La primer emisaria

Muchos de nosotros conoció al Rebe de Lubavitch. Algunos personalmente, otros a través de relatos, videos, el estudio de sus palabras de Tora. Sin embargo, cientos de miles han sido tocados por su espíritu sin siquiera saberlo. Esta impresionante historia refleja solo una de las tantísimas veces que el Rebe acarició el alma judía.

Sucedía un fenómeno muy extraño. El afamado profesor Víctor Frankl, autor del perpetuo best seller “El hombre en busca de sentido” y fundador de la logoterapia, mandaba un cheque al Beit Jabad de Viena cada año, antes de las festividades. Nadie en el centro de Jabad, ni dentro de la comunidad judía entendía cuál era el motivo de este hecho. Teníamos aquí un hombre que bajo ningún concepto estaba afiliado a la comunidad Judía de Viena. Ni siquiera iba a la sinagoga en lom Kipur. Se había casado con una mujer muy religiosa, católica. En la actualidad ni siquiera está enterrado en el cementerio Judío de Viena. Aun así, no pasó un solo año en el que no mandara el cheque antes de las festividades. El enigma pudo ser resuelto recién en el año 1992.

SOY EL PRIMER EMISARIO
Margareta Chajes entró a la oficina de mi colega, Rabí Jacob Biederman, el enviado del Rebe en Austria. Rabi Biederman construyó el magnífico “Lauder Campus” de Viena, creando así un renacimiento de la colectividad Judía Austríaca, en el país que dio vida al terrible monstruo, Adolf Hi-tler. Margareta era una mujer de 85 años, vestida con un estilo clásico, de apariencia jovial y enérgica. Ella le dijo a Rabi Biederman: “Usted cree que fue el primer sheliaj, el primer emisario del Rebe de Lubavitch en Viena; pero no es así. Yo fui quien sirvió como embajadora del Rebe de Lubavitch en la ciudad, muchos años antes que usted. Verá, en el año 1930 Margareta era cantante de ópera en Viena. Ella incluso actuó en el Festival del Opera de Saltzburg en 1939 frente a Hitler, Escapó hacia Estados Unidos pero perdió a toda su familia en el Holocausto. Años más tarde, realizó una visita al Rebe de Lubavitch, de quien ella aseguró que se convirtió en un padre.

DE LOS JASIDIM A LA OPERA
Comenzó a relatar su historia. El apellido de soltera de Margarita era Hager, era descendiente de la famosa familia Jasídíca Hager, quienes dieron vida a los Rebes de Vishnitz. Siendo una jovencita, se fue de su casa. El modo de vida y los ideales de su familia no la inspiraban. Así que viajó al centro cultural del mundo, Viena, adonde A/largareta Hager, la nieta del de los Rebes de Vishnitz, se convirtió en cantante de ópera.
Margareta actuó durante los años 30′ en el Salzsburger Festpiele (que se pronuncia: Fest Shpile). El Salzburg Festival, un destacado festival de música y drama, que tenía lugar cada verano en la ciudad de Salzburg, la ciudad natal de Wolfgang Amadeus Mozart. El 12 de marzo de 1938, las tropas alemanas entraron a Salzburgo. El Anschluss- la colonización de Austria realizada por los alemanes- estaba ahora completa, y la ideología Nazi afectó inmediatamente al Festival de Salzburgo. Todos los artistas judíos fueron prohibidos, los líderes, conductores y compositores fueron “eliminados”. Aún así Margareta Chajes seguía dando sus funciones.
En agosto de 1939 durante la Festpiele, Hitler en persona hizo su aparición en dos óperas de Mozart. El ignoraba que aquella joven que cantaba de manera majestuosa era judía. En poco tiempo, los directivos hicieron un anuncio sorpresivo, el Festival finalizaría el 31 de agosto, una semana antes de lo previsto. La razón era, supuestamente, que la Filarmónica de Viena ebía hacer una presentación en la Convención política de Nuremberg. Pero el irdadero motivo de la postergación se hizo evidente el 1 de Septiembre, cuando los alemanes invadieron Polonia y declararon la Segunda Guerra mundial, donde exterminaron un tercio nuestra gente incluido muchos de familiares de Margareta.Luego de la presentación en el Salzburgo Festpiele, esa misma noche varios amigos íntimos lograron hacerla pasar de contrabando desde Alemania a Italia. Desde allí logró embarcarse en el ultimo bote que iba a Estados Unidos antes del estallido de la guerra. Margareta se estableció en Detroit, donde se casó con un buen joven judío que provenía de la familia Chajes (el nieto de unos de los más famosos Rabinos y Comentaristas del Talmud del Siglo 19, el  Maharatz Chayos), juntos tuvieron una hermosa hija. Vayamos ahora un poco más adelante en la historia. Pasaron muchos años de la guerra. Los judíos estaban reconstruyendo sus vidas y sus carreras. Los rabinos reconstruían sus comunidades. Pero había un rabino que no estaba interesado solamente en su comunidad. Verá, la hija de Margareta se casó con un prominente doctor Judío, quien fue honrado por una institución de Jabad de los Estados Unidos y por Margareta su suegra, consiguieron una audiencia con el Lubavitcher Rebe, Rabí Menajem Mendel Schneerson. “Entré al cuarto del Rebe”, le relató Margareta a Rabí Biederman, “No puedo explicar por qué, pero, de pronto tuve la sensación de que por primera vez después del Holocausto podía llorar. Yo, como muchos otros sobrevivientes que perdieron sus familias enteras, nunca había llorado. Sabíamos que sí comenzábamos a llorar, nunca terminaríamos, también creíamos que para sobrevivir no podíamos expresar nuestros sentimientos y emociones. Pero en ese momento comencé a sollozar como un bebé. Compartí con el Rebe toda mi historia: una joven inocente, dejar mi hogar, convertirme en una estrella en Viena, actuar frente a Hitler, escapar hacia los Estados Unidos, enterarme sobre la muerte de toda mí familia. El Rebe escuchaba. El no solo escuchaba con sus oídos. El oía con sus ojos, con su corazón, con su alma, comprendía cada palabra de mi relato. Compartí todo y él internalizaba todo. Esa noche sentí que tenía un segundo padre. Sentí que el Rebe me había adoptado como su hija.

