la infinidad de Di-s, Su trascendencia, etc.— lo físico expresa el ser de Di-s.

Hoy, el cuerpo debe mirar al alma como su guía moral, como su fuente de conciencia y apreciación de todo lo Divino. Pero en el Mundo Venidero, “el alma será nutrida por el cuerpo”. El cuerpo físico será una fuente de conciencia e identificación Divina que es más excelsa que la propia visión espiritual del alma.

Iom Kipur es un saboreo previo de este futuro mundo de biología inversa. Es, así, un día en el que somos “mantenidos por el hambre”, derivando nuestro sustento del cuerpo mismo. En éste, el más santo de los días, el cuerpo se convierte en fuente de vida y nutrición más que en su receptor.

Extraído de “El Rebe Enseña” , Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

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