“ JAI ELUL”- “Pura vida”

El 18 de Elul, se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Rabí Israel “Baal Shem Tov, fundador del Movimieto Jasídico…

Rabí Israel Baal Shem Tov nació el 18 de Elul del año 5458 (1698), en la aldea de Akup, Podolia.
Su padre, Rabí Eliezer, y su madre, Sará, fallecieron cuando Israel era un pequeño de 5 años de edad.
A causa de su orfandad, la comunidad local se hizo cargo de su cuidado, alimentación y vestido.
El niño no daba muestras de cualidades excepcionales para el estudio. Sin embargo, era muy sensible y profundamente reservado.
Los años pasaron, el joven Israel abandonó Akup y comenzó a deambular de pueblo en pueblo, hasta los dieciocho años de edad, cuando llegó a la ciudad de Brod.
En Brod, Rabí Israel fue maestro de niños.Uno de sus alumnos era un niño huérfano, que vivia bajo la tutela de Rabí Guershón de Kutov, uno de los miembros más promi-nentes de la comunidad. Rabí Israel, contrajo enlace con la hermana de Rabí Guershón.
De acuerdo a lo que Rabí Israel deja translucir en sus escritos, en aquella época ignoraba cuál habría de ser su misión en el mundo, ni tampoco conocía la jerarquía del alma que se le había entregado para llevar a buen término su sagrada tarea.
Un viernes antes del mediodía, sintió un súbito sopor que lo domi-naba, e instantes después se durmió profundamente.
En su sueño vio a un anciano que le decía:
-Israel, ¿sabes tú quién soy yo?
-No. Realmente no lo sé -respondió Israel, perplejo.
-Desde las Alturas me han enviado pa-ra estudiar Torá contigo; en los montes
-prosiguió el anciano- fuera de la ciudad. Nos encontraremos diariamente, y yo he de revelarte los más recónditos y profundos secretos de la Torá, indicándote cómo has de conducirte. Pero. . ¡recuerda! Ninguna persona debe saber esto, ni aún tu propia esposa, hasta que llegue el momento oportuno en que se te permiti-rá revelarlo.
Rabí Israel sentía curiosidad por conocer la identidad de su inesperado interlocutor y futuro maestro, pero el anciano, le respondió que a su debi-do tiempo se enteraría .
Rabí Israel despertó de su sueño y comenzó a reflexionar acerca de lo sucedido.
Finalmente, tras medir cautelosamente el contenido del mismo, decidió que proba-blemente no era más que un simple sueño, y decidió olvidar lo ocurrido.
Rabí Israel se dirigió a la “Mikvé” – inmersión ritual destinada a la purificación espiritual- como preparación del inminente Shabat.
Allí sucedió algo inesperado: cuando Rabí Israel descendió al agua, vio de pronto la figura del anciano que se le presentara anteriormente en su sueño.
Un intenso temor se apoderó de Rabí Israel, y sintió como si un alma nueva le era introducida en su cuerpo, reanimándolo.
Al atardecer, Rabí Israel fue al Beit Hamidrash -Casa destinada al estudio de la Torá y a la plegaria- allí todos lo observaban con reverencial temor, como si fuera esta la primera vez que lo veían, a pesar de que Rabí Israel era un habitual visitante del Beit Hamidrash. Rabí Israel fingió no advertir nada. Por la noche, el anciano se presentó nuevamente.
-No creas que lo que has visto por la mañana era un sueño sin trascendencia, pues tal como te he dicho así será. El domingo, vé a la “Mikvé”. Luego, te dirigirás hacia las afueras de la ciudad. Entre el segundo y tercer monte, estaré esperándote.
Al despertar Rabí Israel , el profundo temor sentido en la primera oportunidad se intensificó aún más, convenciéndose de que las palabras iniciales del anciano eran verdaderas, y que se trataba de un Emisario Celestial.
Al otro día, inexplicablemente, tras la lectura de la Torá, la comunidad honró a Rabí Israel con la lectura del “Maftir” -pasaje de los Profetas que se lee en ‘a Sinagoga después de concluida la lectura se-manal de la Torá-, por vez primera desde que se había radicado en aquel pueblo.
Esa honrosa invitación afianzó en Rabí Israel la certeza de que en estos momentos se es-taban operando en él ciertos cambios.
