El libro de rezos

El 18 de Elul, Jai Elul, es el cumpleaños de Rabí Israel Baal Shem Tov- fundador del movimiento jasídico y de Rabí Shneur Zalman de Liadi- fundador del Jasidut Jabad

Durante los años previos a su revelación como fundador del movimiento Jasídico, Rabí Israel Baal Shem Tov recorría pequeños poblados e incluso lugares donde sólo habita una familia judía, llevándoles el mensaje de la Torá, fortificando su fe en Di-s. Un día, arribó a una posada ubicada en un cruce de caminos, a cientos de kilómetros de la comunidad judía más cercana. Fue cálidamente recibido por la familia. Inmediatamente le sirvieron un refresco. “¿Dónde está tu padre?” -preguntó el Baal Shem Tov. “Está rezando” respondieron. Rabí Israel se sentó a esperarlo. Pasó una hora, dos. Ya había entrado la tarde cuando el posadero salió de la habitación, pidiendo disculpas por su tardanza, dijo avergonzado: “Soy un judío simple. A penas puedo recitar las palabras del Sidur (Libro de Rezos) y como me es imposible leer las instrucciones escritas allí pues carecen de puntos (que son las vocales en hebreo), recito el Sidur completo, del principio hasta el final, todos los días”.

“Creo que puedo ayudarte” dijo el Baal Shem Tov. Durante una hora, ambos se sentaron y pacientemente Rabí Israel lo instruyó en el uso correcto del Sidur. En pequeños papelitos, el Baal Shem Tov le escribió las instrucciones en idish: “Plegaria matutina” “bendición después de las comidas”, “rezos vespertinos”, “Plegarias de Shabat” etc., insertando la notita en el lugar correspondiente. “¡Muchas gracias, ahora podré comenzar a rezar como se debe!” -dijo el posadero emocionado.

Pero la alegría del hombre duró poco tiempo. Ese mismo día, inexplicablemente, el Sidur cayó al piso y todos los papelitos se deslizaron. “¡Pobre de mí!- gritó el hotelero-“quién sabe cuánto tiempo ha de pasar hasta que otro erudito pase por aquí” Con la determinación de no perder la oportunidad de rezar como debe ser, tomó el Sidur, las notas y salió al camino, para encontrar a su visita.

Luego de varias millas recorridas apresuradamente, finalmente divisó al Baal Shem Tov delante de él. Éste estaba por cruzar el río. El posadero se asustó. En esa época del año las aguas eran muy profundas y correntosas. Para su sorpresa, observó que Rabí Israel tomó su pañuelo, lo posó en el agua, y como si se tratara de una tabla, se paró sobre éste y cruzó rápidamente a la otra orilla. El hombre no iba a permitir que el rabino se le escapara. Sin pensarlo dos veces, tomó su pañuelo e imitó al Baal Shem Tov, y cuando cruzó el agua gritó: “¡Espere Rabino! Debe marcarme nuevamente mi Sidur”. El Baal Shem Tov se detuvo y lo miró: “¿Cómo llegaste aquí? ¿De qué forma has cruzado el río?”. “Con mi pañuelo, al igual que usted. ¡Jamás se me hubiera ocurrido hacerlo así!”

“Creo”-dijo el Baal Shem Tov- “que Di-s está extremadamente satisfecho con tus Plegarias. Quizás deberías continuar rezando como lo hacías hasta ahora…”

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