Pánico a volar

Un rico empresario, jasid de Lubavitch que estaba en S. Francisco- California- por negocios, recibió un llamado que le informaba que debía viajar a Japón para desarrollar un nuevo mercado. Él era el tipo de jasid que obtenía la bendición de su Rebe antes de cualquier nuevo emprendimiento. Por lo tanto, telefoneó a la oficina del Rebe de Lubavitch para solicitar su aprobación y bendición para este largo viaje…

La respuesta resultó sorpresiva: “No debes partir hasta que recibas un paquete desde Nueva York. Ya te ha sido enviado. Sólo cuando llegue, y sólo entonces, puedes viajar. Allí en Japón sabrás lo que debes hacer”
El paquete arribó al día siguiente. Ardiente de curiosidad, lo abrió. Dentro, había un sobre manilla que contenía… dos copias del libro Tania- el libro de cabecera del pensamiento Jasídico.

Después de aterrizar en Japón y alojarse en el hotel, se percató de que tenía varias horas libres. Ya que no conocía el país, decidió salir y buscar a algún judío. Después de mucho indagar, halló un sitio que a veces se usaba como sinagoga. La puerta estaba abierta. Entró y encontró a un hombre sentado en la punta del salón que parecía muy triste. El jasid se le acercó y lo saludó cálidamente. Comenzaron a conversar, y luego de un rato el hombre le contó sobre el problema que le oprimía el corazón.
Era un agente de ventas de una importante corporación internacional. Su trabajo requería de él constantes viajes de larga distancia, alrededor de todo el mundo. Durante un viaje reciente estuvo involucrado en un trágico y terrible accidente, cuando el avión en el que viajaba colisionó con otro. Muchos pasajeros de ambas naves fallecieron. Él -gracias a Di-s- salió ileso.
Como resultado de esta espantosa experiencia, sentía una terrible ansiedad y pánico antes de cada viaje que debía emprender. Hizo grandes esfuerzos para superarlo, pero todos fueron en vano. Con cada vuelo se sentía más aterrorizado. Temblaba como una hoja cada vez que pensaba que debía organizar un viaje. Gradualmente redujo la frecuencia de éstos, hasta que dejó de viajar por completo. Su sustento estaba en peligro y su salud mental comenzó a deteriorarse.
Algunos amigos le recomendaron que solicite un consejo y una bendición al Rebe de Lubavitch. Decidió hacerlo aunque estaba muy lejano de ser un jasid. Escribió una carta al Rebe en la que describió su triste situación en detalle.
Dos semanas después recibió la respuesta. El Rebe lo bendijo para que sea capaz de superar sus miedos y le recomendó que cada vez que emprendía un viaje, llevara consigo un Tania. Él siguió el consejo del Rebe y vio que la bendición se cumplió: había logrado conquistar sus miedos y pudo volver a viajar y a trabajar como antes.
“Pero hoy” dijo concluyendo su historia, mientras que la expresión de ansiedad retornaba a su rostro, “perdí mi Tania. ¿Cómo seré capaz de tomar mi vuelo esta noche? ¿Cómo puedo encontrar un Tania en Japón? ¿De quién? ¿Dónde?¿Deberé quedarme aquí hasta que mi familia me pueda hacer llegar uno? Simplemente, no me animo a abordar un avión sin un ejemplar”.
El jasid sacó uno de los Tania’s que llevaba en su maletín, que el Rebe le había confiado y con enorme alegría se lo extendió al sorprendido hombre de negocios. ¡Su interlocutor no podía creer lo que veían sus ojos!. Tampoco sus oídos podían creer la historia que este jasid le contaba sobre “las extrañas instrucciones” del Rebe, incluso que él mismo no sabía que hacer con el Tania al arribar a Japón. Fue el momento más emocionante de su vida.
El jasid, por supuesto, reportó al Rebe acerca del sobresaliente cumplimiento de su misión, en una audiencia privada. Entonces, aprovechó la oportunidad para preguntarle acerca de un detalle que aún no le quedaba claro: “¿Cuál era el propósito del segundo Tania?”
El Rebe le respondió: “Es para ti. Como retribución a tu molestia”.

Adaptado del “Veravim Heshiv Meavón”

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