Con el Rebe en el lugar de descanso de su suegro

El Rebe solía ir al Ohel, el lugar de descanso de su suegro, Rabí Iosef Itzjak Schneerson (el “Raiatz”), de Bendita memoria. En el primer año después del fallecimiento del Raiatz en 1950, el Rebe solía tomar un autobús al Ohel junto con los estudiantes de la Yeshivá cada Rosh Jodesh (el primer día de un nuevo mes judío). Después de ese año, el Rebe iba en coche. Después que la madre del Rebe falleció en 1964, el Rebe comenzó a ir un tiempo adicional, a mediados de mes. Incluso en los últimos años, hubo momentos en el que el Rebe iba al Ohel cuatro veces a la semana, casi todos los días de la semana.

Yo conducía al Rebe casi todo el tiempo, miles de veces. El Rebe siempre tenía bolsas con cartas, llenas de peticiones de todo tipo que el Rebe leía en lugar de descanso de su suegro.
El Rebe se paraba frente al lugar de sepultura de Rabí Iosef Itzjak todo el tiempo. Había una pequeña habitación de madera construida para proteger al Rebe del frío, calor, nieve y lluvia. En el verano, teníamos un acondicionador de aire, y en invierno un calefactor, para que el Rebe se mantuviera relativamente cómodo.

La costumbre en el Ohel es romper la carta después de leerla, y mezclar los pedazos sobre el punto de entierro. El Rebe hacía esto con muchas de las cartas que recibía. A veces, sin embargo, el Rebe anotaba una respuesta en una carta y la traía devuelta con él a su oficina.
Yo tenía un teléfono en el coche, una unidad móvil completa. A veces, en el Ohel, el Rebe me hablaba de algo que necesitaba ser atendido inmediatamente, o me instruía a que llamara a la oficina en Brooklyn. No había mucha comunicación entre el Rebe y yo mientras se encontraba en el Ohel.
El Rebe, en general, no era demostrativo, como era el caso durante las oraciones que decía en voz baja y serena. El comportamiento del Rebe en el Ohel era esencialmente la misma.
Antes de abandonar el Ohel, el Rebe daba una vuelta en lugar de entierro, a veces una, dos, o siete veces.
Durante nuestras idas y vueltas al Ohel, el Rebe y yo tuvimos muchas conversaciones, a menudo poniéndonos al día con los asuntos importantes.
La última vez que conduje al Rebe al Ohel, el día en que tuvo un derrame cerebral, habló más de lo habitual. Dijo muchas cosas interesantes que no estoy en libertad para compartir, pero que, en retrospectiva, me parece muy trascendental.

El Lunes, 02 de marzo 1992, a las 5:20 pm, el Rebe se enfermó mientras estaba parado en el Ohel. Traté de comunicarme con él, pero no respondía. Entendí lo que había sucedido, había visto víctimas de accidentes cerebrovasculares antes. Estábamos en el cementerio solos, y yo sabía que la situación era extremadamente grave. Inmediatamente llamé a la oficina principal en 770 y les dije que enviaran a Hatzolah.
Desafortunadamente, las cosas no se movieron lo suficientemente rápido, ya que las ambulancias no podían pasar a través de los estrechos senderos del cementerio. Mientras estaban tratando, la batería de su vehículo se agotó. Fue terrible.
Finalmente, después de una hora y media, otra ambulancia llegó.
El Rebe nunca volvió a hablar.

Exactamente dos años más tarde, la condición del Rebe se deterioró y fue hospitalizado en el Centro Médico Beth Israel en Manhattan. Después de Shabat, el tres de Tamuz de 1994, yo estaba de pie junto a la cama del Rebe con otras tres personas cuando, a la 1:50 de la mañana, el Rebe, de Bendita memoria, le devolvió el alma al Creador.

Por: Yehuda Krinsky

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