Y el dolar ¿Donde esta?

Tuvo un dólar del Rebe que siempre llevé conmigo.
Hasta que un día lo entregué. No me arrepiento de ello.  Muchas veces me pregunté dónde podía estar. ¡Hasta que un día el secreto se develó! Mi hija Sheine se puso de novia con un extraordinario muchacho, Ianky. Él es un “jabadnik”, aunque no estudió en Ieshivot (Academias Rabínicas) de Jabad. Mi futuro yerno fue a darle la buena nueva a su ex Rosh leshivá (Rector de la Academia), el Rabino Grinbaum, que dirige una Ieshivá que se dedica a muchachos que no se adaptan al sistema de Ieshivot, reinsertándolos nuevamente en el sistema. Éste le dijo:
“¡Maza! Tov! (Buena suerte). ¿Cómo se llama la novia?”
“Su nombre es Sheine Sonnenfeld” respondió el muchacho.
“i¿Sonnenfeld?! ¿Una familia de Jabad? ¿Cómo se llama la madre?” Preguntó muy aturdido el Rabino Grinbaum. “Jana…”
“Dile a tus futuros suegros que yo tengo una historia milagrosa para relatarles con respecto a su Rebe y que los tiene como protagonistas” interrumpió visiblemente emocionado el Rabino. Cuando Ianky nos relató lo sucedido, le dijimos que Rabi Grinbaum debía estar confundido, pues no éramos protagonistas de ninguna historia maravillosa relacionada con el Rebe. En uno de los Sheva Brajot (agasajos que se le realizan a los novios durante la semana siguiente al casamiento) el Rabino Grinbaum pidió la palabra y relató el extraordinario suceso: “Hace siete años, luego de contraer matrimonio, me piso de una casa y en el segundo piso, comencé a trabajar con un grupo de muchachos. Nacía así la Ieshivá. Gracias a Di-s fue una decisión exitosa y por lo tanto debí alquilar otros dos departamentos. Todo implicaba mucho trabajo, pues además de tener que atender a los jóvenes, debía ocuparme de conseguir los fondos para mantener la estructura de la Ieshivá. Todo esto tomaba mucho de mi tiempo libre. Un día mi esposa me encaró y me dijo que ella se había casado con un muchacho que dedicaría el día entero al estudio de la Tora y no con un Rosh Ieshivá que tenía que resolver los problemas de decenas de jóvenes que lo reclamaban día y noche. Traté de explicarle lo importante que era salvar a esos chicos. Ella lo comprendía pero le era difícil aceptar la nueva situación. Decidimos tomarnos un día para pasar juntos en el Park Haiardén, una reserva natural en el Golán, lejos de casa, los teléfonos, etc. Cuando comenzó el día, pedí a Hashem que me enviara una señal para decidir lo correcto: ¿Renunciar a la Ieshivá? ¿Hacer sentir infeliz a mi esposa?

Mientras paseábamos en un pequeño bote, estaba hablándole a mi esposa de la importancia de rescatar las vidas de estos chicos… cuando de pronto noté algo en el agua. Luego me horroricé al ver que esa mancha rosada en el fondo del agua era un bebé que había caído del bote. Hice lo que cualquiera haría: me arrojé al agua y saqué a la pequeña bebita. La conmoción hizo que la madre notara lo sucedido. Corrió a mí y tomó a su hija. Gracias a Di-s la niña estaba bien. La mamá la había dejado en custodia de un hijo mayor que se distrajo por un instante. En medio de un fuerte shock, me agradeció intensamente y volvió con su familia. Luego de unos instantes, ya en tierra firme, mientras se secaba mi ropa, la mujer se me acercó, más calmada, y me dijo:
-”Usted ha salvado la vida de mi hija. Deseo darle algo…”
Le dije que mi paga era el haber tenido el privilegio de realizar una mitzvá. Sin embargo, ella insistió:
-”Deseo darte el ‘dólar’ que recibí del Rebe de Lubavitch”.
-”No me lo entregue” le dije. “No soy un jasid y para usted tiene mucho más valor. Además no podrá recibir otro hasta que el Mashiaj llegue…”
Ella insistió y finalmente lo acepté. En el billete estaba claramente escrito el nombre de la mujer:
Jana Sonnenfeld, 12 de Shvat de 5751. Después se fue con su familia y olvidamos presentarnos formalmente.

El incidente con el bebé fue muy intenso. Nuestras emociones se sacudieron fuertemente. El hecho de que la mujer nos haya dado el dólar del Rebe, fue una señal importante para mi esposa, que entendió que debía seguir con esta trascendental misión. Regresamos a nuestro hogar con una decisión tomada. Luego, coloqué el dólar del Rebe en un marco, que cuelga en mi oficina. Lo he traído esta noche para que puedan observarlo. El incidente del salvataje y el dólar que la madre de la novia nos regaló nos ayudaron a que la Ieshivá haya crecido (hoy cuenta con más de 300 alumnos)”.
Esta es la historia y en ese momento supe dónde se encontraba “mi dólar del Rebe”.

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