El bufón de la corte

SHAVUOT ES EL IORTZAIT, ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE RABÍ ISRAEL BAAL SHEM TOV, FUNDADOR DEL MOVIMIENTO JASÍDICO.
SU AMOR A CADA JUDÍO MARCÓ UN NUEVO CAMINO EN EL SERVICIO A Dl-S, Y ESTÁ REFLEJADO EN ESTA HISTORIA.

Había una vez un sastre Judío que vivía en un pequeño pueblo. Su trabajo era excelente, incluso los nobles no-Judíos le encargaban sus prendas. Además, mantenía entretenidos a sus clientes con su sentido del humor y sus dotes de dramatismo. En cierta ocasión, un noble que había adquirido un traje nuevo en la tienda, apreció el especial talento cómico del sastre. Entre alaridos de risas, le dijo: “Moshke, estoy organizando una fiesta esta noche y quisiera que vengas a entretener a mis invitados. Te voy a pagar por tu tiempo, obviamente”. El sastre aceptó reluctante. Luego, avergonzado, le contó las novedades a su esposa Jana, que no estaba muy contenta por la participación de su marido en este evento. “Pero sólo esta noche” le dijo.
Su actuación salió demasiado bien. Luego, cuando todos se encontraban en un excelente estado de ánimo gracias a su desempeño, lo rodearon felicitándolo. De repente, un vaso de vino fue colocado en su mano, mientras sus “nuevos amigos” elevaron sus copas, brindando hacia Moshke. Moshé pensó: “No quiero avergonzar a mis nuevos amigos”. Y también se sentó a comer con ellos. Reasumió su vida en su casa y en el negocio y se olvidó del incidente. Unas semanas después, otro de sus clientes nobles, lo invitó a presentarse en una fiesta que estaba organizando. El sastre aceptó inmediatamente.

Al comentarle a su esposa sobre sus intenciones de actuar nuevamente, ella se enojó y le suplicó que no lo hiciera. “¡Moshé,! ¡No! ¡Por favor! Me prometiste que nunca más ¡rías. Va contra nuestras leyes”. Pero Moshé no estaba escuchando. Se encontraba muy ocupado pensando sobre sus nuevos amigos y lo exitoso que era con su audiencia.

En poco tiempo se convirtió en la persona más solicitada en las fiestas de la aristocracia. No solamente que comía y bebía alimentos y vinos no Casher. También comenzó a conocer a todas las mujeres hermosas del lugar. Luego, comenzó a llamarse “Michel”. Sus discusiones con Jana respecto a su nuevo estilo de vida, se volvieron muy amargos. Volvía a su casa sólo para cambiarse las vestimentas. El tiempo pasó. Cierta vez, después de una actuación, uno de sus patrones le dijo: “Michel, quiero decirte algo, como amigo. Todos sentimos que tus chistes se han hecho un poco pesados. ¡Tal vez puedas renovar el material!” Michel estaba abatido. Nada gracioso se le ocurría. Comenzó a temer por su futuro. Después de un tiempo, se escuchó un rumor en el pueblo. El Santo Baal Shem Tov llegaría al’pueblo para pasar el Shabat! Se invitó a toda la comunidad a compartir la cena del Viernes. A Michel se le ocurrió una idea. ¡Imitaría al Baal Shem Tov! Con todas las historias que circulaban sobre sus milagros, incluso los no – Judíos estaban curiosos por conocer a este famoso rabino.

Esa noche de Shabat, Michel fue al shul para conocer al Baal Shem Tov. Quería aprender a hacer la mímica de él: Cómo se balancea cuando reza, cómo salta cuando baila, y cómo mueve las manos al hablar. Para su sorpresa, nada le pareció gracioso. En lugar de esto, se encontró confundido y misteriosamente movido ante la presencia del Baal Shem Tov. Tarde por la noche, la habitación del Baal Shem Tov se encontraba colmada de Judíos que vinieron de cerca y de lejos, mas para consternación de Michel, no lo dejaban entrar. Ellos sabían que no se conducía de acuerdo a la Tora y, más aún, había castigado a su esposa. “Vete de aquí, renegado”, le gritaron. Lo dejaron entrar después de que sus amigos nobles intercedieron por él. Pero Michel no se conformó con que lo dejen estar presente en el lugar. Se internó dentro de la concurrencia hasta quedar sentado directamente frente al Baal Shem Tov. Lo impresionó la alegría con que el Baal Shem Tov efectuó el Kidush y se lavó las manos para cortar la Jala, pero no lo proveyó de inspiración creativa para el humor.

