El Renacimiento del cumpleaños

El 18 de Elul es el cumpleaños de dos grandes luminarias en la historia de los Jasidim:
El fundador del movimiento Jasídico, Rabí Israel Baal Shem Tov (1698-1760) y el Fundador del movimiento Jabad Lubavitch, Rabí Shneur Zalman de Liadi (1745-1812).
Es interesante que sólo en las generaciones recientes, y por medio de la influencia de Jabad, el cumpleaños toma un significado espiritual en la vida judía. A pesar que la Torá le otorga un significado particular a la fecha de cumpleaños de la persona, los judíos no le han dado mayor trascendencia a sus cumpleaños. Mientras que los aniversarios de fallecimiento de los grandes Sabios y líderes de Israel han sido conmemorados como fechas importantes en el calendario Judío, sus cumpleaños nos son desconocidos. Hacer énfasis en lo especial del cumpleaños de una gran persona como un día único, nos incentiva a seguir con su ejemplo y con el trabajo de sus vidas. También enseñan que nuestros propios cumpleaños son días de fortalecimiento y oportunidad, un tiempo oportuno para examinar nuestras vidas, proponernos metas, y emprender nuevos desafíos. El 18 de Elul puede por ende, referirse como el cumpleaños del cumpleaños Judío.

¿Por qué debería considerarse la fecha de cumpleaños de la persona como algo más significativo que cualquier otra fecha? Es verdad, la sociedad celebra los cumpleaños. Pero, ¿en qué se basa dicha celebración? El aniversario de fallecimiento de una persona, especialmente de aquél que ha llevado una vida llena y productiva, puede ser vista como un momento climático de su impacto sobre el mundo. En este día, el efecto acumulativo de lo que ha logrado, ha llegado a su culminación. Pero ¿Qué sucede el día de su cumpleaños? Mucho antes que el feto salga del útero es un organismo vivo, con un cerebro funcional, corazón y órganos ya encapsulando el potencial de un subsecuente desarrollo. Y si uno busca algo más que potencial, entonces el momento de su cumpleaños es difícilmente una marca de madurez y logro; de hecho, un bebé de un día, en muchos aspectos, es más vulnerable que cuando estaba cubierto por el ambiente protector del útero de la madre. Será en muchos años que el niño estará en la posición de actualizar su potencial en un nivel significativo.
Así que ¿Por qué la ocurrencia del nacimiento de uno es considerada un momento oportuno de conmemoración y celebración?

¿Vivo o una Vida?
Para entender el significado del cumpleaños, debemos examinar la manera en la que la Halajá se refiere al evento del nacimiento. La Halajá es un código legal y de comportamiento que lidia primordialmente con los aspectos pragmáticos de la vida; pero una mirada más profunda, dejan al descubierto una filosofía y perspectiva que provee de respuestas espirituales e ideológicas a las preguntas que confrontan al alma humana.
De acuerdo a la ley de la Torá, un niño no nacido es llamado “un miembro de su madre”. Por ende la ley que rige en caso que el feto esté peligrando la vida de la madre es, terminar con el embarazo, siendo que “siempre y cuando no haya salido al mundo (afuera del útero) no es un alma”. Pero desde el momento en el que sale la cabeza, es considerado un “alma” y “no podemos destruir un alma para salvar a otra”.
En otras palabras, un feto no es una vida espiritual, sino una extensión (viva, pero extensión al fin) del ser de la madre, animado por el alma de la madre. A diferencia de un cuerpo con su alma, el cual asume la cualidad de vida como un estado intrínseco de ser, el feto apenas reacciona a una fuente de vitalidad externa de igual manera que una máquina reacciona al flujo de energía que se canaliza a través de él. Se puede hacer una máquina que exhiba las características de la vida: calidez, movimiento, crecimiento; puede incluso programarse para que realice funciones de inteligencia y emociones. Pero la máquina no es caliente, sino que es calienta, no se mueve, sino que la mueven. Su cuerpo se mantiene intrínsecamente inanimado, resiste al movimiento que se le impone. De manera similar, el cuerpo de un feto, siendo que aún no está fusionado con su propia alma, reacciona a la energía de la vida que es generada por el alma de su madre, pero no está en sí mismo, vivo.
El momento de su nacimiento marca el punto en el que un cuerpo animado pero esencialmente sin vida, se transforma en un ser viviente. Un “miembro” de la madre se convierte en una vida individual, en un “alma”.

