La Lucha Heroica (parte seis)

LA SALIDA DE RUSIA

El 15 de Tamuz, el Rebe, bendita sea su memoria, regresó a su hogar en Leningrado; era evidente, empero, que la GPU de Leningrado no cejaría en sus empeños por vengarse. Muchas personas se dirigieron a la casa del Rebe, mas éste se negó a conceder audiencias.
Muy pronto apareció en el periódico de la levsektzia (el Departamento de Asuntos Judíos del Partido Bolchevique) un severo artículo en contra del Rebe, en el que se exigía su detención y exilio mediante encarcelamiento en la región más remota de Siberia. Lulov, Messing y Nájmanson, tres miembros de la levsektzia que habían participado en la detención y el encarcelamiento del Rebe, emprendieron una intensa campaña en contra de éste, describiéndolo como una personalidad opuesta al progreso y que en cierto modo se hallaba al margen de la ley.

Era necesario, pues, que el Rebe abandonara Leningrado; se trasladó a la aldea de Malajovka, a media hora de Moscú.
Todo indicaba la imperiosa necesidad de que el Rebe dejara Rusia. Cada momento parecía cargado del peligro de detención. Lulov y Nájmanson estaban obsesionados por su odio contra el Rebe; la única opción lógica parecía ser salir de Rusia. Cómo lograrlo suscitó una nueva serie de problemas. ¿Concedería el gobierno permiso para ello? Una vez más se pidió a Madarne Peshkova que intercediera, y ésta aseguró que haría todo lo posible para ayudar al Rebe.
Rabí Hildesheimer y el Dr. Leo Baeck visitaron a Weissman, el Vicecanciller alemán, quien a su vez habló con Karastinski, el embajador ruso en Berlín. Este respondió con promesas de que procuraría ejercer influencia sobre los funcionarios gubernamentales en Moscú. En vista de la situación actual, sin embargo, era evidente que este esfuerzo no bastaba, a menos que alguna razón especial justificara la partida del Rebe de Rusia.

La comunidad judía religiosa de Francfort envió un documento en el que se daba fe del nombramiento del Rebe como Rabino de esa comunidad. El Dr. Osear Cohén, miembro socialista del Bundestag, reveló que contaba con muchos amigos íntimos en el ministerio ruso, y asumía la responsabilidad de llevar personalmente el documento a Rusia, y de procurar ejercer influencia sobre los funcionarios gubernamentales a fin de que permitiera al Rebe abandonar el país.

Es sumamente pertinente, en relación con esta situación, destacar la extraordinaria influencia del Dr. Osear Cohén en los círculos gubernamentales rusos. Muchos años antes, en el período previo a la revolución de octubre, Lenin había sido detenido en el exterior, y el Dr. Cohén, abogado de profesión, había desplegado grandes esfuerzos en su favor. Ahora, esta misma persona sería el portavoz en favor del Rebe ante las jerarquías superiores de las autoridades gubernamentales soviéticas.

Al mismo tiempo, el jasid Rabí Mordejái Dubín, que en paz descanse, diputado del Parlamento Latvio, también fue portador de otro documento en el que se nombraba al Rebe como Rabino de la comunidad judía de Riga. Rabí Dubín también traía consigo una carta de presentación del embajador soviético ante Latvia, que era judío.
Dubín viajó a costa de un gran riesgo personal, por cuanto una vez había sido encarcelado durante el Gran Terror Rojo en Latvia, mas su gestión fue propicia.
Inglaterra había cortado por aquel entonces relaciones con Rusia Soviética, y Rusia había entablado negociaciones encaminadas a firmar un tratado de amistad y comercio con Latvia. Se trataba de un asunto que revestía considerable interés para el gobierno ruso. En su calidad de representante del Parlamento Latvio, Dubín fue recibido con inusual cortesía y deferencia, en particular en razón de su influencia sobre el Partido Agrícola de Latvia.
En este contexto, ejerció su gestión. Fue recibido con grandes honores por el gobierno ruso. Al mismo tiempo llegó el Dr. Osear Cohén, y cada uno de ellos influyó a su manera en pos del logro de la salida del Rebe de Rusia.

