Un cayado de madera de Almendro

Nuestros rabinos nos dicen que a los veintiún días de Bein Hametzarím – a los veintiún días entre el Diecisiete de Tamuz y el Nueve de Av – se alude en la profecía de Irmeiahu respecto de la destrucción del Primer Beit HaMikdash y el exilio babilónico subsiguiente, cuando él declara, “Yo contemplo un cayado de madera de almendro”.
Nuestros Sabios comentan: “La almendra lleva veintiún días desde el tiempo que florece hasta el tiempo en que madura, correspondientes a los veintiún días entre el Diecisiete de Tamuz, cuando las murallas de jerusalén fueron rotas, y el Nueve de Av cuando el Beit HaMikdash subió en llamas”.
A primera vista, la relación entre el período de crecimiento de almendras y el Bein HaMetzarím es simplemente que son los dos iguales en número -veintiuno. Sin embargo, como todos los aspectos de la Tora son exactos en todo detalle, es lógico decir que hay una conexión más profunda entre el cayado de madera de almendro y los veintiún días de Bein HaMetzarím.

Esto será entendido introduciendo la declaración de la Mishná3 que hay dos tipos de almendras – almendras amargas y almendras dulces. Almendras amargas son dulces cuando ellas son pequeñas mas se tornan amargas a medida que se agrandan; almendras dulces son amargas cuando ellas son pequeñas y se tornan dulces cuando ellas maduran completamente.

El Rogatchover Gaón explica4 que el término “almendras” (shekeidím) se refiere apropiadamente a aquellas que se vuelven dulces cuando maduran completamente, mientras aquellas que se vuelven amargas cuando maduran son llamadas luzím. Así, la naturaleza de la almendra (shaked) y el efecto de su período de veintiún días de madurar es aquel de transformar aquello que es amargo en aquello que es dulce.

Es éste el por qué a los días de Bein HaMetzarím se alude por el “cayado de madera de almendro”: el tema principal de este período de veintiún días es que el judío, a través de su servicio espiritual, no sólo niega la “amargura” de estos días, sino además, transforma estos días en “Iamím Tovím y días de regocijo y alegría”.

Esto nos ayuda a ganar discernimiento aún en otro aspecto de esta profecía: La metáfora de un “cayado de madera de almendro” como una alusión a Bein HaMetzarím se relaciona con la velocidad del crecimiento de la almendra misma – veintiún días. ¿Por qué, entonces, es usada la expresión “un cayado de madera de almendro”, antes que “una rama de almendro completa de almendras?
Nosotros podríamos pensar que a Irmeiahu se le mostró un cayado, ya que un cayado es también simbólico de golpear – es decir, los castigos y aflicciones que Di-s impuso sobre el pueblo judío durante estos días. Sin embargo, esto no es así, pues el aspecto primario de la profecía es la asiduidad (en hebreo, shoked, de la misma raíz de shekeidím) de eventos que deben acontecer. De hecho, el concepto de asiduidad es tan primario aquí que el versículo no habla explícitamente de castigo en absoluto.

A la luz de la explicación de que el tema del versículo es la transformación de amargo en dulce, esta cuestión también será entendida, ya que la transformación de amargo en dulce se relaciona directamente con un cayado:
Una rama – especialmente cuando todavía está unida a un árbol – retiene su humedad y flexibilidad, mientras un cayado o vara, removido como lo está del árbol, es seco e inflexible. Es precisamente esta remoción de su fuente la que causa a la cimbreante rama ser transformada en un rígido y duro cayado.
En términos espirituales, esto significa lo siguiente: “Rama” alude al pueblo judío, como están apegados a su fuente. Generalmente, esto se refiere al tiempo cuando el Beit HaMikdash estaba en existencia y el pueblo judío moraba en Eretz Israel – un tiempo cuando era posible para todo Israel “subir, ver, prosternarnos delante de Ti”. En aquel tiempo, el pueblo judío sentía su apego a su fuente, el Árbol Supremo.
“Cayado”, por otra parte, denota la condición del pueblo judío durante el tiempo de exilio, cuando la conexión de los judíos con su fuente no está revelada; un tiempo cuando Divinidad es oscurecida y hay muchos impedimentos al servicio Divino.

Sin embargo, es precisamente el servicio espiritual del pueblo judío durante estos tiempos difíciles el que revela la firmeza y carácter inflexible del judío: Aún durante tales tiempos, el judío se defiende sobre la adversidad, venciendo todos los obstáculos e impedimentos que permanecen en su senda espiritual. Finalmente, él prevalece tanto que logra el ápice del servicio espiritual, transformando la “amargura” del exilio en la “dulzura” de la inminente redención.

Podemos así decir que la alusión del “cayado” en la profecía de Irmeiahu se relaciona con la firmeza específica del cayado: A fin de transformar lo “amargo” en lo “dulce” – la propiedad de las almendras – y exilio en redención, uno debe ser tan firme y tan inflexible como un cayado en su (de él o de ella) servicio a Di-s.

Basado en likutéi Sijot, Vol. XXXIII, págs. 194-196.

Extraído de “Días solemnes de Regocijo” de Editorial Bnei Sholem

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