El Feto Espiritual
La vida humana, se distingue de la animal porque incluye una dimensión espiritual, un set de valores morales y aspiraciones trascendentes. Sobre esto, el Talmud establece: “El malvado, incluso en vida, es como si estuviera muerto”. Un alma no está verdaderamente viva a menos que esté conectada con su fuente, en sintonía con su propósito, y fiel a su misión de la vida.
Pero al vida, como dijimos, puede ser un estado intrínseco o meramente un fenómeno sobre impuesto.
Lo mismo es cierto con la vida espiritual: una persona puede llevar una existencia moral y sagrada, pero permanecer un feto espiritual, un ser cuya vida espiritual no está íntegra a sí mismo sino que es impuesta por una fuente externa.
Una vida espiritual, en el último sentido, es la vida de uno cuya espiritualidad emana de su propia identidad y auto definición; de una apreciación que en su conexión con Di-s yace la esencia y el propósito de su existencia. Una persona, no obstante, puede llevar una vida espiritual y justa, pero hacerlo sólo por hábito, o por presión, por miedo de la retribución Divina o por la expectativa de una recompensa Divina, o porque simplemente “debe hacerlo”, como forma de “contribuir” como buen ciudadano del mundo de Di-s. El común denominador de todos estos escenarios es que la persona y su espiritualidad son dos entidades separadas: el propio ser de la persona se define no solo por sus aspiraciones espirituales sino también por las necesidades y deseos materiales, además que lleva una vida espiritual, impuesta sobre lo material por medio de realidades y fuerzas que se encuentran fuera de su alcance.
Aquel individuo no tiene un cumpleaños, ya que posee una vida en el nivel de “feto”. Está espiritualmente vivo – cumple con el propósito por el cual fue creado – pero su vida espiritual es “alimentada” por una fuente externa. Nunca se ha graduado de su estado intrínseco de vida lograda fuera del útero.

Un Sabor del Futuro
Nuestros Sabios comparan nuestro Galut (exilio) actual al estado del embarazo, y a la llegada del Mashiaj como nuestro “nacimiento” y a la aparición de la vida.
Ya que el Galut es más un exilio de las personas de su tierra. Es un estado de desplazamiento espiritual, una ofuscación de la verdad, un borrón de las prioridades, un alejamiento de la esencia y de la fuente de uno. En el Galut, uno no puede ver a Di-s y por ende son extraños a nuestro verdadero ser.
En el Galut podemos experimentar la verdadera vida, una verdadera identificación de nuestro ser profundo y de nuestro propósito por excelencia. Podemos, como máximo, conseguir una conexión al estilo “feto” con una fuente de vitalidad, al subyugarse a una vida mayor que nosotros, una vida que luchamos por actualizar en nuestro comportamiento diario pero no podemos esperar internalizarla plenamente, e integrarlas a nuestra propia existencia.
Es por eso que las celebraciones de cumpleaños no han sido una característica prominente de la vida judía durante muchas generaciones. En el correr de los siglos de nuestro Galut, el significado espiritual del cumpleaños (la graduación de la vida impuesta externamente a un alma que no ha nacido, que ha pasado a un estado de nacimiento completo, poseedor de vida) ha sido una meta elusiva para un número selecto de gigantes espirituales.
Luego, el 18 de Elul, el cumpleaños renació.
Las enseñanzas del Jasidismo vinieron a transformar nuestras vidas espirituales de una “religión” ( o sea, sumisión y reacción de algo más grande y más allá de uno) a algo que es más aprehendido, experimentado e internalizado como la misma esencia de nuestro ser.
Nuestro verdadero y último nacimiento está esperando a la llegada del Mashiaj, cuando “la tierra esté llena del conocimiento de Di-s así como las aguas cubren el mar”, y las “chispas Divinas” que son el núcleo del alma humana se impondrán como el asiento de nuestra identidad y la esencia de nuestras vidas. Pero los primeros indicios del nacimiento ya han comenzado, comenzando por los dos líderes nacidos el 18 de Elul cuyas enseñanzas nos han dado una mirada de la vida más allá del útero.

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