28 de Sivan, un americano en el Sinai

El Día en el que el Rebe y la Rebetzn llegaron a los Estados Unidos.

¿Cuál es el significado en el calendario judío del día 28 del mes de Sivan?

Para el Jasíd de Lubavitch, la fecha es inmediatamente reconocida como el día en el que nuestro Rebe y la Rebetzn, de bendita memoria, llegaron sanos y salvos a América en el año 1941 luego de escaparse de Francia, ocupada por los Nazis.

En un grupo en el que me encontraba, comenzamos a discutir acerca de si este día es meritorio de ser discutido con aquellos que no están familiarizados con las fechas importantes de la vida del Rebe.
“¿Cuál es el punto?”, preguntó mi amigo, explicando que aunque para los devotos seguidores del Rebe, la fecha en la que el Rebe y la Rebetzn llegaron a América sea ciertamente de gran interés, no es simplemente un sentimiento que se pueda transferir. Te puede importar, como no.
Quizá haya algo de verdad en esto. Quizá yo no pueda, y de hecho, no precise siquiera intentar hacer que el 28 de Sivan signifique algo para alguien de la manera como a mí me importa. Pero en caso de que alguien esté interesado en saber lo que esta fecha significa para mí, intentaré explicarlo en esta nota.

Para mí, el 28 de Sivan es como el sonido del Shofar y su plegaria de Kol Nidrei. Es encender la Menorá y encender las velas de Shabat. Es sentarse en la Sucá y sentarse en el Seder. Es bailar con la Torá y es leer la Meguilá.

¿Por qué?
El 28 de Sivan es mi festividad porque, a diferencia de cualquier otro día que yo como judío festejo, el 28 de Sivan sucedió aquí. Y al decir “aquí”, me refiero, al centro de mi universo completamente subjetivo. El 28 de Sivan es Americano.
Me puedes llamar un fanático cultural, pero cada aspecto de la manera en la que yo veo la realidad, ha sido afectada por mi identificación con la sociedad y la localidad geográfica en la que he nacido y me he críado.
Sí, yo sé que mis raíces llegan mucho más lejos del océano y se remotan a los rústicos, pre industriales Shtetls en los bosques de la Europa Occidental, y más lejos aún, a las montañas Judeas en donde los pastores de la Era del Bronce dirigían a su rebaño a pastar en la tierra bendecida que Di-s prometió a su no tan distante pariente, Abraham. Más profundo aún, la conciencia colectiva Judía que a veces entra en mi mente puede incluso conjurar imágenes de las ciudades de Egipto en donde tú y yo trabajamos un trabajo forzoso bajo el sol ardiente y los golpes de los látigos. Pero, debo admitir que nunca puedo estar seguro hasta qué punto estas imágenes fugaces son registros desvanecidos de la travesía de mi alma en este planeta o, que probablemente se traten de algo producido en un escenario en California. En el Shtetl de mi mente, todos los hombres tienen un gran parecido a Topol, y cuando recuerdo nuestra esclavitud en Egipto, el Faraón me hace recordar al Rey de Siam.

Si los estudios demográficos son todos precisos, hay al menos un millón, o quizá millones, como yo. Los mayores intentan lidiar con nuestro generación construyendo museos y mandánonos a viajes de verano a Israel, actos símbolicos que al final, sólo parecen prestar finalidad grave al mensaje que la cultura judía auténtica y el legado sólo se encuentran en algún lugar hacia el este en el espacio, o atrás en el tiempo. A veces, ese mensaje se desvanece a la nada pero la inaudible sirena de la canción de la nostalgia cuyo empujón magnético entendemos implícitamente es una Manifestación reversa del Destino, retirándose del futuro y alejándose de la dirección de la promesa del sol poniente.
Hace casi mil años, (la mitad del camino de nuestro presente exilio), Iehudá Haleví volcó su dolor en forma de verso al escribir: “Mi corazón está en el Este, mientras yo estoy en el fin del Oeste”. ¡Ah!, El clásico lamento de un judío de la diáspora, una persona que es curiosamente fragmentada a través de las condiciones geopolíticas. Y aún así, no lo relaciono como debería hacerlo. Para empezar, en el mundo de Halevi, Toledo, España (en donde él vivía), pued ser referido como “el fin del Oeste” (el fin del oeste de la cuenca del Mediterraneo). En mi mundo, incluso los educados medio occidentales pueden hablar de Toledo, Ohio, como “el Este”. Segundo, con toda mi honestidad, mi corazón no está en el Este. Yo y mi corazón estamos bien en el Oeste, estamos tan bien que ni lo tomo en cuenta hasta que no llegue el momento en el que tenga que considerarlo, como ahora. Lo mejor que puedo decir por mi mismo es que mi alma ha pasado la mayor parte de su vida, saliendo en el Este. Pero a pesar de estas consideraciones metafísicas, estoy tan desarraigado de mi “Este”, que estoy muy contento de haber nacido y de haber sido críado en América. Y aún así, tengo algunos conflictos sobre el hecho de no extrañar mi viejo rincón judío en algún lado del globo.