DOS DEMANDAS
Al final de mi encuentro con el Lubavitcher Rebe le expresé mi fuerte deseo de regresar a visitar Viena. El Rebe me solicitó que antes de realizar el viaje volviera a visitarlo.
Un tiempo después, camino a Viena, visité al Rebe. El me pidió que le hiciera un favor: que visitara a dos personas durante mi estadía en Viena. La primer persona era el Director Vienes Rabino Akiva Eisenberg, a quien debía enviarle saludos del Rebe (el Rebe me dijo que su secretario me daría los detalles y la literatura que debía entregarle a Rabí Eisenberg). A la segunda persona debía localizarla por mi cuenta. El Rebe me explicó que era un profesor de la Universidad de Viena y su nombre era Dr. Víctor Frankl.

USTED PREVALECERÁ
“Envíe mi saludos al Dr. Frankl”, me dijo el Lubavitcher Rebe, “dígale en mi nombre que no debe abandonar. Debe mantenerse fuerte y continuar con su trabajo con el mismo vigor y la misma pasión. Si continua y se mantiene firme, él prevalecerá”.
Utilizando el dialecto alemán, para que Margareta pudiera comprender mejor, el Rebe le habló por un largo tiempo sobre el mensaje que deseaba expresar a Dr. Frankl. Luego de casi cuarenta años ella ya no se acordaba todos los detalles, pero el punto principal era que Dr. Frankl no debía bajo ningún punto de vista abandonar su trabajo, debía seguir adelante para lograr cumplir sus objetivos con inquebrantable coraje y determinación.
No comprendía ni una palabra de lo que el Rebe me decía. ¿Quién era Dr. Frankl? ¿Porqué el Rebe le estaba enviando este mensaje? ¿Por qué a través mío? No poseía la respuesta * a ninguna de estas preguntas, igualmente obedecí sus órdenes. Margareta viajó a Viena. Su visita al Rabí Eisenberg era sencilla. Encontrar al Dr. Frankl parecía más complicado. Cuando llegó a la Universidad le informaron que el profesor no venía desde hacía ya dos semanas. No había manera de encontrarlo. Luego de varios intentos de hallarlo en la Universidad, Margareta abandonó su misión.
Pero, sintiéndose culpable de no cumplir con el pedido del Rebe, decidió violar los formalismos Austríacos. Buscó la dirección privada del profesor, viajó hasta allí y le golpeó la puerta. Una mujer abrió. “¿Podría ver al Sr. Frankl por favor? “Si, un momento por favor.” “Observé un cuarto lleno de cruces”, continuó Margareta. “Era obvio que este era un hogar cristiano. Esto debe ser un error, pensé para mis adentros. Esta no puede ser la persona con quien el Rebe deseaba que me encuentre”. Verá, en 1947 Frankl se casó por segunda vez con una mujer devota al catolicismo, Eleonore Catarina Schwindt. Víctor Frankl apareció unos minutos más tarde, y luego de averiguar que era él el profesor de la Universidad, ella le dijo que poseía saludos para él. “El estaba extremadamente impaciente, y sinceramente no parecía muy interesado. Me sentí bastante incómoda”. “Traigo saludos de Rabí Schneerson, de Brooklyn, Nueva York”, le explicó Margareta.
“Rabí Schneerson me pidió que en nombre de él le transmitiera que no abandone. Debe mantenerse fuerte y continuar con su trabajo con inquebrantable determinación, de ese modo usted logrará prevalecer”. “No caiga en la desilusión. Marche con confianza”, “le prometo que alcanzará gran éxito” dijo Rabí Schneerson. De pronto, el desinteresado profesor me interrumpió. Comenzó a sollozar como un bebé. No podía calmarse. No entendía qué es lo que estaba sucediendo. Lo acababa de ver llorando descontroladamente.
“Oh”, me dijo Dr. Frankl. “Este Rabí de Brooklyn supo exactamente cuándo enviarla aquí”. El le agradeció a ella infinitamente. “Así que como verá Rabí Biederman”, completó Margareta su relato. “He sido una emisaria del Rebe en Viena muchos años antes que usted llegara aquí.”

