La Lucha Heroica (parte uno)

LA PREMONICIÓN

En el período posterior a la Revolución Rusa, la comunidad judía religiosa fue presa de enorme temor. Cruelmente perseguida por el gobierno, y en particular por la Ievsetyzia, el grupo comunista judío, numerosos Rabinos y educadores se abstuvieron de la participación en tareas comunitarias acicateados por el temor de las privaciones económicas, el encarcelamiento, e incluso la muerte.
Únicamente una pequeña minoría estaba dispuesta a asumir la peligrosa función directiva en este vacío espiritual. A la vanguardia de esta empresa se hallaba el Lubavitcher Rebe, Rabí losef Itzjak Schneerson, bendita sea su memoria. En 1920 se creó una organización denominada “Vaad” —’Comité’— dirigida por el Lubavitcher Rebe.

A continuación se detallan algunas de las actividades del “Vaad”:
1) La organización de una junta de asesoramiento jurídico. Gracias a sus esfuerzos, se obstaculizaron numerosos intentos de impedir prácticas religiosas. En muchas ciudades las sinagogas habían sido convertidas en sitios de reunión de los trabajadores; merced a la intervención del “Vaad”, por conducto de su comité de juristas, se restablecieron muchas sinagogas a su anterior uso.
2) En la ciudad de Homel se había expropiado el cementerio judío y se habían construido establos en ese terreno. Ya se habían sacado doscientos ataúdes. Los sepultureros habían llegado a la tumba del renombrado jasid de Jabad Reb Eisik Epstein, más conocido como “Reb Eisik Homler”, mas merced a la intervención del comité de juristas, el propio Trotsky envió un telegrama en el que prohibía tales actividades.
3) El “Vaad”, en su lucha contra la prohibición legal de la enseñanza religiosa, emprendió una intensa campaña en todo el país en virtud de la cual se abogaba por la obtención de permiso para impartirla. Pese a la intensa represión de ese momento, en que muchos padres religiosos temían que se dieran a conocer sus nombres, esta campaña culminó en una aparente concesión: se permitiría la enseñanza religiosa con la significativa restricción de que “Ningún maestro podía tener más de tres alumnos”.
4) El “Vaad” financió la educación de cinco mil niños, si bien “hubo que rechazar a unos dieciséis mil por falta de fondos”.

El grupo comunista judío Ievsefyzia, fanáticamente antirreligioso, comenzó a percibir la creciente modalidad de resistencia. Se cuenta que uno de sus célebres funcionarios, Litvakov, se quejó ante un conocido acerca de dos incidentes vinculados directamente con los esfuerzos del Lubavitcher Rebe. En un caso se trataba de un joven que viajaba por la Georgia rusa en muchas zonas en que las sinagogas, escuelas religiosas y mikvaot (baños rituales) habían sido totalmente eliminadas, y pronunciaba inspiradoras alocusiones ante las comunidades acerca de la lealtad a la fe judía. El joven también daba lectura a diversos pasajes de la legislación rusa en los que se afirmaba que estaba permitida la observancia religiosa. Sus palabras tuvieron una profunda repercusión y suscitaron un resurgimiento de las observancias religiosas en muchas ciudades y aldeas. En un caso, los funcionarios locales lo confundieron con un emisario del gobierno y asignaron fondos estatales para la reconstrucción de la Mikvé.

Asimismo, hubo casos en zonas remotas en los que el consejo establecido de la Ievsektzia fue depuesto y obligado a alejarse de las aldeas por jóvenes que afirmaban tener el derecho jurídico de practicar la fe judía.

Litvakov terminó diciendo: “Tras intensas investigaciones hemos llegado a la conclusión de que el Lubavitcher Rebe es la causa desencadenante de todas estas actividades y de que sus agentes participaron en todos estos incidentes”. Pese a las protestas de su amigo de que todas estas actividades eran legales, Litvakov afirmó: “Estamos plenamente al tanto de sus acciones”. Y concluyó airadamente: “Lo arrancaremos de sus raíces y ya hemos comenzado a reunir las pruebas necesarias para llevar a cabo esta tarea” (Kuntrés Purím; Kuntrés 89, págs. 28 y 29, Kehot Publication Society).

Este acontecimiento ocurrió dos semanas antes de Purím. Aunque el Rebe estaba informado acerca de la conversación que antecede, continuó desplegando intensos esfuerzos que incluyeron la condena pública de sus duros adversarios, según se describe en el siguiente relato de la reunión de Purím de 5697 (1927) narrada por un jasid, Rabí E. C. Althaus.

Ese Purím fue único, y totalmente distinto de otros festejos de Purím. El Rebe (Rabí losef Itzjak Schneerson, bendita sea su memoria) habló abiertamente, con agudeza e intensidad. Sollozó, el rostro enrojecido por la emoción, y en su voz se detectaba una nota de enojo, hasta ese momento desconocida. Fuimos testigos de una auténtica “expresión del alma”.