También la gente que lo rodeaba observaba perpleja el repentino cambio de Rabí Israel, hasta tal punto, que su cuñado se preocupó por su salud.
Rabí Israel le aseguró que estaba en perfectas condiciones, pero no le reveló nada de lo que ocurría. Tampoco a su es-posa le refirió nada de lo acontecido, a pesar de haber advertido también ella, el extraño halo que lo rodeaba.
El domingo, estando en pleno invierno, se desató sobre la ciudad una fuerte tormenta de nieve. Rabí Israel vistió un grueso abrigo, fue a la “Mikvé”, recitó las ora-ciones matutinas -Shajarit- y se puso en camino hacia el lugar convenido en las afueras de la ciudad.
Al llegar al lugar señalado encontró al anciano que ya lo estaba aguardando, y éste, con un ademán, le indicó que lo siguiera.
Penetraron en una profunda caverna, donde tomaron asiento en sendas sillas, alrededor de una mesa que, inexplicablemente, se encontraban allí.
El anciano extrajo un libro de entre sus ropas y se lo entregó a Rabí Israel, para que estudiara de él.
El joven maestro de niños, que nunca había visto este libro, comenzó a hojearlo lentamente, y, a medida de que pasaba las hojas, sus ojos se iluminaban.
Sentía que un nuevo espíritu lo dominaba y le abría las puertas de la inteligencia, aclarándole los ocultos misterios de los senderos de las Alturas Celestiales.
-Es suficiente por hoy -dijo el anciano.
Habían transcurrido dos horas pero Rabí Israel estaba tan embelesado en el maravilloso libro que ni siquiera se había percatado de ello.
-Mañana nos veremos nuevamente, y con la ayuda del Creador continuaremos el estudio. -dijo el anciano, a la par de que tomaba a Rabí Israel de la mano y lo conducía hacia el exterior de la caverna.
Ambos continuaron caminando hasta el lugar de su encuentro inicial. Allí, antes de separarse, el anciano colocó su mano sobre la cabeza de Rabí Israel y lo bendijo.
El anciano volvió a recordarle su advertencia de no revelar a nadie lo acontecido, tras lo cual desapareció.
Durante un año completo, este suceso se repitió diariamente. Rabí Israel continuaba ignorando la identidad de su nuevo maestro.
Finalmente, cierto día, el anciano le reveló su nombre.
Al enterarse Rabí Israel se sintió embargado por una intensa alegría, y cayó, semi desva-necido. Cuando se recobró, el anciano le indicó que abandonara esa ciudad y eligiera otro pueblo para fijar en él su residencia.
Rabí Israel cumplió la orden de su maestro al pie de la letra y se estableció en un pueblo cercano a Kutob, un lugar en el que, con suma facilidad, podía aislarse del mundanal ruido, pasando horas de concentración y profundización en los bosques aledaños. Allí, repasaba una y otra vez la sabiduría que su extraño maestro le había impartido.
Los años pasaron. El 18 de Elul, Rabí Israel habría de cumplir los 36 años de edad, entonces su maestro le dijo:
-En un mes cumplirás 36 años. Saldrás al mundo y difundirás un nuevo camino en la Torá y el Servicio al Creador. Esa es la Voluntad Divina.
Rabí Israel no deseaba la misión que le fuera encomendada. El prefería continuar paseando por los montes y concentrarse en profunda meditación y estudio con su excepcional maestro, introduciéndose más y más en los profundos misterios del “Sod” -la parte Oculta de nuestra Torá-.
No obstante, el anciano no dejaba de recordarle, día tras día, su sagrada misión de difundir en el mundo Torat Hajasidut -la Filosofía Jasídica-.
Contra su voluntad, Rabí Israel Baal Shem Tov se vio obligado a aceptar.
Así, el 18 de Elul del año 5494(1734), cuando cumplía los 36 años de edad, Rabí Israel salió del anonimato, descubriendo la luz que comenzó a iluminar al mundo judío, dán-dole nuevo ímpetu y vida.
Los grandes maestros de esa época pasaron a convertirse en sus fieles discípulos, colaborando con él en su misión y continuando su obra.
Así nació el renombrado Movimiento Jasídico, del cual fluyó un nuevo rocío de resurrección para la vida judía en general, aportando al conocimiento de la Torá una esfera más, con su cálido mensaje de devoción y alegría.

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