Tora y Ciencia

En una carta a un científico, el Rebe escribe: “En el núcleo mismo de la existencia material, la ciencia ha hallado unidad en dos ideas opuestas: cantidad y calidad… En lenguaje
simple, materia y energía son uno. ¿Por qué? Porque Di-s es uno, En consecuencia, Su creación, el mundo, es uno.”
En generaciones anteriores, el estudio de la naturaleza ofrecía la imagen de un universo múltiple. El mundo se percibía como compuesto de cientos de elementos y manejado por una cantidad de fuerzas distintas.
Pero, a medida que se desarrolló la ciencia, más se manifestó la unidad detrás de la diversidad. Se descubrió que cientos de “elementos” estaban compuestos de un número mucho menor de otros elementos que son sus cimientos y diversas fuerzas resultaron ser sólo diferentes mutaciones de una fuerza elemental y única.
Incluso se llegó a demostrar que la diferencia entre materia y energía es sólo una distinción externa entre dos formas de la misma esencia. De hecho, la ciencia está rápidamente acercándose a la ineludible conclusión de que la totalidad de la existencia es un único rayo que emana de una fuente única.

Tora y Geometría
• ¿Qué se puede aprender de la geometría? Dualidad en la ciencia • La propuesta científica y el absolutismo de la Tora

B”H, 25 de Siván de 5712 [1952]. ¡Shalom uBrajá!
… veo en su carta que es usted ingeniero, pero no está muy claro cuál es exactamente la esfera de su trabajo, si se trata del construcción de edificios o cuestiones de cálculo, medición de superficies, o similares. Como sea, en el fundamento de todos estos se encuentra la geometría.
¿Cuál sería una de las cosas que se puede aprender de generalidades de esta ciencia?
La geometría tiene rasgos característicos de las ciencias exactas (matemáticas), así como de la ciencia aplicada y, en consecuencia, no tan exacta. Salvando las infinitas distancias, encol tramos un concepto análogo en nuestra sagrada Tora: aunque la Tora es la Sabiduría de Di-s, la verdad y exactitud mas precisa,
cuyo valor el ser humano no puede conocer, que escapa a la mirada de todo ser viviente, etc., no obstante todo esto su objetivo es —como lo indica su nombre, Tora, del vocablo horaá (instrucción)— una instrucción para la vida cotidiana en este mundo físico y material. En consecuencia, en la diferencia que hay entre estos dos mencionados aspectos puede encontrarse la diferencia fundamental e infinita que hay entre nuestra Tora —sobre la que se dijera: “ella es vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a los ojos de todos los pueblos”48— y la sabiduría y entendimiento de los pueblos, o siquiera del intelecto del Alma Animal del judío, que es la siguiente:
El intelecto humano, incluso el de las ciencias llamadas exactas, se basa en fundamentos que nada tienen de ciencia. Porque la ciencia, más particularmente la ciencia exacta, no acepta por conclusión sino aquellas cosas y cuestiones sobre las cuales hay pruebas, al tiempo que los fundamentos de las ciencias en general, inclusive las matemáticas y la geometría, carecen de toda prueba, por lo que está en manos de cada cual aceptarlos o rechazarlos.
En este aspecto resalta la geometría, en la que, como se sabe, hay tres sistemas principales, los cuales se fundamentan, cada uno de ellos, en un número de axiomas que discrepan con los de los otros sistemas.
En otras palabras: La ciencia no puede decirle al hombre cosas concluyentes sino sólo cosas condicionadas, es decir: ’si aceptas por verdadera esta serie de axiomas y también la metodología empleada en su análisis, obtendrás determinados resultados, que son estos’.
Esto implica dos cosas:
1) Queda librado a la voluntad del hombre si aceptar los fundamentos o no.
2) Aun de aceptarlos, no se lo puede obligar a realizar alguna acción en consonancia con los resultados, pues lo único que le dice la ciencia es que de actuar de una determinada manera, las consecuencias serán de tal otra. Pero si al hombre no le importan los perjuicios involucrados, nada le impide actuar de una manera distinta.
En otras palabras: La ciencia no da instrucción para la vida, sino sólo el enunciado de cosas y una suerte de predicciones en el sentido de que, en base a la experiencia hasta el momento, y en base a los fundamentos que de buena voluntad aceptaremos ahora como verdaderos, el curso de los acontecimientos será tal. También en esto es radical la diferencia con nuestra Tora: al constituir la sabiduría de la Verdadera Existencia, Di-s, se trata en consecuencia de una cuestión absoluta, es decir, una verdad ge-nuina, tanto sus fundamentos como la reglas de la Tora acerca del modo en que debe llevarse a cabo el análisis de estos. Y por cuanto ésta es la voluntad del Creador de todo el mundo, en el que también se incluye el hombre, obviamente todas las conclusiones responsabilizan al hombre a actuar y conducirse precisamente de conformidad con estas conclusiones y de ninguna manera de otra. Este es un aspecto que en su carácter de ingeniero conviene que quede grabado en su mente: es imposible formular cualquier pregunta, de cualquier naturaleza que sea, de la ciencia a la Tora (salvando la distancia), pues la Tora es una verdad absoluta en tanto que la ciencia misma testimonia sobre sí que no se trata de una cuestión absoluta sino dependiente de la voluntad axiomática del hombre. Y éste puede formular teorías que se contradicen unas con otras, y es posible que todas tengan derecho de existencia por voluntad del hombre, como sucede en los tres sistemas de la geometría, de Euclides, Lobachevsky y Riemann…
Espero que lo escrito resulte comprensible, y si tiene al respecto algún comentario que hacer, por supuesto que me alegrará que me lo haga saber en detalle. Son conocidas las expresiones de nuestros Sabios que se alegraron cuando sobre sus palabras se formularon preguntas, pues ello es señal de que hubo interés por lo que dijeron. Y, lo que es fundamental, pues ello sirve para aclarar y clarificar las ideas y los conceptos expuestos en el curso del debate…
Con bendición

Extraido de “Cuestiones de Fe y Ciencia” de editorial Kehot

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