La Lucha Heroica (parte cuatro)

EL PRIMER INTERROGATORIO

El primer interrogatorio tuvo lugar el jueves, a las diez de la noche.
El Rebe ya observaba dos días de ayuno total en señal de protesta por habérsele quitado sus Tefilín. Enfermo, dolorido, débil y quebrantado a causa de la violencia física y más debilitado aún por el ayuno que observaba, fue conducido al interrogatorio.
Había tres personas presentes: dos rusos y el judío, Lulov, de 23 años de edad. Lulov, y otro judío, Nájmanson, habían detenido al Rebe en su hogar. El jefe de los interrogadores era un ruso de nombre Dachtriov.
El Rebe fue conducido a un gran salón.

Los muros eran de mármol con enormes caños embutidos. Se trataba de los célebres “muros con oídos” por cuanto merced a estos caños la conversación entre el interrogador y el prisionero podía ser escuchada por los agentes de la GPU que la transcribían en habitaciones vecinas.
Al entrar, el Rebe se volvió hacia los interrogadores y observó:
“¡Es la primera vez que entro en una habitación sin que nadie se ponga de pie!”
“¿Sabes dónde te encuentras?”, le preguntaron sus interrogadores.
“Sin duda”, respondió el Rebe. “Tengo plena conciencia de que me encuentro en un sitio en el que no es menester fijar una Mezuzá. Hay varios sitios de esa índole que no requieren Mezuzá; por ejemplo, un establo, o un cuarto de baño”.
Los interrogadores, y en particular el judío Lulov, trataron al Rebe de manera ruda y despectiva. Se burlaron y mofaron airadamente de él.
“Basta de burlas”, les dijo el Rebe. “Y devolvedme lo que me pertenece. No tenéis derecho a acusarme”.
“¡Silencio!”, exclamó Lulov airadamente. Extendió su mano y dijo: “¿Ves este brazo que se extiende ante ti? Desde que tengo 14 años ha estado consagrado a la sagrada tarea de aniquilar a quienes se parecen a ti, y se oponen al progreso. Los destruiremos a todos. ¿Pides Talit y Tefilín? Los arrojaremos a la basura”.
El Rebe golpeó la mesa con el puño y exclamó:
“¡Criatura vil!”

Sus rostros asumieron entonces un aire sombrío y el funcionario de categoría superior comenzó a dar lectura a diversas acusaciones, enumerándolas detalladamente:
* Se te acusa de fomentar las fuerzas reaccionarias en la URSS;
* Se te acusa de ser contrarrevolucionario;
* Los judíos de la URSS te consideran su autoridad religiosa más alta y ejerces considerable influencia sobre ellos;
* También ejerces influencia sobre los intelectuales judeo-soviéticos así como sobre la burguesía de los Estados Unidos;
* Eres el jefe de quienes se sublevan contra el progreso;
* Tenemos plena conciencia de que tu influencia se extiende sobre toda Rusia mediante tu red educacional así como mediante otras instituciones religiosas;
* Mantienes asidua correspondencia con países extranjeros y recibes millares de cartas de todas partes del mundo;
* Has establecido comunicaciones secretas mediante mensajeros que viajan a países extranjeros en aras del fortalecimiento de la religión en Rusia con miras a suscitar así conflictos en contra del gobierno soviético.
Al terminar, el funcionario puso sobre la mesa un gran atado de cartas y dijo:
“Este paquete revela tu verdadero rostro. Estas cartas tienen un contenido extraño y sospechosamente místico. ¿Cuáles son tus vínculos contrarrevolucionarios con el
Profesor Bartichenko?”