ETERNAMENTE AGRADECIDO
Rabí Biederman estaba intrigado. Victor Frankl tenía ahora 87 años y era una celebridad internacional. Había escrito 32 libros que fueron traducidos a 30 idiomas. Su libro “El hombre en busca de sentido” había sido solicitado por la Biblioteca del Congreso como uno de los libros de mayor influencia del siglo 20. ¿Cuál era el mensaje secreto del Rebe para Victor Frankl? “Lo llamaré inmediatamente”, recalcó Biederman.
“¿Recuerda usted a Margareta Chajes? Le preguntó Rabi Biederman a Dr. Frankl.
“No”, respondió el profesor. Bueno, puede ser perdonado. Han pasado más de cuarenta años. “¿Recuerda el saludo que le trajo de Rabi Shcneerson de Brooklyn?, le preguntó Rabi Biederman al profesor. De pronto, hubo un cambio en el tono de su voz. Dr. Frankl se ablandó como manteca en una sartén. “Claro que recuerdo. Nunca lo olvidaré. Mi gratitud hacia Rabi Schneerson será eterna.
Victor Frankl comenzó a develar el resto de la historia, la que capturó uno de los más grandes debates de los últimos 100 años, encapsula la esencia del Judaismo y nos revela el secreto de Kol Nidrei.

EN LOS CAMPOS
Victor Frankl nació en Viena en el año 1905, tres años después que el Lubavitcher Rebe. El joven Frankl estudió neurología y psiquiatría y en 1923 formaba parte del círculo íntimo de uno de los judíos más famosos de ese tiempo, Dr. Sigmund Freud, el “Padre del Psicoanálisis”, quien vivió y practicó en Viena.