En medio de la noche, durante el banquete de Purím, se puso abruptamente de pie, se arrancó la prenda que llevaba para mostrar su corazón, y se golpeó violentamente el pecho desnudo con el puño. Me llamó por mi nombre para que me acercara, y me apresuré a hacerlo. Luego dijo: “El año pasado te pedí que escribieras con rigor, mas no me escuchaste, y por ello ha habido tanto sufrimiento durante todo el año. Ahora te ordeno que escribas a todas las ciudades y aldeas las siguientes palabras: “Teníamos un Rebe y él nos dejó a su hijo para que nos guiara, y el hijo nos ha ordenado que escribamos en su nombre que todo aquel que entregue a su hijo a las escuelas de la levsetyzia (las escuelas judías dirigidas por la sección judía fanática del Partido Comunista) será duramente castigado por el Cielo”. ¿Lo escribirás? ¡Recuerda bien lo que te digo!”

Repitió estas palabras una y otra vez, mientras se golpeaba el corazón. Volvió a llamarme, y con el rostro radiante y una valerosa sonrisa, afirmó: “No te apenes cuando veas el cuerpo consumido. Preocúpate únicamente de proteger la cabeza”.

Los jasidím estaban sumamente atemorizados por el abierto desafío del Rebe a la Ievsefytzia. Uno de los jasidím más ancianos, incapaz de contenerse, exclamó: “Rebe, no podemos escuchar semejantes palabras. Necesitamos un Rebe de carne y hueso”. El Rebe respondió: “Debemos desafiarlos al modo de Nikolai”. Estas palabras nos dejaron perplejos, y no pudimos explicamos la extraña frase. El Rebe advirtió nuestra confusión y explicó: “Nikolai I fue enviado en su juventud por su padre, el Zar Paul, a dirigir maniobras con miras a probar su capacidad de soldado. Nikolai había recibido entrenamiento militar en su adolescencia, y se desempeñó en forma sobresaliente en estos juegos bélicos, en todos los aspectos del uso de las armas y la estrategia. Tras la feliz conclusión de las maniobras, y estimulado por sus logros, Nikolai selló con su anillo un decreto en virtud del cual otorgaba generosos obsequios a los oficiales y soldados que habían participado con él en las mismas. Hizo esto sin consultar previamente a su padre y al tesorero real. Cuando el Zar se enteró de lo sucedido, se sintió complacido por los talentos militares de su hijo, pero enfurecido ante el gasto de sumas tan colosales, más allá de la capacidad presupuestaria de la tesorería. Ordenó a Nikolai presentarse en el palacio y expresó su satisfacción ante el talento bélico que éste había demostrado durante las maniobras. No obstante, en castigo por su osadía en asignar fondos sin haber celebrado consultas previas con su padre, el príncipe fue condenado al exilio fuera de la ciudad capital durante dos años completos”.

Cuando el Rebe concluyó, nos sentimos más abrumados aún por la aprensión y el temor. Nos resultaba doblemente difícil escuchar tales cosas: en primer término, en razón de los terribles acontecimientos que predecía; y en segundo término, porque teníamos plena conciencia de los espías infiltrados entre nosotros. El Rebe les hizo frente directamente, y con provocadora valentía exclamó: “Iemaj Shemám — que sus nombres desaparezcan de la faz de la tierra. Sé que están aquí; no les tengo miedo”. Miramos a los intrusos, que nos eran conocidos, y sus rostros se ruborizaron, lo cual incrementó nuestra preocupación por el bienestar del Rebe.
Incapaz de reprimirme, y temiendo por su seguridad, recurrí a la anciana Rébetzin Shterna Sara, la madre del Rebe, para pedirle que ejerciera influencia sobre él. Entré en su habitación y le relaté todo lo que había sucedido. Esta corrió al salón y los jasidím se sintieron aliviados al verla, pues comprendieron cuál era su propósito; rápidamente se abrieron paso para que pudiera acercarse a su hijo.
Antes de que pudiera hablar, el Rebe se volvió hacia ella y con respetuosa deferencia le suplicó: “Madre, por favor regresa a tu cuarto. Recita Tehilím y llora cuando te dirijas a Di-s, pues ello ayudará”. Al pronunciar estas palabras, las lágrimas corrían por sus mejillas. Al verlas, la Rébetzin también comenzó a llorar. Permanecieron así, de pie, llorando juntos, uno frente al otro, en silencio, derramando lágrimas, sin pronunciar palabra. Esta escena conmovió profundamente a los jasidím, y muchos de ellos también lloraron. Tras estos terribles momentos, el Rebe dijo: “No hago nada por propia voluntad. Todo esto me lo ha transmitido mi padre”.
El abierto desafío implícito en la historia de Nikolai, y el enfrentamiento directo con los agentes, suscitaron gran preocupación; los jasidím estaban perturbados. Veían el futuro con gran aprensión. También se sintieron afligidos al oír las observaciones dirigidas por el Rebe al jasid llamado Zalman acerca del cuidado que debía observarse en la protección de los niños pequeños de las falsedades del sistema educativo de la Ievsefyzia.
“Zalman”, dijo el Rebe, “si hicieran una gran hoguera y te pusieran ante la elección de entregar a tu hijo a sus escuelas o de arrojarte a las llamas, ¿sabes qué debes hacer? ¡Arrójate a las llamas para impedir que tus hijos sean entregados a sus escuelas!”
El Rebe habló de este modo toda la noche, hasta perder el conocimiento. Fue retirado de la habitación y revivido tras cierto esfuerzo. Aguardamos su retorno para recitar la Bendición de Gracias después de la comida…
Finalmente ocurrió el temido acontecimiento y el Lubavitcher Rebe fue detenido a causa de sus actividades.

Extraído de “La Lucha Heroica” editorial Kehot

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