El Rebe, sin sentirse atemorizado ni confundido, respondió:
“No he de negar que los judíos me consideran una figura de autoridad, mas no soy culpable de ningún delito. No obligo ni afirmo mi autoridad sobre nadie. Jamás he empleado mi autoridad en modo alguno en contra de la Unión
Soviética.
“La acusación en el sentido de que domino e impongo mi autoridad sobre los judíos es totalmente incorrecta. La coerción y la fuerza son totalmente extrañas a las tradiciones del Jasidismo. El significado del liderazgo, desde una perspectiva jasídica, es procurar la perfección ética y la espiritualidad elevada a fin de que los demás puedan aprender a imitarlas y seguir las mismas sendas. Esto no puede lograrse mediante la fuerza y el poder, sino únicamente por intermedio de una voluntad virtuosa y libre. Los jasidím aprenden por voluntad propia, de su Rebe y dirigente.
“Mi responsabilidad consiste en ocuparme de que todo aquél que desee permanecer fiel al judaismo, logre este objetivo. No obligo ni impongo nada en modo alguno. Todo es por voluntad propia y en circunstancias de plena libertad. ¿Qué delito hay en ello?”
En el curso de su defensa, el Rebe se explayó sobre la naturaleza del jasidismo; los interrogadores rusos pidieron a Lulov que les tradujera.
El ciclo de la historia se repetía.
Ciento treinta años antes, su antepasado, el ‘Alter Rebe” (Rabí Shneur Zalman de Liadí, fundador de Jabad) había tenido que aclarar el concepto de Jasidut ante el Zar Paul. Ochenta y siete años antes, el “Tzemaj Tzedek” (Rabí Menajem Mendel de Lubavitch, el tercer Rebe) se había visto obligado a explicar el Jasidut a los oficiales del Zar Nicolás. Y ahora su descendiente debía exponer los pensamientos del Jasidut ante los miembros de la GPU.
El Rebe continuó hablando:
“Nunca he recaudado impuestos de nadie. He afirmado que los judíos están obligados a estudiar la Tora. Y cuando observan este precepto, necesariamente crean escuelas para los niños y leshivot para quienes han alcanzado mayor madurez. No existe prohibición alguna, según la ley soviética, en contra de las Jadarím —escuelas hebreas primarias tradicionales— ni en contra de las leshivot. Karlinko, el Fiscal en Jefe del Estado de la Unión Soviética ha dicho explícitamente: ‘Jamás se ha promulgado una ley oficial en la Unión Soviética en contra de las instituciones de enseñanza religiosa’. En vista de ello, ¿a quién corresponde obedecer: a Karlinko o a Lulov?

“Ninguno de mis esfuerzos y declaraciones públicas”, continuó diciendo el Rebe, “plantean un desafío a la ley soviética. Si mis palabras en relación con el estudio de la Tora suscitan una reacción dedicada, y si nuestros compatriotas de los Estados Unidos que envían dinero para ayudar a sus parientes agregan modestas sumas para el estudio de la Tora y las necesidades educacionales de los hijos de sus parientes, esto no plantea una amenaza a la Unión Soviética. Todo lo contrario; de este modo entran divisas al país y se fortalece la economía nacional.
“En lo que respecta a la correspondencia mencionada, el profesor Bartichenko había emprendido estudios sobre mis ticismo judío. Opinaba que de algún modo el símbolo del Maguen David expresaba profundos conceptos cabalísticos, y que el dominio de estos conocimientos podría constituir una fuente de gran poder.

“Hace cuatro años, en Sucot del 5684 (1924), se dirigió a mí por considerarme una autoridad sobre Cabala, y me pidió que le revelara el significado esotérico del Maguen David. Procuré convencerlo de que había sido objeto de una ilusión, por cuanto en la literatura jasídica nada permite suponer que el Maguen David encierre grandes poderes inherentes. Pese a ello, el Profesor insistió enviándome numerosas cartas suplicando que le revelara el significado oculto del Maguen David. Este es el verdadero significado de mi correspondencia con el Profesor Bartichenko”.
“Escúchame, Lulov”, dijo el Rebe con enojo. “Quieres hacerme objeto de una nueva acusación al estilo del proceso Beilis. ¿Recuerdas cuando el Zar Nicolás contrató profesores y eruditos a fin de urdir una falsa historia de ritos sanguinarios en contra de los judíos, y terminó desprestigiado? Tú también verás frustradas tus intenciones. Estoy bien percatado de los inescrupulosos métodos que tú y tus cómplices empleáis cuando deseáis encarcelar a un maestro judío: ponéis contrabando o whisky ilegal entre sus bienes, a fin de encarcelarlo y enviarlo a zonas desoladas. ¿Os proponéis también deshonrarme mediante acusaciones ficticias que, de hecho, no tienen base auténtica alguna? ¿Hacerme objeto de viles falsedades? No lo lograréis, porque las acusaciones son totalmente infundadas.