EL GRAN DEBATE
Ya antes de la Guerra, y aun más durante los tres años en los campos de exterminio, Víctor Frankl desarrolló ideas que diferían completamente de las de Freud. Sin embargo, la facultad entera de su departamento en la Universidad eran acérrimos eruditos freudianos. Persiguieron académicamente a Víctor Frankl catalogando sus ideas como “seudo-ciencia”, y lo convirtieron en el chiste del siglo.
Este no era un pequeño debate. Estos dos judíos estaban debatiendo sobre el sentido y significado de la identidad humana, y Víctor Frankl estaba avocado a una visión completamente ajena a la dominante teoría Freudiana. En una palabra: el ser humano posee un ALMA, lo que los Judíos comúnmente llamamos Neshamá.
Freud, como muchas escuelas médicas, enfatizaba la idea de que todas las cosas tienen un origen fisiológico. La mente y el corazón humano pueden ser comprendidos en términos de “efectos secundarios” de los mecanismos del cerebro. Los humanos son como máquinas, que responden a un estimulo desde su interior o exterior, una máquina completamente física, predecible y escéptica. Aunque una maquina muy compleja, que crea sicóticos, neuróticos y por supuesto, psiquíatras. Víctor Frankl estaba en desacuerdo. El sentía que Freud y su grupo reducían al ser humano a una máquina meramente mecánica que creaba criaturas privadas de su verdadera esencia. “Si Freud hubiese estado en los campos de concentración”, escribió Frankl, “hubiese cambiado su posición”. Más allá de los impulsos e instintos naturales de la gente, hubiese encontrado la “capacidad humana de auto trascender”. El hombre fue quien inventó las cámaras de gas de Auschwitz, sin embargo, fue también el mismo hombre que entró allí con el Shemá Israel en sus labios. “Nosotros, que vivimos en los campos de concentración podemos recordar aquellos hombres que caminaban a través de chozas reconfortando a otros,
dándoles su último pedazo de pan. Deben haber sido muy pocos en número, pero ofrecían prueba suficiente de que todo se le puede quitar al hombre salvo una cosa: El último vestigio de su libertad- la oportunidad de elegir cómo actuar bajo diferentes circunstancias, de optar por el propio camino. Claro que hay muchas cosas en la vida sobre las cuales no poseemos control. Pero hay una dimensión dentro del ser humano- la esencia de la identidad humana- que nada ni nadie pueden controlar. Es trascendida por su propia “naturaleza”- libre, desinhibida, sana y profundamente espiritual, que nunca está definida por las circunstancias de su vida y de sus limitaciones, sino más bien está libre de definición de sentido y mensaje.
Una persona, pensaba, no es hijo de su pasado sino padre de su futuro.

LA HUMILLACIÓN
Pero, en la Universidad durante los años 40′ y 50′ las ideas de Frankl eran catalogadas como fanáticas religiosas, teorías antiguas, nociones no científicas de la conciencia, religión y culpa. Era impopular atender sus clases. “La situación era horrible”, le dijo Frankl al Rab Biederman. “¡Rabiner Biederman! Le dijo Frankl, agregando estas shokeantes palabras: “Pude sobrevivir a los campos de exterminio de los Alemanes, pero no podía sobrevivir a la terrible humillación de mis colegas en la Universidad quienes no paraban de provocarme y menospreciar cada ápice de mi progreso.” “La presión contra mi era tan severa, que decidí abandonar el proyecto. Era sencillamente demasiada carga emocional para tolerar. Estaba agotado, exhausto y deprimido. Caí en la melancolía. Estaba observando como el trabajo de toda mí vida se desvanecía frente a mis ojos. Un día, sentado en mí casa, comencé a preparar los papeles para presentar la renuncia en la Universidad. En la lucha entre Freud y Frankl, Freud había salido victorioso. El ser humano sin espíritu había probado ser más poderoso que la persona con alma, con espíritu.

LA ESPERANZA
Y de pronto, mientras estoy sentado en casa, deprimido, caído, afectado, una hermosa mujer llega a mi casa. Ella trae saludos de un maestro Jasídico, Rabí Schneerson de Brooklyn, Nueva York. ¿Su mensaje? No se atreva a abandonar. No se atreva a desesperar. Si usted continua su trabajo, logrará prevalecer. No podía creer lo que escuchaban mis oídos. ¿Alguien en Brooklyn, nada más ni nada menos que un Rebe Jasídico, sabía sobre mi problema?, y aún más, ¿se preocupaba sobre mi dilema?, había enviado a alguien para que me localizara en Viena y me inundara de coraje e inspiración. “Comencé a sollozar. Lloré descontroladamente. Estaba muy movilizado. Me sentí otra persona. Eso era exactamente lo que necesitaba oír. Alguien creía en mí, en mi trabajo, en mis contribuciones, en mis ideas sobre la trascendencia infinita, el potencial del ser humano y mi habilidad de prevalecer”. “En ese instante supe que no me rendiría. Rompí los papeles de mi renuncia. Se había inyectado una nueva vitalidad dentro mío, ahora estaba confiado, seguro y motivado.” “Finalmente” continuó Víctor, “sus palabras se hicieron realidad. Unos meses más tarde me fue dada una cátedra en la Universidad”. “Al corto tiempo, la obra maestra de Frankl “El hombre en busca de sentido” fue traducido al inglés. No sólo se convirtió en un best seller hasta el día de hoy, sino que fue catalogado como uno de los diez libros más influyentes del siglo veinte.
La carrera del profesor comenzó a crecer. Aquel humillado profesor se había convertido ahora en uno de los psiquiatras más celebrados de su generación. “El hombre en busca de sentido” había sido traducido a 28 idiomas y había vendido 10 millones de copias aproximadamente durante su vida. Frankl se convirtió en el conferencista invitado de 209 Universidades alrededor de los 5 continentes, obtuvo 29 doctorados honoríficos de diferentes universidades alrededor del mundo, recibió premios y medallas nacionales e internacionales por su trabajo en psicoterapia.
Su rama de la terapia inspiró miles de libros, seminarios, talleres, grupos espirituales y de new age, que están todos basados en la idea de Frankl, de la habilidad única del ser humano para elegir su camino descubriendo el sentido en cada experiencia. Desde Scot Peck en su libro “El camino menos transitado”, hasta Steven Covey en Siete Hábitos, y otros cientos de best sellers que surgieron durante los últimos 30 años, todos ellos fueron estudiantes de las perspectivas de Víctor Frankl.
Víctor Frankl concluyó el relato de su historia a Rabi Biederman con las siguientes palabras: “¡Estaré eternamente agradecido al Lubavitcher Rebe!”