Mordejái Dubín se dirigió en primer término a la Oficina de Relaciones Exteriores y entabló negociaciones con Dubronitsky, un judío polaco encargado del Departamento de Relaciones con Lituania, Latvia y Estonia. Recibió una respuesta negativa y se le hizo saber que las perspectivas futuras respecto de esta cuestión también eran sumamente desfavorables.
El Dr. Osear Cohén, amigo personal de Tchetcherín, el ministro de Relaciones Exteriores, entabló negociaciones con éste y con Rubinstein, un destacado funcionario de la Oficina de Relaciones Exteriores que también era judío, mas la respuesta fue, una vez más, negativa.
Cohén se esforzó denodadamente en esta gestión, pero los obstáculos eran increiblemente difíciles de superar. Finalmente, afligido, recurrió a Mordejái Dubín y le comunicó que no estaba en condiciones de obtener resultado
alguno.

Cohén y Dubín trabajaban en forma independiente, y a simple vista hasta podía parecer que en realidad competían denodadamente, cada uno por lograr el nombramiento del Lubavitcher Rebe como Rabino de su propia comunidad religiosa.
Mordejái Dubín renovó sus esfuerzos y, haciendo valer su prestigio como representante del Parlamento Latvio, volvió a reunirse con Dubronitsky, director de la División de Asuntos del Báltico de la Oficina de Relaciones Exteriores, e insistió en su pedido de que se autorizara la salida del Rebe a Riga. Dubronitsky reiteró su rechazo anterior. Esta vez, Mordejái Dubín respondió enérgicamente:
Usted desea que mis colegas y yo le ayudemos a facilitar la negociación del pacto mercantil con mi país. Sin embargo, cuando nos dirigimos a usted con una simple solicitud, la deniega. Es nuestro sincero deseo que el Lubavitcher Rebe sea nuestro dirigente espiritual. Toda la comunidad está unida en este deseo y ahora, en este preciso instante, un grupo compite con nosotros en la negociación de su nombramiento como Rabino de una comunidad alemana. Podría muy bien darse el caso de que el Rebe accediera a su solicitud y obtuviera autorización para salir de Rusia. Me es imposible destacar en toda su magnitud la indignación y el resentimiento que ello evocaría entre los judíos de Latvia. Estos consideran que la designación del Rebe al Rabinato de Riga reviste enorme importancia. Si se vieran frustrados sobre este particular, ello muy bien podría llevar al fracaso total de las negociaciones del pacto mercantil con Latvia.
Dubronitsky no se dejó intimidar por este argumento y no modificó su posición.

Entretanto, el embajador ruso ante Latvia regresó a Moscú a fin de informar sobre el progreso de las negociaciones relativas al pacto mercantil. Este también señaló que el éxito de la concertación de este pacto dependía en gran medida del sentir de la población judía y por consiguiente consideraba totalmente desatinado un gesto de provocación, como ser impedir la salida del Rebe de Rusia.

El embajador de Latvia ante Moscú ayudó a Mordejái Dubín organizando un banquete especial en la Embajada de Latvia con el propósito concreto de permitirle entablar contacto con altos funcionarios de la Oficina de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética.

Dubronitsky aceptó finalmente permitir que el Rebe abandonara Rusia, pero únicamente a condición de que su madre, su esposa, hijas y demás miembros de la familia permanecieran en la Unión Soviética. También dispuso que el mobiliario y su biblioteca no podían salir del país. Así pues, mediante rehenes y avales, esperaba desalentar la participación del Rebe en toda forma de activismo contra la Unión Soviética.
El hecho mismo de que se concediera permiso al Rebe para emigrar constituía de por sí una enorme victoria; no obstante, el Rebe se negó a partir a menos que su familia lo acompañara.

