Días y semanas

El tercer versículo en el capítulo de apertura de Meguilat Eijá, el Libro de Lamentaciones, declara: “Iehudá ha ido al exilio a causa de sufrimiento y gran servidumbre… todos sus perseguidores lo alcanzaron ‘entre los apremios’ (bein hametzarím)”. Comentan nuestros Sabios: “‘Bein HaMetzarím’ se refiere a los veintiún días entre Shivá Asar BeTamuz (el Diecisiete de Tamuz) y Tishá BeAv (el Nueve de Av)”.

Con respecto a Bein HaMetzarím, está declarado en la Haftará leída en el primer Shabat de Bein HaMetzarím, que el Profeta Irmeiahu “contempló un cayado de madera de almendro”. Di-s dijo a Irmeiahu, “Tú has observado bien, pues Yo acelero (’shaked’ – de la misma raíz tal como shekeidím, almendras) para cumplir Mis palabras [respecto de la destrucción del Bein HaMetzarím]“.

Comentan nuestros Sabios: “El crecimiento de la almendra lleva veintiún días desde el tiempo que florece hasta que madura, correspondientes a los veintiún días entre el Diecisiete de Tamuz cuando las murallas de Jerusalen fueron rotas, y el Nueve de Av cuando el Beit HaMikdash subió en llamas”.

A pesar de que el énfasis aquí está en el lapso de tiempo de veintiún días es, no obstante, la costumbre aceptada referirse al período de tiempo de Bein HaMetzarím como “las Tres Semanas” y no “los Veintiún Días”. En el Código de Leyes, Bein HaMetzarím también se refiere como “las Tres Semanas” y no “los Veintiún Días”.
Dado que la alusión en el versículo a este período de Bein HaMetzarím es aquella de “madera de almendro” que madura en “veintiún días”, ¿por qué nos referimos a este lapso de tiempo como “las Tres Semanas”?
Todas las cosas en este mundo son verdaderamente buenas, ya que todo emana de Di-s que es la “Esencia de Bondad”, y “Es la naturaleza de quien es bueno actuar de una manera buena”. Por lo tanto, aún aquellas cosas que a los ojos humanos parecen ser la antítesis de bondad, son de hecho un verdadero bien.
Es decir, no sólo es la intención de aquellas materias que parecen completamente removidas del reino de bondad finalmente para un buen propósito (mientras ellas mismas no son bien), sino en realidad las materias mismas son buenas. Así la expresión de nuestros Sabios, “Éste [evento aparentemente adverso], también es para el bien”. Meramente, el bien de estas cuestiones está oculto; con el paso de tiempo, la bondad oculta será revelada.

Uno debería contemplar y utilizar su fe en Di-s durante tiempos de “bondad oculta”. Debería considerar que en realidad, los eventos y ocurrencias que parecen no ser en absoluto buenas, deben seguramente ser buenas y bondadosas, emanando como hacen de Di-s, la “Esencia de Bondad”.
Contemplación apropiada y fe total en la benevolencia y bondad de Di-s sirve como recipiente apropiado para “revelar” y “exponer” la benevolencia hallada dentro de estas materias: benevolencia revelada y palpable es entonces lograda.
Lo mismo es así respecto del período de tiempo de Bein HaMetzarím. En un nivel revelado éste es en verdad un tiempo de duelo para el pueblo judío a causa de eventos infortunados que sucedieron durante estos días – el sitio y destrucción de Jerusalén y el Beit HaMikdash, eventos que condujeron a nuestro amargo estado de exilio.

Dado que, sin embargo, la destrucción del Beit HaMikdash y el exilio subsiguiente emana del Todopoderoso (no obstante el hecho que nuestra conducta también jugó un rol), y El es la “Esencia de Bondad”, seguramente entonces dentro de estos eventos hay benevolencia real. Es meramente que, por el momento, la bondad allí dentro está totalmente oscurecida y oculta, y será primero revelada en el Tiempo Venidero.
Una vez, sin embargo, que la bondad inherente dentro de estos eventos tristes y trágicos se revele, nosotros veremos claramente cómo destrucción y exilio no son solamente en aras de un bien final – que a través de exilio alcanzamos la verdadera y completa Redención, una redención que no será seguida por ningún otro exilio – sino también, que estos eventos mismos son realmente para bien.

De modo que, al mismo tiempo en que el Beit HaMikdash fue destruido, todas aquellas materias encumbradas que serán reveladas durante la Redención venidera estaban siendo logradas, incluyendo el nacimiento de Mashíaj y la construcción del Tercer Beit HaMikdash.
Sin embargo, dado que el mundo como un todo, así como también el pueblo judío, eran incapaces de recibir estas materias excelsas, ellas permanecieron arriba: abajo, en este mundo, su revelación fue de una manera de destrucción y exilio – semejante a una luz deslumbradora cuya misma brillantez causa a la persona ser temporariamente cegada.

Es nuestro servicio espiritual durante el tiempo de exilio el que purifica y refina el mundo y a nosotros mismos, haciéndolo, al mundo y a nosotros, capaces de recibir estos niveles encumbrados de una manera revelada en bondad, con la llegada de Mashíaj y la construcción del Tercer Beit HaMikdash.
La razón que nosotros nos referimos al período de veintiún días entre el Diecisiete de Tamuz y el Nueve de Av como “las Tres Semanas” antes que “los Veintiún Días” será entendida con lo siguiente:
Las “Tres Semanas” acentúan el aspecto bueno y positivo de Bein HaMetzarím, aquel de la construcción del Tercer Santo Templo. Esto fue logrado en los Cielos arriba en el mismo momento de la destrucción del [Segundo] Beit Ha-Mikdash, y será revelado aquí abajo también con la rápida llegada de Mashíaj.

Basado en Séfer HaSijot 5748, Vol. II, págs. 539-541.

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