Al progresar la velada, el Baal Shem Tov comenzó a hablar palabras de Tora. Michel comenzó a sentirse conmovido. Entonces el Baal Shem Tov dijo, “Mientras estamos en el vientre materno, un ángel viene con una vela y nos enseña a cada uno toda la Tora, que será nuestra durante toda la vida. Pero nos la olvidamos al nacer. Dichosa es la persona que encuentra a un Rebe que le enseña palabra por palabra lo que aprendió antes de nacer”. Moshé sintió que su corazón se rompía cuando las palabras penetraban a través del caparazón con el cual él había protegido a su corazón cuando cambió de conducta. De repente se percató, “¡Oh, Di-s mío! Mi vida como comediante es vacía y perversa”. Comenzó a reconocer que el humor basado en burlarse o reírse del dolor o equivocaciones de otra persona es insignificante y superficial en comparación con la alegría sagrada vertida por un maestro espiritual genuino. Después de la cena, Moshé se apresuró hacia el Baal Shem Tov y exclamó, “Rebe, le suplico! Guíeme para arrepentirme y hacer Teshuvá”. El Baal Shem Tov lo miró intensamente y luego le indicó que debía permanecer durante los días de semana en el shul (Sinagoga) y ayunar durante toda la semana entre Shabat y Shabat. “¿Cómo sabré que mi arrepentimiento fue aceptado?”, preguntó Moshé. El Baal Shem Tov le contestó, “Di-s te enviará una señal”. Entonces Moshé permaneció toda la semana en un pequeño shul rezando, estudiando y ayunando. Finalmente, el viernes por la tarde, ni siquiera podía moverse. Antes de los Rezos, le pidió al shamash (cuidador de la Sinagoga) que lo ayudara a dirigirse del shul a su casa, esa noche. Todos se fueron después del rezo. Cuando Moshé se dio cuenta que estaba encerrado, comenzó a llorar. Estaba tan débil que pensó que no viviría mucho más. Súbitamente, un hombre apareció en el cerrado shul y se presentó como Eliahu Hanabí (El Profeta Eliahu). Eliahu le indicó que se mudara a la ciudad de Lemberg y se convirtiera en el encargado de la Mikve (Baño ritual). También le prometió que lo seguiría visitando y estudiaría con él la Tora todas las noches. Luego desapareció. Recién entonces, el shamash abrió la puerta. “Discúlpeme, me olvidé de Ud. Estaba descansando en casa cuando escuché un golpe en mi ventana. Me acerqué para ver quién estaba allí, mas no había nadie. Entonces recordé que me había olvidado de Ud.”.

Cuando ellos arribaron a la casa de Moshé, podían ver las Velas de Shabat ardiendo a través de la ventana. Su mujer notó que su marido había cambiado. Moshé y Jana, su esposa, se trasladaron a Lemberg. Y como le había prometido, Eliahu vino a estudiar con Moshé cada noche.
Una noche, el Rabino de la ciudad, que también era un Cabalista oculto, se percató de una luminosidad que provenía de la casa de Moshé. Luego de insistir bastante, Moshé admitió que Eliahu viene a enseñarle cada noche. El Rabino le suplicó a Moshé que le pida a Eliahu si él podría compartir el estudio con ellos. Eliahu se negó, pero autorizó a Moshé enseñarle al día siguiente.

Después de la primer sesión, el rabino quedó exultante, pero entonces deseaba una señal para saber que no había sido engañado y que las enseñanzas no provenían del “lado no santo”. Eliahu le mandó decir a través de Moshé que nadie en la ciudad fallecería mientras los estudios nocturnos continúen. Un día, después de un tiempo, el Rabino fue llamado a un funeral. Supo que debía tratarse de Rev Moshé, el encargado de la Mikve. Y todos reconocieron que este hombre había alcanzado un nivel espiritual tan elevado, gracias a la ayuda de Rabí Israel Baal Shem Tov.

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