AMO JABAD
Sin saber a quién le estaba hablando, Frankl agregó:
“Hace unos años Jabad se estableció aquí en Viena, me convertí en uno de sus donantes. Usted debería hacer lo mismo. Ello son lo mejor…”.
Finalmente, Rabi Biederman comprendió porque recibía un cheque por correo cada año antes de lom Kipur.
La conversación finalizó.

TODOS LOS DÍAS TEFILÍN

Pero la historia no termina aquí. En el 2003, el Dr. Simón Cown, un Lubavitcher australiano experto en Frankl, fue a visitar en Viena a su viuda no judía, Elenore. Ella sacó un par de Tefilín y se los mostró. “Mi difunto esposo se ponía esto todos los días de su vida”, le dijo.
Luego sacó un par de Tzitzit (vestimenta religiosa de cuatro puntas) que él mismo se había hecho para uso propio. Por la noche, ya en la cama, Víctor recitaba el libro de Tehilim (Salmos). ¿Comprende? Nadie lo vería en el Templo en lom Kipur, pero no dejaba pasar un solo día sin colocarse los Tefilín.
Cuando le preguntaban en entrevistas públicas si creía en Di-s, nunca daba una respuesta directa. ¡Pero no perdía un solo día de Tefilín!

EL SOLDADO
En 1973 un soldado Israelíse hallaba convaleciente en el hospital, deprimido y abatido, diciendo que deseaba suicidarse. Había perdido sus dos piernas durante la guerra de lom Kipur. Sentía que sin sus piernas, su vida no tenía esperanza ni futuro. Un día, el doctor entró en su habitación. El soldado se encontraba sentado, derecho, se lo veía relajado y feliz. El doctor lo miró, y observó que sus ojos habían recobrado la pasión en su mirada.
“¿Qué sucedió?” preguntó el doctor. El soldado señaló su mesa de luz. Acababa de leer el libro “El hombre en busca de sentido”, leyó sobre la actitud de muchos judíos dentro de los campos de exterminio. Había aprendido sobre la capacidad existente en el ser humano para lograr vencer la adversidad y convertirla en triunfo descubriendo el sentido de las experiencias de la vida. “Esto me ha transformado”, le dijo el soldado.

EL MENSAJE
Esto, amigos, era el potencial que el Rebe de Lubavitch vio cuando decidió enviar a Margareta a cumplir con la misión en Viena. Imaginen: un sencillo mensaje de un hombre en Brooklyn preocupado y comprometido transformó decenas de millones de vidas. ¿Y cuál fue el mensaje? No pierda las esperanzas. Usted prevalecerá.
El Rebe de Lubavitch estaba decidido a sacar a relucir este mensaje al mundo: tenemos un alma; el alma es la parte más profunda y real que poseemos; y nunca estaremos completamente vivos si no accedemos a nuestro espíritu. Es nuestra identidad intrínseca, nuestra razón de ser. El alma de la música es la visión del compositor que energiza y da vida a las notas ejecutadas en una composición musical. Las notas reales son como el cuerpo expresando su visión y sentimientos a través del espíritu. Cada alma es la expresión de la intención de Di-s y su visión particular de la creación de ese ser. El alma es la estructura de nuestro ser, como fue concebida por la visión de Di-s que deseó nuestra existencia. Cada uno de nosotros es una nota musical dentro de la gran composición cósmica. Es nuestro deber descubrir nuestra alma- nuestra voz más interna- dejando que toque su propia música.

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