Los esfuerzos en aras de su total liberación continuaron. Madame Peshkova y el Dr. Cohén emprendieron enérgicas actividades en favor del Rebe. No obstante, fue precisamente Mordejái Dubín quien, gracias a su influencia en relación con las negociaciones del pacto con Latvia, ejerció la mayor presión. Suplicó, imploró y finalmente amenazó categóricamente a los funcionarios del Departamento de Relaciones Exteriores: “No contéis con nuestra ayuda en la concertación del pacto con Latvia”.
Los intensos esfuerzos en favor del Rebe culminaron finalmente en una reunión especial celebrada en la Oficina de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética el segundo día de Rosh Hashaná de 5688 (1928), con éste como único tema en su agenda. Participaron de la reunión Tchetcherin, Litvinov, Rothstein, Dubronitsky y el embajador soviético ante Latvia. Con excepción de Tchetcherin, todos eran judíos: Dubronitsky y el embajador ante Latvia eran judíos polacos, y Litvinov era un judío de Bialistok.

Los participantes decidieron permitir que el Rebe saliera de Rusia con su familia. El procedimiento oficial se dispondría en Leningrado, por cuanto el Rebe estaba registrado allí como residente de esa ciudad y su Rabino oficial. La Oficina de Relaciones Exteriores de Leningrado se encargaría de los trámites relativos a la salida del Rebe. El jefe de esta sección era un judío de nombre Zelkind, nieto del afamado Rabino de Dvinsk conocido como el “Badán”, y su secretario era un judío de nombre Kerenkin.

Rabí Mordejái Dubín viajó a Leningrado para acelerar los trámites oficiales. Al informar a Zelkind de su propósito, se le respondió que no se habían recibido aún anuncios ni instrucciones oficiales. Dubín pidió a Zelkind que telefonease a Moscú e inquiriese acerca de si tales órdenes habían sido despachadas. Zelkind lo hizo y se le informó que las instrucciones ya habían sido enviadas. Así, se descubrió que un funcionario de categoría inferior las había recibido, y por omisión o negligencia no había transmitido la información.
Zelkind firmó de inmediato los documentos necesarios. Se emitieron visas de salida para el Rebe, su familia y seis colegas estrechamente vinculados a él que lo acompañarían. También se le permitió llevarse su mobiliario y biblioteca. No obstante, la ley estipulaba que la Oficina de Publicaciones debía otorgar un permiso especial respecto de los libros que se sacaban de Rusia. Para llevar a cabo esta tarea se envió a un judío llamado Stein, versado tanto en el valor como en el contenido de las obras judías. Al ver que se trataba de obras impresas poco corrientes y manuscritos antiguos, se negó incondicional y firmemente a emitir el permiso necesario, por cuanto tales objetos preciosos debían permanecer en Rusia. Inútiles fueron todos los esfuerzos por convencerlo de que modificara su posición, y salió de la casa airadamente.

Rabí Mordejái Dubín se comunicó con la Oficina de Publicaciones, le informó acerca de los antecedentes de la situación, y pidió que se enviara a otro funcionario. Su solicitud fue aceptada y esta vez se envió a un funcionario ruso que de inmediato concedió el permiso oficial necesario para que los libros salieran de Rusia. El día inmediatamente siguiente a Sucot de 5688 (1928), el Rebe salió de Rusia, acompañado de toda su familia y de seis discípulos de Jabad; llevaban consigo todo el mobiliario y los libros religiosos en cuatro vagones de tren. En la estación se había congregado un numeroso grupo de personas para despedir al Rebe. A lo largo del recorrido del Rebe se habían reunido multitudes de judíos en las estaciones del tren para saludarlo. Muchos expresaron su tributo en forma visible, acompañando al Rebe parte del trayecto en señal de respeto.
Cuando el Rebe llegó a Riga se le preguntó cuáles eran sus impresiones acerca de las experiencias que había vivido recientemente, y éste respondió:
“Si me ofrecieran un millón de dólares para experimentar nuevamente uno solo de los momentos de mi angustia pasada, lo rechazaría. Y si alguien me adelantara un millón de dólares a cambio de siquiera un único instante del sufrimiento pasado, también lo rechazaría”.

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