“Mis palabras y acciones siempre han sido públicas y claras. Hace tres años, en 5684 (1924), escribí una carta a todos los judíos de los Estados Unidos exhortándolos enérgicamente a apoyar el asentamiento agrícola judío en la Unión Soviética.
“Me encarceláis por considerarme enemigo de los judíos y del Estado. Ello es totalmente erróneo. Si bien nos separan enormes discrepancias, apoyo todo esfuerzo creativo. Mi carta a los Estados Unidos respalda esta afirmación.
“No me hagáis objeto de falsas acusaciones. No actúo de manera encubierta sino abierta y ante los ojos de todos. No actúo en contra de la ley soviética”.

“Es cierto”, observó el ruso Ditchriov, quien presidía el comité de interrogación. “Somos plenamente conscientes de tu actitud positiva respecto del asentamiento agrícola, así como de tu carta a los Estados Unidos, y tomarnos nota de estas acciones con reconocimiento”.
Haciendo caso omiso a este intercambio, Lulov prosiguió su interrogatorio de manera ruda y ofensiva. Cuando el Rebe volvió a pedir sus Tefllín, Lulov no respondió sino con nuevos términos insultantes, respaldado por sus colegas.
“¡Quítate tu Talií Katán inmediatamente! ¡Quítatelo! ¡Quítatelo! ¡Abandona tu necia observancia!”
“Si me obligáis”, respondió el Rebe, “a quitarme mi Talit Katán me negaré a responder vuestras preguntas. Y si os proponéis lograrlo mediante el uso de los puños y de las armas, os desafío a hacerlo”.
Esta respuesta acalló todo nuevo esfuerzo al respecto.

En este momento entró Nájmanson y, al ver al Rebe, rompió en estruendosas carcajadas y dijo:
“Lulov, ¿sabes que mis padres no podían tener hijos, y sólo después de que mi padre fue a ver al Rebe de Lubavitch dieron a luz a un hijo, y que ese hijo es el mismo Nájmanson que está de pie frente a ti?” Los muros se estremecieron con las carcajadas burlonas de los funcionarios ante la anécdota.

En ese momento, el Rebe preguntó si podía relatar una historia, y sin siquiera aguardar autorización para hacerlo, comenzó:
“Cierta vez, un estudioso no creyente fue a ver al Tzemaj Tzedek…”
Nájmanson interrumpió para decir: “Probablemente una persona como yo, que no cree”.
“No”, respondió el Rebe, “se trataba de una persona versada en conocimientos judaicos y tú eres un simple ignorante…”
“…esta persona”, prosiguió el Rebe su narración, “preguntó por qué en la Meguilát Ester (el “Rollo de Ester” que se lee en Purím), cuando Mordejái envió, mensajero mediante, una nota a Ester en la que le informaba del terrible decreto sobre el destino de los judíos del Imperio de Persia y Media, la palabra lehudím, es decir, ‘judíos’, se escribe con dos letras lud, en tanto que en el versículo posterior de la Megnilá, en el que se describe la liberación de los judíos, “Y para los judíos se hizo la luz”, la palabra lehudím se escribe con \ma sola letra lud.
El Tzemaj Tzedek respondió: “Las dos lud corresponden a las dos Tendencias: la virtuosa y la mala (véase Talmud, Berajot 61a y Kitzurím V’Hearot L’Tania, pág. 81 y subsiguientes). Tanto en las Tendencias Malas como en las Virtuosas existen las diez cualidades del alma, representadas por la lud, cuyo valor numérico es 10. Hay dos clases de judíos: aquellos en los que predomina la Tendencia Virtuosa y aquellos que por cierto tiempo han sucumbido a la influencia de la Mala Tendencia. El decreto de Harnán no estaba dirigido exclusivamente contra los judíos temerosos de Di-s, los que seguían la Tendencia Virtuosa; Hamán también deseaba destruir a los que no eran religiosos, y que estaban dominados por la Mala Tendencia; también éstos quedaban incluidos en su edicto”.

