¿Por qué debemos siempre recordar la destrucción de Ierushalaim y del Beit Ha-Mikdash?

Los judíos dispersos no olvidan su tierra natal y se mantienen fieles a ella de por vida. Como lo expresara el rey David en sus Salmos: ¡Si me olvidara de ti, Ierushalaim, que mi diestra olvide su habilidad…”12

El emperador Napoleón pasó cierta vez cabalgando por una ciudad de uno de los países que había conquistado, y encontró una sinagoga. Al aproximarse, escuchó llantos y lamentos que provenían de su interior y envió a uno de sus oficiales a investigar. El hombre volvió con el rabino quien explicó: “Hace aproximadamente dos mil años, en este día, nuestra Tierra Sagrada fue conquistada y quemado nuestro Templo. Todos los años pasamos este aniversario envueltos en profundo duelo y rezos para que podamos muy pronto retornar”. Napoleón estaba estupefacto: “¡Casi dos mil años y aún recuerdan y rezan! ¡Qué fortaleza de espíritu! ¡Ustedes que no olvidan, con seguridad retornarán a vuestra tierra, pues tienen un ánimo invencible!”. El profeta leshaiahu dijo13: “Regocíjense con Ierushalaim y siéntanse felices, todos ustedes que la aman; alégrense con ella con gran alborozo, todos ustedes que están de duelo por ella”.

Esto significa que aquellos que sinceramente lloran por nuestro templo, especialmente durante las tres semanas, y se abstienen de todo placer y entretenimiento en memoria de lerushalaim, recibirán, a su debido tiempo, el privilegio de regocijarse con la reconstrucción de ella y el Templo. ¿Pero por qué dice el profeta: “Alégrense con gran alborozo”? El Maguid de Dubno lo explica con una parábola:

Un hombre se había embarcado en un largo viaje por mar. Luego de unos meses, llegaron a su pueblo natal noticias de que el barco había tenido un percance y el hombre se había ahogado. Su familia y amigos estaban profundamente afligidos y desconsolados. Pasó el tiempo y su recuerdo comenzó a desvanecerse, pero su familia más cercana nunca dejó de llorar su muerte. Tiempo después, cierto día se abrió la puerta ¡y ahí estaba el hombre, a quien habían creído muerto, vivito y coleando! La noticia corrió por todo el pueblo y pronto se llenó la casa de amigos contentos de escuchar que había retornado sano y salvo. Sus conocidos estaban felices por él y sus familiares, pero sus íntimos amigos, que se habían sentido genuinamente desconsolados, no cabían en sí de la alegría, al igual que los miembros de su familia. Aquellos que había sufrido más punzantemente el duelo eran ahora los más felices por su retorno.

Lo mismo vale para nuestro duelo por lerushalaim y el Beit Ha-Mikdash y la alegría que nos embargará cuando sea reconstruido. Nuestro gozo será directamente proporcional a nuestro desconsuelo. Aquellos que genuinamente lloraron por lerushalaim se regocijarán verdaderamente “con gran alegría” cuando sea reconstruida.

Extraido de “Ayer hoy y Siempre” de Bnei Sholem.

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