Soy conciente del hecho que soy parte de una anomalía histórica. He crecido en una realidad extraña en donde la mitad del mundo judío vive en el otro lado del Planeta, al igual que cada uno de sus ancestros.
En los últimos cuatro mil años desde que nuestro patriarca Abraham nació, nos han sucedido muchas cosas. Pero, a pesar de que los judíos hayan transitado tanto, todo ha sucedido dentro de un pequeño radio de nuestra tierra natal. Considerando que durante los primeros siglos de exilio, la mayoría de los judíos vivían en Babilonia, hoy en día Irak. Desde Israel a Irak hay una distancia como la que une Los Ángeles con Phoenix. Sí, es lejos para ir en auto, pero tampoco está en la otra punta de la Tierra. Incluso al pasar el tiempo y la Diáspora extendiéndose más y más, la mayoría de nosotros nos encontramos en la misma parte básica del mundo. Ya sea si tu familia proviene de Polonia o Marruecos, Yemen o Lituania, tus ancestros nunca han residido en ningún lado que no sea lo que en términos modernos se puede describir como “a tres horas de vuelo desde Tel Aviv”.
No estoy seguro de si estaban tratando de ser caprichosos o didácticamente serios, pero cuando éramos pequeños, los mayores solían decirnos que si cavamos un pozo muy profundo, apareceríamos en el otro lado de China. Ya ves, porque China se supone que se encuentra en el otro lado de la Tierra. Si te encuentras en la Costa Oeste de Estados Unidos, China está a sólo nueve husos horarios de distancia, mientras que Israel está a diez.

Hay actualmente un término técnico para “el lado exactamente opuesto de la Tierra”. Es llamado una antípoda. En Gran Bretaña, todavía se refieren a Australia y a Nueva Zelanda como las Antípodas y a sus habitantes como antipoideos.

Ahora, seguro te estarás preguntando, ¿Qué es el antípodo de nuestra Tierra Santa? Si la Tierra de Israel es el epicentro de la judeidad en el mundo, ¿Dónde está su polar opuesto? Lo revisé. Está en algún lugar en el medio del Océano Pacífico cerca de Samoa. Ahora, imagina un globo que que se inclina de manera que en vez que los Polos Norte y Sur estén arriba y abajo, Jerusalem esté arriba y su antípodo abajo. Tendrías una nueva perspectiva de la Tierra. Cuando Jerusalem está arriba, entonces África, Europa y la mayor parte de Asia están en el “Hemisferio más arriba”, mientras que Norteamérica se encuentra “Muy debajo”, como Australia. En términos históricos, lo que los exploradores llamaron al “Viejo Mundo”, está arriba,y lo que llamaron “Nuevo Mundo” está abajo.
Así que, aquí estamos, colgando en la parte inferior de la Tierra, viviendo lo que es básicamente el lado opuesto del planeta en donde el Templo Sagrado una vez estuvo ergido; el lado opuesto de la tierra en donde nuestros profetas vivieron una vez; el lado opuesto de la tierra en donde Di-s nos dio la Torá. Mi estimado maestro, ¡Rabí Iehudá HaLeví!, Por favor, considera: Toledo, España, está a sólo una hora de diferencia de la Tierra Santa , mientras que si yo quiero hacer negocios con Israel, tengo que hacerlo no después de las 9 o 10 de la mañana porque sino cierran. Te pregunto, ¿Quién de nosotros está en el “fin del Oeste”?

No he ido al grano todavía. Pero eso es porque tengo un poco de verguenza decirlo tan francamente. Si no fuera por lo que sucedió el 28 de Sivan (23 de Junio) del año 1941, no estoy seguro de dónde hubiera venido mi conexión con el Judaísmo. Si mi judaísmo se encuentra del otro lado del mar, tengo miedo de pensar qué hubiese sido de mi.
No soy tan egocéntrico como para pensar que el Rebe vino a América exclusivamente por mi, pero ¿No podría ser que vino por millones como yo?

Durante los años, le preguntaron al Rebe muchas veces porqué no se fue a vivir a Israel junto con sus seguidores. El punto clave que el Rebe nos daba era que él haría más bien a la gente judía que vivía en América. Podrías intentar jugar un juego de números y decir que en EE.UU se encuentra la población judía más grande, pero simplemente no es así. EE.UU es el hogar del %40 de los judíos del mundo, lo mismo que Israel. El otro %20 están divididos casi igualmente en los Hemisferios Norte y Sur. Gran Bretaña, tiene igual que Argentina; Francia que Canadá, Rusia que Australia, y así. Puedes revisar los números si deseas.

Constantemente me asombro cada año en la Conferencia Internacional de Emisarios de Jabad-Lubavitch, cuando los emisarios del Rebe se juntan para formar la única asamblea más grande de maestros judíos, activistas y estudiosos del mundo. ¿Y en dónde se reúnen? ¡En Nueva York!. Desde una perspectiva histórica, es increíblmente alucinante. Cuando el Mashiaj venga y nos reunamos con nuestros ancestros, pregúntale a tu tátara tátara abuelo si alguna vez escuchó sobre Nueva York.

Al escucharme hablar, puedes pensar que intento sonar como un verdadero Jasid. Ojalá lo fuese. Pero si lo sería, entonces probablemente estaría hablando del 11 de Nisan, día del cumpleaños del Rebe, o del 10 de Shvat, el día en el que el Rebe aceptó abiertamente el rol de Rebe.

Pero mi festividad es la del 28 de Sivan, porque es el día en el que a los Judíos antípodas como yo, se les da una oportunidad de supervivencia espiritual, aquí del otro lado del mundo. Y no solo de sobrevivir, sino extrañamente, de ¡sentirse que somos el centro de las cosas!. Estar al frente para traer la Redención a todo el mundo. Me recuerda algo que el Rebe dijo una vez, (creo que fue en una reunión un año el 28 de Sivan), que cuando elevas un edificio, precisas hacerlo desde abajo.

Por Shais Taub

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