América: La frontera final

Los días 12 y 13 de Tamuz son una festividad Jasídica, observada por los Jasidim de Jabad en todo el mundo. El 12 de Tamuz de 5687 (1927), le fue dado permiso a Rabí Iosef Itzjak Schneerson (1180-1950) el sexto Rebe de Lubavitch, abandonar Kastrama, una ciudad distante de exilio en donde fue mandado por los Soviéticos por el “crimen” de formar Ieshivot, Mikvaot, y otras instituciones judías. Aquél año, el 12 de tamuz (que también es el cumpleaños del Rebe), coincidió con un feriado nacional Soviético, así que los papeles de la liberación no fueron emitidos sino el día posterior, el 13 de tamuz.

Milagrosamente, el Rebe sobrevivió a esta terrible sentencia, que también incluía una larga estadía en la prisión de Leningrad, y una sentencia de muerte. Pero la batalla estaba lejos de ser acabada. En las subsiguientes seis décadas, el régimen Comunista intentó forzosamente destruír todos los restos de la vida religiosa. Poco después de su liberación, el Rebe fue echado de la Unión Soviética, pero los miles de sus seguidores continuaron con su santa pelea, resistiendo con valentía a los esfuerzos del gobierno de destruir el judaísmo soviético. Las consecuencias fueron viciosamente crueles. Miles de jasidim de Jabad pasaron años en las celdas soviéticas por sus actividades ilegales. Y ellos fueron los “afortunados”. Muchos otros fueron torturados y condenados a muerte por la KGB y ejecutados en una prisión. Las pobres viudas y huérfanos no fueron notificados de las muertes de sus seres queridos, dejándolos en agonía durante años en la frontera entre la esperanza y la desesperación.

Los jasidim fueron intimidados por su riesgo personal que iba de la mano con su santa labor. De hecho, este es un fenómeno muy antiguo: nuestra historia está repleta de hombres y mujeres que demostraron gran coraje cuando fueron enfrentados con decretos que restringían la observancia de la Torá y las mitzvot. Más frecuentemente que no, éstos héroes eran simples hombres que llevaban vidas más bien no heroicas. Pero cada judío tiene un alma Divina, un alma que posee poderes asombrosos. En muchos judíos, el alma está como dormida. Una pequeña oposición y fricción es precisada para poder despertarla y ponerla en acción. Hay un dicho jasídico muy famosos: “Una aceituna debe ser apretada para liberar su aceite”.

Hoy en día, nos enfrentamos con un desafío mucho más grande que el de los jasidim soviéticos. En América tenemos muy poca adversidad externa, ni siquiera llega al nivel de poner a nuestras almas en acción. Al escaparnos del Vil Imperio, muchos héroes judíos soviéticos se asentaron en países del Occidente y vivieron una vida extremadamente no ejemplar: la línea de gas que ha sido llenada de combustible por su heroísmo, se ha secado.
Aún así, nuestras almas “Americanas” no están condenadas al sueño eterno. El desafío final del Galut judío (exilio), es despertar al alma sin el “beneficio” del incentivo externo. Hoy en día, debemos “apretar” nosotros mismos y liberar el “aceite del alma”.

El deseo de un judío de conectarse con Di-s, el ferviente anhelo del Creador de manifestarse en Su creación, y su frustración con el actual estado, cuando el Galut pone obstáculos en cada esquina de nuestra travesía espiritual, cuando la realidad Divina está oculta en un mundo que está repleto de materialismo y falsedad, lo mueve hasta su alma, apretándola. En ese punto, el alma se consume en una sola meta: hacer lo que sea necesario para traer un fin al Galut.

El Rebe anterior perseveró; su santo trabajo continuó a pesar de los esfuerzos de la KGB por lograr lo contrario. Su causa también, prevaleció; la Torá, el judaísmo y Jabad están vivos y bien, mientras que la Cortina de Hierro se ha caído y todo el gran poder Soviético ha quedado en la historia. Que en esta próxima Festividad de la Liberación seamos testigos de otra redención: la última.

Por Naftali Silberberg

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