Hasta el final

Sucedió durante la juventud de Rabí Iosef Itzjak, cuando el régimen Zarista todavía gobernaba Rusia. Un nuevo decreto contra la comunidad judía saldría a la luz, y apuntaba a cambios forzados en la estructura del rabinato y la educación judía. Rabí Sholom DovBer (el quinto Lubavitcher Rebe) envió a su hijo, Rabí Iosef Itzjak, a la capital rusa- Petersburgo- para impedir que el decreto se promulgase. Cuando Rabí Iosef Itzjak preguntó por cuánto tiempo debía quedarse en Petersburgo, su padre contestó: “Al punto de Mesirut Nefesh, auto-sacrificio.”

Al llegar a Petersburgo, Rabí Iosef Itzjak supo que el decreto ya había llegado al escritorio de Stalinin, el ministro del interior y hombre más poderoso en el Imperio ruso. La inteligencia del Zar gobernante (o la falta de ella) hizo que fuera una figura virtual para cualquier ministro que el clima político prevaleciente favoreciera; en ese entonces, Su Alteza era llevado por la nariz por el Ministro Stalinin, un tirano sin corazón y antisemita rabioso, que era personalmente responsable de muchos de los devastadores pogrom que eran “preparados” contra los judíos de Rusia.
En Petersburgo vivía un gran estudioso, maestro y mentor del Ministro del Interior. Rabí Iosef Itzjak tuvo éxito en impresionar favorablemente a este hombre por el alcance y profundidad de su conocimiento. Varias tardes, se reunieron y charlaron por horas en el estudio del anciano profesor.

Un día, Rabí Iosef Itzjak le dijo el propósito de su estancia en Petersburgo a su nuevo amigo y le rogó que lo ayudara a localizar al Ministro del Interior. El anciano contestó: “Hablar con él sería inútil. Él tiene un corazón cruel y malévolo, y he perdido hace muchos años todo contacto con esta vil criatura. Pero hay una cosa que puedo hacer por ti. Debido a que soy el mentor de Stalinin, se me ha concedido un pase de entrada permanente a las oficinas del Ministerio. No necesito explicarte las consecuencias que sufriremos ambos, si eres atrapado. Pero te ayudaré.”
Cuando Rabí Iosef Itzjak presentó el pase al Ministerio, el guardia estaba confundido: ¡Pocos eran los ministros que poseían semejante privilegio, y este joven jasid con barba y vestimenta jasídica, poseía uno!. Pero el pase estaba en orden, y le permitió pasar.

Rabí Iosef Itzjak entró al edificio y buscó la oficina de Stalinin. Todos lo miraban extrañados. Pronto localizó la oficina del ministro al final de un imponente vestíbulo en el cuarto piso. Rabí Iosef Itzjak caminó hacia la oficina y el propio Stalinin salió. El hijo del Rebe y el ministro del interior casi se cruzaron. Rabí Iosef Itzjak abrió la puerta, y entró a la oficina.
Después de una rápida búsqueda, localizó los documentos del decreto en el escritorio de Stalinin. Había allí dos sellos, con las palabras ‘ APROBADO’ o ‘RECHAZADO’ con la firma del ministro. Rápidamente, Rabí Iosef Itzjak estampó el decreto con el sello ‘RECHAZADO’ e insertó los papeles entre un montón de documentos vedados que estaban en una bandeja en el escritorio. Salió del cuarto, cerró la puerta, y dejó el edificio.

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