Enigma en Bangladesh

Al CONMEMORAR EL PRÓXIMO 11 DE NlSAN, UN NUEVO ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL REBE DE LUBAVITCH, RABÍ MANAJEM MENDEL SCHNEERSON (11 MISAN 1902), CONTINUAMOS ENTREGÁNDOLES OTRA DE LAS MARAVILLOSAS HISTORIAS QUE REFLEJAN SU SABIDURÍA, SANTIDAD, VISIÓN PROFÉTICA Y POR SOBRETODO SU INMENSO AMOR Y PREOCUPACIÓN POR CADA JUDÍO, SEA QUIEN SEA Y ESTÉ DONDE ESTÉ. ESTA HISTORIA FUE CONTADA POR PRIMERA VEZ POR EL SR. NATÁN KOPOLOVITCH, UNO DE SUS PROTAGONISTAS.

E Sr Natán Kopolovitch, un jasid de Gur que tvive en Bélgica y que se dedica a la industria textil relata: “Debido a mis ocupaciones visitaba Bangladesh casi una decena de veces por año. Este país alberga una población de 114 millones de personas, en su mayoría musulmanes. No viven judíos allí y por lo tanto, cada vez que viajaba a Bangladesh debía traer conmigo comida casher. Este país era punto de encuentro de muchísimos hombres de negocios de Europa y de Estados Unidos.

Uno de ellos era un judío llamado Pinjas larus, que representaba a una cadena de empresas textiles de USA. Lo conocí a lo largo de mis muchas visitas a Bangladesh. A pesar de no ser observante, Pinjas estaba siempre abierto a todo lo relacionado con lo judaico y a todo judío. Su corazón rebozaba de Ahavat Israel (amor a otro ¡ehudí). Era muy rico y debido a que debía permanecer largas temporadas en Bangladesh alquilaba permanentemente una suite en el hotel Sheraton de Dakah, capital del país. Yo me alojaba en el mismo hotel y compartíamos las Tefilot y comidas de Shabat de las cuales era mi invitado de honor. En el año 5750 (1990) arribé a Bangladesh por negocios, como era usual. Cuando entré al lobby del hotel vi a un judío observante que reconocí como jasid de Jabad. Él estaba saliendo, cargando su valija y al cruzarnos nos saludamos. Quise seguir conversando pero el hombre se disculpó, explicando que debía llegar de inmediato al aeropuerto para tomar su avión que lo llevaría a su país, Inglaterra. Nos despedimos y me dirigí a la recepción, y allí me encontré con mi amigo Pinjas larus. Hacía dos meses que no nos veíamos y nos saludamos alegremente. En medio de la conversación Pinjas sacó un dólar de su bolsillo y me dijo: “¡He recibido este dólar del Rebe de Lubavitch!”
Le contesté educadamente: “¡Oh! ¡Qué bien!” Pero no se me ocurrió preguntarle el motivo por el cual lo había recibido o en qué oportunidad le fue entregado.

Supe de ello un año y medio después.Para ese entonces, viajé a la ciudad de Manchester en Inglaterra para participar de una boda. En medio de
la fiesta se me acercó un joven jasid de Jabad y me preguntó si lo recordaba. Mi respuesta fue negativa y él me recordó que nos habíamos cruzado en el lobby del hotel en Bangladesh un año y medio atrás.
Recordé el episodio y nos sentamos a charlar. Se presentó y me relató una interesante historia: “Soy un hombre de negocios y visito periódicamente
Bangladesh. Antes de ese viaje, mis amigos me llamaron para avisarme que fuertes tormentas habían arrasado e inundado ciudades enteras, miles de personas murieron y cinco millones de habitantes quedaron sin techo. No sabía si viajar o no. Pregunté al Rebe de Lubavitch pero no recibí respuesta. Prácticamente me comunicaba seis veces por día y hablaba con el secretario del Rebe, pero no había contestación.

Llegó el día de la partida y me dirigí al aeropuerto, llamé desde allí a mi cuñado que vive en Brooklyn, USA y le relaté mi problema. Éste decidió- ya que era domingo y el Rebe repartía
dólares y atendía a miles de personas, acercarse allí y preguntarle personalmente al Rebe si yo debía viajar o no.
A las 5 de la tarde (que eran las 22 hs. en Londres), mi cuñado pasó delante del Rebe y le relató que me encontraba en el aeropuerto y no sabía si emprender mi viaje. El Rebe respondió de inmediato: “Hay un gran tumulto allí” Mi cuñado le explicó que las cosas se estaban acomodando lentamente.
El Rebe le entregó un dólar para mí y me deseó éxito. Pero para sorpresa de mi cuñado, le entregó otro dólar y le dijo: “Éste es para mi enviado en Bangladesh” Al notar el asombro en el rostro de mi cuñado, el Rebe agregó: “Encontrará allí a un judío que lleva a cabo los asuntos de Lubavitch”. Mi cuñado se apresuró a llamarme, me dio las buenas nuevas y agregó que me enviaría los dólares por correo expreso.

