Kano

¿Saben dónde está ubicado Kano? Búsquenlo en el mapa de Nigeria en Africa Oriental…

1963. Otoño. ¿Pero quién en ese clima de calor eterno, en la frontera del Desierto de Sahara, sabe si es otoño o primavera? Sólo los buitres que están rondando, posados en los tejados bajos de paja, esperando deslizarse al patio por un pedacito de carne abandonada. Mi avión partirá en tres días. Y todavía tengo que hacer mis visitas en el mercado de este pueblo musulmán dónde todos excepto yo, se prosternan cada vez que pasa uno de los jeques vestidos en túnicas fluidas montados en caballos negros. El sol está oculto por las nubes de arena que vienen del Sahara, restringiendo la visión a los patios. Es temprano en la tarde y de repente recuerdo. ¡Di-s mío! Es Iom Kippur. ¿Cómo me quedé en este lugar desamparado? ¿Por qué no podía esperar otra semana para hacer mi gira para vender esos neumáticos? Me había olvidado completamente. Allí estaba yo, en la casa de estilo colonial, mirando el ventilador de techo girar; pensando sobre la expiación…
Me levanté, caminé a la oficina del gerente británico, y le pregunté, “Sr. Walker, por favor, podría decirme si hay judíos en Kano?”
“¿Judíos?”
“Sí, señor, judíos.”
“Bien, permítame ver. Hay Sr. Rokaj, pero él no quiere que nadie sepa que es judío. El Sr. Sidki, pero por alguna razón su tienda está cerrada hoy”
“¿Dónde vive el Sr. Sidki?”
“Vive su tienda anterior.”
“¿Podría decirme dónde está?”
“Claro, señor. Camine por la calle principal y hallará la casa en la segunda esquina a su derecha. Es la única de dos pisos en esa calle. No puede perderse”
Empecé a caminar. La arena soplaba en mi cara. Apenas veía a la gente en la calle. Llegué finalmente a la casa. Las contraventanas de la tienda estaban bajas. Todo estaba cerrado. Empecé a golpear en las contraventanas con mi puño, y de repente una ventana del primer piso se abrió.
“¿Quién es?” Preguntó un hombre.
“Shalom Aleijem” dije.
“Aleijem Shalom, Baruj Habá (bienvenido)”. Prorrumpió de los escalones detrás del edificio. Estábamos esperándolo”
No entendí. ¿Ellos me esperaban a mí? Nunca había visto al hombre. Hasta hacía una hora no sabía que había judíos en Kano. ¿Qué quiso decir con eso? Despacio, perdido en mis pensamientos, subí las escaleras. Cuando abrieron la puerta, vi a nueve hombres con Talitot ( mantones para la Plegaria) en sus hombros, todo saludaron con un “¡Baruj Habá!”.
Entonces supe por qué estaban todos esperándome. Yo era el décimo hombre para completar el Minián, el quórum para la Tefilá.

Por David Ben-Dor

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