La Redención

Una vez el Rebe escribió en una carta: “Desde el día en que empecé a asistir a la escuela, y aun antes que eso, la visión de la futura redención empezó a tomar forma en mi imaginación: una redención de gran magnitud y magnificencia a través de la cual se comprendería el propósito del sufrimiento, de los duros decretos y las destrucciones del exilio.”

El mundo se llenará con el conocimiento de Di-s, como las aguas cubren el mar.
-Isaías 11:9

La redención final ya no es un sueño de un futuro distante, sino una realidad inminente.
-El Rebe

Cuando el Rebe asumió la conducción del movimiento Lubavitch en 1951 declaró que el largo proceso de la historia humana estaba dando frutos al fin. “Esta generación es la última generación del exilio”, dijo, “y la primera generación de la redención: la redención personal y la redención universal, que lleva a la perfección de la sociedad y a un mundo lleno con la conciencia de Di-s. Ahora todo depende de nosotros.”
Este fue el tema principal en la vida del Rebe. Una vez escribió en una carta: “Desde el día en que empecé a asistir a la escuela, y aun antes que eso, la visión de la futura redención empezó a tomar forma en mi imaginación: una redención de gran magnitud y magnificencia, a través de la cual se comprendería el propósito del sufrimiento, de los duros decretos y las destrucciones del exilio.”

¿POR QUÉ LA REDENCIÓN?

Supongamos que hemos vivido toda nuestra vida en un túnel oscuro. Nuestros padres y abuelos también vivieron allí, lo mismo que los padres y los abuelos de ellos. Nos hemos acostumbrado a la oscuridad y hemos desarrollado las habilidades necesarias para sobrevivir. Avanzamos por la vida tambaleantes en la oscuridad, o buscando el camino al tacto. Estamos totalmente resignados al hecho de que así es la vida, y así seguirá siendo.
Pero nos han dicho, o hemos leído en viejos libros, que hace mucho tiempo nuestros ancestros vivían en un sitio muy distinto, bien iluminado. Hemos oído que hay una luz al final de este túnel, y que no necesariamente debemos pasar toda nuestra vida en la oscuridad. No obstante, somos escépticos; después de todo, esta oscuridad es la única vida que conocemos. Después de tantas generaciones de vivir en este túnel, ¿realmente podemos creer en un viejo cuento sobre la posibilidad de una vida en el exterior? Y además, hemos aprendido a arreglárnoslas aquí, a sentirnos cómodos en la oscuridad, así que ¿para qué queremos correr el riesgo de cambiar las cosas?
Y aun así, algo dentro de nosotros nos dice que la oscuridad no cuadra con nuestra vida. No importa lo acostumbrados que estemos, igual nos sentimos inquietos e inseguros. Comprendemos que aunque la oscuridad puede ser una parte de la vida, no es la vida misma.
En los tropiezos del camino de la vida, todos nos hemos preguntado si alguna vez encontraríamos la verdadera felicidad. ¿Encontraremos alguna vez la paz dentro de nosotros y llevaremos una vida realmente significativa, o estamos destinados a una vida hecha de miedo y confusión? ¿Prevalecerán
en la realidad la virtud y la bondad? Si no, ¿cómo podemos justificar ante nosotros mismos y nuestros hijos la necesidad de adherir a una moral y a principios éticos? Después de todo, aun cuando la naturaleza humana anhela un objetivo más alto, ¿de qué sirve esforzarse tanto en llevar una vida virtuosa, si no conduce a ninguna parte?
La respuesta a todas estas preguntas es una sola palabra:
redención. La redención es la luz al final del túnel. La redención es Di-s diciéndonos que el motivo por el que creó el universo se realizará: que la bondad prevalecerá y que nuestras vidas pueden tener sentido. La redención es a la vez una parte integral del plan de Di-s y una parte integral de la vida humana. Sin la redención, nuestras vidas carecerían de sentido: un túnel oscuro sin fin, con poca conciencia de una existencia alternativa, y sin esperanza de alcanzar nunca la luz.

¿REDENCIÓN DE QUÉ?

