Anhelo por Mashiaj

Uno de los principios del Judaísmo es la fe en el cumplimiento de la promesa de Di-s de un mundo pacífico y perfecto, que vendrá de la mano del Mashíaj.
Mashíaj, de acuerdo con la Torá y los profetas, es una persona virtuosa –un ser humano– cuya personalidad y enseñanzas inspirarán al mundo a servir al Di-s Único y a actuar de una manera apacible y armoniosa.
La fe en la inminente llegada del Mashíaj es una constante que ha mantenido vivos el ánimo y la esperanza judíos, en las buenas como en las malas épocas, desde el momento mismo en que fuimos desterrados de nuestra tierra aproximadamente 2000 años atrás.

El Rebe infundió en sus shlujim y en todo aquél con quien entraba en contacto, el espíritu de libertad que les permitiría dedicar sus vidas
a las necesidades de los demás.
Esta libertad se expresa en la total dedicación de cada uno al bienestar general, según su esfera de influencia, ya sea en la familia, el barrio, u otro ámbito.
En cuanto a cada sheliaj en particular, esta libertad se expresa mayormente en su dedicación a un determinado país, provincia, ciudad, institución o programa.
No obstante, el interés primario del Rebe lo constituía el mundo entero: el pueblo judío en su totalidad y toda la humanidad.
Sólo un gran alma, libre de limitaciones personales, puede en serio ocuparse de la ejecución del proyecto fundamental de la creación, el destino del mundo y el bienestar general.
Éste era el máximo deseo del Rebe: ver el mundo perfeccionado, ver los frutos del propósito mismo de la creación: que el mundo llegue a ser una morada para lo Divino. De ahí su deseo absoluto por la
llegada del Mashíaj y la era de la Redención.

En sus propias palabras, el Rebe se definía a sí mismo como “obsesionado” con Mashíaj. Anhelaba Mashíaj no sólo porque pondría fin al dolor y sufrimiento del mundo, sino porque la era del Mashíaj es su destino final y el propósito por el cual fue creado.
Como alguien capaz de observar el mundo desde una perspectiva más amplia y elevada, el Rebe consideró toda la historia judía –desde nuestra residencia temporal en el desierto, pasando por la saga de nuestros exilios, hasta llegar al día de hoy– como una senda ininterrumpida que conduce inexorablemente hacia el objetivo esencial de la Creación.
Así también, el Rebe consideró cada acción positiva del individuo como un acto de redención en sí mismo y un paso más hacia la Redención mundial. Pues cada mitzvá y cada palabra de Torá contienen la
energía infinita de Di-s, donde reside la clave de un avance adicional en el camino hacia la meta suprema de perfeccionar este mundo como un lugar donde Di-s “se sienta cómodo”.

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