“El visitante preguntó entonces: ‘En un versículo posterior, “Y los judíos se reunieron en Shushán”, volvemos a encontrar la ortografía con dos lud’. El Tzemaj Tzedek replicó: “Ello es porque los judíos de Shushán, al hallarse en el centro de todo lo que ocurría, percibieron el milagro de Purím, y se sintieron tan profundamente conmovidos por éste, que aun los judíos no observantes de ese lugar retornaron a las sendas de la Tora y el judaismo”. El Tzemaj Tzedef{ concluyó del siguiente modo: “Lo mismo te ocurre a ti; cuando sufras una grave enfermedad, también tú cambiarás”. Poco después este hombre contrajo una fiebre que duró tres meses; afectado por su sufrimiento, el no creyente se arrepintió y retornó al judaismo”.
El Rebe concluyó su narración y luego agregó:
“Cuando sufras, también tú cambiarás”.
El interrogatorio concluyó muy tarde esa noche; al finalizar, Lulov, que solía tartamudear, exclamó airadamente:
“Mas dentro de 24 horas serás fusilado”.

No se trataba de una mera amenaza; la situación era muy grave. Un destacado comunista que participe en un intento de liberar al Rebe, el viernes de esa semana hizo una observación a una hija del Rebe: “Ora por que tu padre siga vivo”.
El Rebe regresó del interrogatorio agobiado por un dolor angustiante. Pero continuó con su huelga de hambre hasta el viernes por la tarde, momento en que le fueron devueltos sus Tefilín y libros sagrados.
Un miembro judío de la GPU los portaba. El Rebe le dijo:
“No comeré la comida de la cárcel, sino únicamente la que me sea traída de casa. En cuanto al agua, más tarde la tomaré, aunque sea de la prisión, pero únicamente a condición de que sea entibiada en una vasija empleada únicamente para agua”.
El funcionario de la GPU respondió enfurecido:
“¿Te propones dar una supervisión de Kashrut a la cocina de la cárcel?”
El Rebe respondió:
“No soy un Rabino encargado de la supervisión del Kashrut”, e inmediatamente se puso los Tefilín.
El Rebe asumió una postura firme al no dejarse intimidar por sus captores. En cierta oportunidad, al negarse a responder una pregunta, fue sometido a aislamiento penal. El suelo de su celda rezumaba lodo. Por el piso y los muros de ésta se deslizaban ratas y otras sabandijas. El Rebe fue dejado aislado en semejante sitio durante 24 horas. No obstante, ello no modificó en absoluto su determinación. No cedió al temor ni consideró que quienes lo habían capturado ejercían poder alguno sobre él. Con el correr del tiempo, comenzó a producirse un sutil cambio. El primer indicio fue el mejoramiento de las condiciones de la cárcel
misma.

Poco después el guardacárcel le trajo tres jalot —panes sabáticos— enteros para la comida del Shabat, enviados especialmente desde su casa. Se trataba de un hecho poco corriente. En circunstancias normales, el pan o cualquier otro alimento que se trajera para un prisionero se cortaba en pequeños trozos como medida de precaución contra la introducción de objetos prohibidos en la cárcel. El Rebe recibió las jalot enteras: dicho incidente representaba una política de deferencia respecto de él. Desde ese momento, el guardia mostró una actitud mucho más respetuosa.

La primera comida de Shabat del Rebe en la cárcel consistió de una jala y agua fría. Recitó el Kidush y pronunció la bendición del pan en voz alta, entonando una especial melodía jasídica de Jabad.
El cambio de actitud por parte del guardia se expresó de muchas formas. Por ejemplo, no había reloj en la celda, por lo tanto el Rebe no sabía con exactitud la hora en que debía pronunciar las plegarias vespertinas, que solían comenzar en los días más largos de verano aproximadamente a las once de la noche. El Rebe pidió al guardia que a esa hora golpease a la puerta, a fin de indicar que era el momento de la plegaria vespertina. El guardia cumplió este pedido.
Al finalizar el primer Shabat, el guardia dio al Rebe dos fósforos para que pudiera pronunciar la bendición de Havdalá —ceremonia que marca la culminación del Shabat— ante la llama. Posteriormente, el Rebe recitó la plegaria: “Y que Di-s te conceda…” —tradicional para el fin del Shabat— con profundo júbilo interior.

Un enorme esfuerzo mundial destinado a obtener la liberación del Lubavitcher Rebe había comenzado a dar sus frutos. Tal esfuerzo se vio inicialmente coronado con cierta medida de éxito por cuanto la sentencia de muerte prevista se redujo a un castigo de diez años de trabajos forzados que finalmente también fue conmutada a un exilio de tres años en la lejana ciudad de Kostromá.

Extraído de “La Lucha Heroica” de editorial Kehot

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario