Carta del Rebe de Lubavitch para Rosh Hashana

Editadas en Castellano -en ocasión
de Rosh Hashaná y Iom Kipur 5761-
sobre el carácter especial de este año
1 – Rosh Hashaná que ocurre en Shabat
2 – un año Sabático de Shmitá -

Con la ayuda de Hashem,
Jai (18 de) Elul, 5732
Brooklyn, N.Y.

A los hijos e hijas de nuestro Pueblo de Israel,
dondequiera se encuentren,
Di-s os bendiga!

Shalom y bendición:

El presente período de preparación para Rosh Hashaná -día en el cual el Altísimo concluyó la creación del mundo a través de crear al hombre, “el elegido entre todas las criaturas”-
es también el momento para reflexionar sobre la Creación y su diseño y orden, con miras a deducir de ello – al igual como debe realizarse con todo – lineamientos a aplicar en la vida y conducta cotidianas, y “lo esencial es la acción”.
Acorde con la voluntad del Creador de crear un mundo compuesto de una multitud de cosas diversas, como está escrito: “¡Oh, cuán cuantiosas son Tus obras, Hashem!” – el universo consiste de innumerables, distintas y diferentes cosas. Simultáneamente, sin embargo, todas poseen rasgos subyacentes que las unifican y algunos incluso las convierten en una entidad:
Es de esperar que así sea, tomando en cuenta que todas las cosas fueron creadas por el único y mismo Creador, Un Di-s. Consecuentemente, una verdadera unidad interior permea a todo lo que El creó, desde el elemento inanimado hasta el ser humano. Por supuesto, dentro de la misma esfera de cada uno de los “cuatro reinos” creados -el mineral, el vegetal, el animal y el humano- la unidad es más evidente.
El mencionado concepto fue expresado por nuestros Sabios de bendita memoria especialmente en conexión con la especie humana. Nuestros Sabios observan: El Creador formó a toda la humanidad con el mismo “molde”, en la imagen del primer hombre, Adam; sin embargo, cada ser humano es diferente. No existen dos hombres en ningún lugar de la Tierra que sean iguales en todos los aspectos. Por ende, sus rasgos faciales son disímiles; y en tres aspectos los seres humanos difieren uno del otro: en la voz, la apariencia y en el intelecto.

El principio de la diversidad aparejada con la unidad que abarca a todas las cosas del mundo se aplica también al tiempo. El tiempo se subdivide en el día y la noche, los días de la semana, el Shabat, las festividades, etc. Cada temporada posee sus cualidades propias y su significado en general, y en relación al hombre en particular. Sin embargo hay elementos que unen a todos los espacios del tiempo en una continuidad.
Esto es así también con respecto a Rosh Hashaná: Todos los Rosh Hashaná tienen muchos aspectos en común, como ser sus enseñanzas e inspiración para el nuevo año en términos generales, ya que Rosh Hashaná, como se mencionó a menudo, es la “cabeza” (Rosh) del año. Al mismo tiempo, sin embargo, cada Rosh Hashaná es nuevo y singular – cada uno inaugura fuerzas y cualidades nuevas y específicas.
Es especialmente singular un Rosh Hashaná, en comparación con la mayoría de los Rosh Hashaná, cuando éste coincide con Shabat, o sea cuando el primer día de Rosh Hashaná ocurre en Shabat, como en este año. En una eventualidad como ésta, la santidad de Rosh Hashaná se convierte en un uno con la santidad del Shabat, dándole al Rosh Hashaná una nueva dimensión y contenido. Esta -tomando en cuenta que Rosh Hashaná es la “cabeza” del año, como se mencionara antes- debe influenciar la vida cotidiana a lo largo del año.

La diferencia general entre los días de la semana y el Shabat, en lo que afecta al hombre específicamente, es que los días de la semana son días laborables (Seis días trabajarás y realizarás toda tu labor), mientras que Shabat es el día de la abstención de trabajo (no realizarás trabajo alguno), un día de descanso.
A primera vista esto lleva a una anomalía: Desde su nacimiento el destino del hombre está ligado con el trabajo, tal como la Torá declara: El hombre nació para trabajar duro (con intervalos de descanso, sueño, etc., que permitan recuperarse para más trabajo). Sin embargo, cuando Rosh Hashaná cae en Shabat, enfatizaría -en su carácter de “cabeza” del año- que el tono y la dirección para cada uno y todos los días del año sería la idea de la abstención de trabajar. ¿Cómo se reconcilia esto con el principio de “el hombre nació para trabajar duro”?
Una de las explicaciones es la siguiente: El ser humano es un compuesto de una variedad de cosas y cualidades. Hablando en términos amplios, consiste de un cuerpo y un alma. Consecuentemente, todos sus quehaceres y temas por igual, contienen los elementos “cuerpo” y “alma”, o en otras palabras, lo material y lo espiritual. Resulta entonces, que también en el destino de “El hombre nació para trabajar duro” están presentes ambos elementos, a saber, la labor física y la labor espiritual, o como lo expresan nuestros Sabios de bendita memoria la labor del trabajo y la labor en la Torá. En términos más específicos, la composición materia-espíritu puede encontrarse en ambos tipos de labor: en “la labor del trabajo” (al igual que en “la labor en la Torá”) está el trabajo duro físico, así como el espiritual, ya que en cada una de las labores hay un aspecto espiritual y un aspecto material.
En Shabat, el judío cumple con su destino de que “el hombre nació para trabajar duro”, a través de dedicar el día a “la labor en la Torá”. En este sentido, Rosh Hashaná que ocurre en Shabat también trasmite el mensaje que en todos los días entrantes de este año, ha de ponerse un énfasis especial en “la labor de la Torá (y las Mitzvot)”. E incluso en la esfera de “la labor del trabajo” (los temas mundanos) uno ha de rescatar y acentuar el aspecto espiritual de la misma.
A modo de una simple ilustración: Una persona que tiene un trabajo, o que está ocupada en los negocios, y similares, generalmente está motivada por el ingreso y el deseo de ganarse la vida. Sin embargo, el aspecto espiritual subyacente, el “alma” de estos temas mundanos, debe ser el reconocer que “todos tus actos han de ser en aras del Cielo”. En lugar de estar motivado tan sólo o fundamentalmente por las ganancias materiales, el judío debe estar motivado por incentivos más elevados: para poder dar Tzadeká (caridad) con generosidad, para poder estudiar Torá sin preocupaciones por la Parnasá (sustento), para poder pagar el arancel de la educación de Torá de los hijos, etc. Y es con el objeto de alcanzar estos objetivos de vida más elevados que no se involucra en “la labor del trabajo”.
Reiterando, y en otras palabras: Se espera de cada judío, sea hombre o mujer, joven o anciano, que introduzca “Shabesdikait” (el espíritu de Shabat) en todos sus esfuerzos y labores, incluso los mundanos. Que ingrese espiritualidad y santidad también a las actividades comunes de la vida cotidiana, hasta que estén totalmente permeadas con el espíritu de Shabat.
Y cuando la persona está imbuída de motivación espiritual, es obvio que sus labores no han de interferir con su estudio de Torá, con el cumplimiento de una Mitzvá, con el dar Tzedaká con generosidad y de todo corazón, y así sucesivamente.

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