Cuando arribé a Bangladesh busqué a un judío al que pudiera entregarle el dólar del Rebe. Pregunté en todos los hoteles, en la oficina de culto, la policía, pero en todos lados me respondieron que no residen judíos en Bangladesh. El día que debía regresar daba vueltas en el lobby del hotel. ¡Sabía que tenía una misión a cumplir que el Rebe me había encomendado pero no logré hallar siquiera a un judío! De pronto, alguien me tocó el hombro y me dijo cariñosamente: “¡Shalom Aleijem!” Me di vuelta y me encontré frente a un hombre que se presentó como Pinjas larus. “¿Qué hace aquí un judío?” pregunté sorprendido. Él me respondió: “¿Deseas saber a qué me dedico o qué hice últimamente? Hace algunos instantes acabo de salvar la vida de un judío” dijo evidentemente emocionado. No tenía tiempo de formular preguntas. Supe internamente que se trataba de la persona indicada. Saqué de mi bolsillo el dólar del Rebe y se lo entregué explicándole quién se lo enviaba.”

Cuando escuché la historia de este joven jasid, supe que algo importante se escondía detrás de las palabras de mi amigo Pinjas “salvé la vida de un judío” y decidí averiguarlo. Luego de unos meses viajé nuevamente a Bangladesh y al llegar al hotel busqué a Pinjas. Él se alegró de verme. No pude contenerme y le pedí que me contara la historia. Sus ojos se iluminaron y accedió a relatarme lo sucedido. “Ese día caminaba por las calles de la ciudad. De pronto noté que un muchacho estaba parado en una esquina llorando. Lo observé y noté que era un extranjero. Supuse que se trataba de un turista americano o europeo al que le había sucedido una desgracia. Me acerqué y le pregunté en inglés por qué lloraba y si podía ayudarlo. Me respondió: “Usted no podría entenderme pues soy judío” y rompió en un llanto profundo.
“¡Yo también soy iehudí, así que puedes explicarme de qué se trata!” Lo llevé a un costado y me dijo: “Hace meses que estoy paseando por el mundo.

Llegué a Bangladesh para conocer el país y me dediqué a pasear de un lado al otro. Durante mi estadía conocí a una muchacha del lugar y después de algunas semanas decidimos casarnos. Hablamos con su padre- una de las personas más ricas e influyentes del país. Éste dijo convencido: “No hay inconveniente. Pero primero debes convertirte al Islam”. Le respondí que aunque no practicaba la religión, era judío y no deseaba convertirme. El hombre me tomó fuertemente del brazo, y me dijo: “Oye bien, jovencito. No te permitiré que avergüences a mi familia. Ya que han decidido casarse, debes hacer lo que te indico. Esto no es América. Tengo muchas influencias. Si tratas de escapar, no saldrás vivo del país”. Pinjas escuchaba atentamente. Cuando el muchacho terminó de hablar, volvió a llorar desesperadamente. Lo miré y le dije: “¿Si logro conseguir que salgas del país, lo harás inmediatamente?”. El joven asintió. Tomamos un taxi y nos dirigimos a la oficina de British Airways. El gerente, a quien conozco desde hace años y que me debía varios favores, me recibió en su despacho. “Necesito que este muchacho salga hoy de Bangladesh, sin que nadie se entere. Tomo sobre mí la responsabilidad. Necesito que me ayudes a lograrlo”

El gerente decidió arriesgarse y colaborar conmigo. Lo subió al avión y yo regresé al hotel. Cuando ingresé al lobby, hallé a un joven jasid que daba vueltas tensionado. Me acerqué a saludarlo y él me preguntó quién soy y qué hago aquí. No pude contenerme y le conté que acababa de salvarle la vida a un judío. Al escuchar mis palabras, sacó un billete de un dólar que recibió del Rebe y me lo entregó, diciendo que el Rebe lo envió para el iehudí de Bangladesh …. Al escuchar el relato de Pinjas me conmoví y pensé: hay un judío santo en nuestra generación que desde su oficina en Brooklyn, ve lo que pasa con cada judío en todo el mundo y se ocupa de que éste reciba la ayuda necesaria.

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