Comida picante

Un día, hace 200 años, hubo fuego en el infierno. Todo el lugar se incendió. Tarde o temprano iba a suceder, con los fuegos infernales ardiendo día y noche y los viejos demonios volviéndose descuidados en los últimos años.

Así que llamaron a una tropa de arquitectos, contratistas y diseñadores de interiores, y construyeron un nuevo Gueinom. Se rehizo todo el asunto, desde el paisaje a la cerámica en los baños. Pero entonces la gente de arriba, en el cielo, empezó a quejarse. “Las personas malas obtienen todo nuevo y moderno, mientras nosotros nos encontramos en este lugar en ruinas de hace 5000 años ¿Esto es justicia?” Se decidió que los justos tenían razón. Los malvados fueron re ubicados en el viejo paraíso que ahora se convirtió en el nuevo infierno, y los santos se trasladaron al antiguo Gueinom, que se convirtió en el nuevo cielo.

Los Jasidim solían contar esta historia para ilustrar lo que ocurrió cuando el fundador del jasidismo de Jabad, Rabí Shneur Zalman de Liadi, publicó su Tania en 1796.

En la portada del Tania, el autor afirma que no está diciendo nada nuevo, Rabi Shneur Zalman insiste que todo este libro, es una “colección de los dichos” de autores y maestros de la Torá de las generaciones anteriores. De hecho, todo lo indicado en Tania se puede encontrar en fuentes anteriores. Pero la forma en la que lo compiló y presentó Rabi Shneur Zalman, constituye nada menos que una comprensión revolucionaria de nuestro ser interior y nuestro propósito en la vida.

Antes del Tania, la condición humana era un infierno espiritual. Era un lugar de disonancia, y, sobre todo, una aplastante sensación de inutilidad por el conflicto interminable entre el instinto y la comprensión. ¿Por qué es que deseamos cosas que no queremos desear, y por qué tengo que obligarme a hacer lo que ya he decidido que quiero hacer?

Antes del Tania, el humano a menudo sentía que no había uno, sino dos seres que residen dentro de nuestro cuerpo: un yo inferior que codicia y obsesiona, y un ser superior que compromete y es capaz de hacer lugar en sí mismo para verdades más elevadas. El humano anhelaba la tranquilidad para su interior, para una resolución a la lucha incesante en su corazón. Pero la tranquilidad anhelada nunca llegó.

En el Tania, Rabí Shneur Zalman afirmó: sí, hay dos seres dentro de nosotros, que se dedican a la lucha constante por el control de nuestras vidas. Cada uno de nosotros posee un “alma animal”, que instintivamente desea que se conserve. Y todos tenemos en nuestro interior también un “alma Divina” que es consciente de su fuente en Di-s y se esfuerza por reunirse a ella como una chispa anhela ser absorbida en el gran fuego de la que surgió. Toda acción, palabra y pensamiento, y todo nuestro motivo y deseo, es el resultado de esta batalla dentro de nuestros corazones.

Y entonces, Rabi Shneur Zalman deja caer su bomba: esta lucha, estos deseos en conflicto, la confusión, la duda y la confusión interna, no es un infierno espiritual, sino un paraíso espiritual.

De hecho, esta dicho en el Tania, que existen individuos perfectamente justos , llamados tzadikim, que han resuelto el conflicto, cuyas dos almas se esfuerzan en armonía, y cuyo “egoísmo” ha sido entrenado y traído en sincronía con su parte Divina. Sin embargo, estos individuos son pocos y distantes entre sí. El resto de nosotros somos lo que Rabi Shneur Zalman llama “beinonim” (“intermedios”), típicos seres humanos. El resto de nosotros somos guerreros espirituales, cuya vocación en la vida es luchar la batalla con integridad, con gusto y con alegría.

¿Por qué hay tzadikim y beinonim? Porque Di-s quiere las dos cosas:

Hay dos tipos de placeres ante Di-s. El primero es de la completa anulación ante el mal y su transformación de la amargura a la dulzura y de la oscuridad a la luz, por el justo perfecto. El segundo (placer)es cuando el mal es repelido mientras todavía se encuentra fuerte y poderoso , a través de los esfuerzos del beinoni, al igual que en la analogía de la comida física, en la que hay dos tipos de manjares que dan placer: el primero es el placer derivado de los alimentos dulces y agradables, y el segundo, a partir de alimentos ácidos y amargos, que son condimentados y preparados de tal manera que se convierten en manjares que reviven el alma … (Tania cap. 27)

Si tu vida interior es tranquila, y no hay demonios que atormentan tus pensamientos, entonces una de las dos cosas es cierta: o eres un tzadik, o un beinoni que abandonó el campo de batalla. Así que, a menos que seas tan arrogante como para pensar que eres un tzadik perfectamente justo, esto tendría que alarmarte. ¿Qué sentido y significado puede haber en una vida que no le trae placer a Di-s?

Una vez, hubo un cielo y un infierno. Luego, un día hace doscientos años, un viejo cielo se convirtió en el nuevo infierno, y el antiguo infierno fue rehabilitado como el cielo nuevo.

Por Yanki Tauber

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