Mentalidad sitiada

Todos conocemos el sentimiento de sentirse sitiado.

Puede ser tan inocuo como ser el único vegetariano en una cena familiar, o uno de los pocos muchachos pro-gobierno oficial en la oficina. O tan inquietante como ser la única persona de diferente color de piel en un subte, o el único miembro de tu género en un bullicioso ascensor. O tan terrorífico como estar atrapado en un cuarto con el resto del personal de la embajada por gente enmascarada con pistolas, o que tu país sea atacado por alguna fuerza externa. Estos escenarios tienen poco en común, por supuesto, excepto por la situación en común de encontrarte como parte de un grupo distinto de gente que son la mayoría o de sentirte abrumado por un adversario común.

Una cosa interesante sucede en estas situaciones: comenzamos a sentir un parentesco con nuestro acosado compañero. Gente que ordinariamente no nos interesa en lo más mínimo, personas que en circunstancias comunes, incluso las rechazaríamos, se convierten en nuestros hermanos y hermanas. Comenzamos a preocuparnos por ellos, su sufrimiento se convierte en nuestro sufrimiento, sus triunfos, nuestros triunfos. Un ataque a ellos, se convierte en un ataque a nosotros, después de todo, estamos juntos en esto.

Un sello de las enseñanzas jasídicas es buscar el grano de verdad que está enterrado hasta en la mentira más evidente, encontrar la llama de la alegría oculta en la tristeza más opresiva, desenterrar la bondad que yace entre la maldad más siniestra.

El punto de esto no es que la mentira se convierte más valedera, o que la maldad no es tan maligna, o que la tristeza puede ser disminuida. Al contrario: una mentira debe ser combatida por la bondad que la envuelve y la nutre, una tragedia es muy trágica porque representa una alegría potencial en sus vestimentas deformadas. El punto es que incluso aunque denunciemos la falsedad, peleemos la maldad y nos lamentemos la tragedia, simultáneamente atribuimos lo negativo de nuestro mundo a un plano mucho más profundo: mediante la reivindicación de su núcleo positivo.

Cuando nos enfrentamos a una mentira, renunciamos a ella. Pero también cavamos más a fondo. Nos preguntamos: ¿Qué le da a esta mentira su dejo de credibilidad? ¿Qué verdad ha sido distorsionada? ¿Cómo podemos reafirmar esta verdad para que brille en su pureza, y así revelar la vacuidad de la mentira que la había personificado?

Cuando nos enfrentamos con la maldad, la combatimos. Pero también nos adentramos más. Nos preguntamos: ¿Cuál es la fuente del poder? ¿Qué fuerza buena y positiva ha sido tapada y explotada? ¿Cómo podemos redimir el bien cautivado para que la cáscara de la maldad que la envuelve se derrita y disperse la oscuridad frente a la luz?

Cuando nos enfrentamos con la tragedia, nos lamentamos. Pero también cavamos más profundamente. Nos preguntamos: ¿Qué elemento positivo se encuentra enterrado en esta experiencia negativa? Porque creemos que la esencia de toda cosa, fuerza o fenómeno en el mundo de Di-s es bueno. No siempre podemos verlo. Pero siempre lo buscamos.

El 10 del mes de Tevet en el calendario judío es un día de ayuno. En esta fecha, en el año 425 AEC, el ejército del emperador Babilónico Nabucodonosor sitió la ciudad de Jerusalem. Este fue el primer acontecimiento de una serie de eventos que llevaron a la destrucción del Templo Sagrado y al exilio del pueblo judío de la Tierra de Israel. Por lo tanto es un día de ayuno y arrepentimiento, un día en el cual lamentamos los trágicos eventos del día, contemplamos sus causas internas en nuestras propias almas y acciones, y trabajamos para corregirlas.

Pero los Sabios jasídicos nos enseñaron a buscar también el aspecto positivo. Sin detraer de ninguna manera la necesidad de lamentarse y rectificar los elementos negativos del 10 de Tevet.

Estar sitiado es una experiencia horrible. Un sitio literal trae hambruna, plaga, y matanza. Pero también los “sitios” figurativos son predominantemente negativos, engendrando sentimientos de desesperanza y víctimas. Pero dentro de todo lo negativo, se encuentra la realización liberadora y fortalecedora: ¡Estamos juntos en esto! A pesar de nuestras diferencias, animosidades y peleas que nos separan, compartimos un destino en común, una identidad en común y una meta en común. Estar rodeado trae luz a la verdad que siempre estuvo ahí pero que ha sido prevenida o evitada de revelarse: la verdad que somos todos uno.

El truco por supuesto, es aferrar esta verdad, sostenerla y poseerla, sin sus trampas negativas. Deshacernos de aquello negativo del 10 de Tevet y quedarse sólo con el lado positivo.

Que sea pronto en nuestros días.

Por Yanki Tauber

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