¿De qué, exactamente, necesitamos redimirnos? De haber caído en la trampa oscura del mundo material, que confunde nuestra busca de sentido. De una vida sin objetivos. De nuestras dudas y temores.
Di-s nos creó, a cada uno de nosotros, con una chispa divina que, cuando es cultivada, nos permite iluminar la oscuridad y avanzar. ¿ Cómo se cultiva esta chispa? Reconociendo la fortaleza que hay dentro de nuestra alma. Alzándonos por encima del yo y reconociendo una fuerza absoluta que es mucho más grande que uno mismo. Siendo una persona que da. Y llevando una vida virtuosa. Y sobre todo, comprendiendo que en medio de la oscuridad puede hallarse realmente una luz, que le dará un sentido infinito a cada acto de virtud.
La redención no es un hecho que suceda al final de nuestra vida en la Tierra; es un proceso acumulativo que empieza al comienzo de nuestras vidas, y cada acto de bondad nos lleva un paso más cerca de completar el proceso. La reden-
ción significa un fin a la oscuridad y la confusión; significa el advenimiento de la armonía.
¿La redención es un milagro? No. Es así como debieron suceder siempre las cosas. ¿Pero cómo podemos estar seguros de que seremos redimidos? Después de todo, cuando miramos a nuestro alrededor, el mundo parece muy lejos de la redención. Abundan el egoísmo y la oscuridad.
La respuesta, por supuesto, es que Di-s nos dijo que sería así. Hagámonos una pregunta muy simple: ¿Por qué luchamos por vivir una vida plena de sentido? ¿Por qué no nos limitamos a vivir cómodamente para nosotros mismos, sin pensar en nada que no sean nuestros propios deseos y necesidades?
Somos impulsados por una paradoja, una fuerza creada por la tensión de dos opuestos: nuestro cuerpo, que representa el universo material, y nuestra alma, que representa el universo espiritual. Todo en nuestra existencia está marcado por esta dicotomía. Vivimos en un mundo que es imperfecto, y aun así buscamos la perfección. Vivimos una vida llena de dolor y dificultades y aun así nos esforzamos por alcanzar la paz y la armonía.

Lo mismo puede decirse a una escala colectiva y mundial. Desde el comienzo del tiempo, el hombre ha puesto su corazón y su mente en el trabajo de mejorar poco a poco la vida. Hemos creado nuevos sistemas políticos y económicos, hemos avanzado en la educación y la iluminación, hemos desarrollado industrias y empresas, todo en busca de una sociedad más perfecta. No obstante las extremas diferencias entre razas, naciones y creencias, los hombres de todo el planeta (seis mil millones, y sigue aumentando) buscan una vida mejor.
En una palabra, todos estamos buscando la redención. No dejemos que la palabra nos intimide; “redención” no es algo necesariamente religioso o espiritual. Redención significa liberación: liberación de los límites que confinan el espíritu humano. Ser redimido significa ser liberado de un régimen tiránico; ser liberado de un hábito peligroso o de una situación violenta; ser liberado del miedo que hay dentro de nosotros y de la confusión que enturbia nuestra visión.
De modo que todos estamos buscando la redención, usemos esa palabra o no. Algunos de nosotros experimentamos breves estallidos de liberación, pero con más frecuencia nos resignamos a vidas sin esa luz y claridad. Las cadenas de nuestra existencia parecen demasiado formidables. Estamos en un estado de encierro, de exilio; las mazmorras del mundo material nos confinan a la oscuridad.

¿Cómo nos liberamos entonces?
Reconociendo que fuimos creados por Di-s (a la imagen de Di-s) y en consecuencia somos inherentemente buenos. Comprendiendo que venimos de un lugar más alto que este mundo limitado; que nuestra misión en la Tierra no es meramente usar el mundo material para nuestra propia satisfacción, sino para refinarlo y civilizarlo mediante actos virtuosos.
Sí, puede ser difícil encontrar sentido en este mundo oscuro. Creer en Di-s y experimentar a Di-s es un proceso que exige mucho esfuerzo. Pero el primer paso es simple: antes de escapar de la oscuridad, debemos reconocerla. Antes de que podamos dejar nuestro estado de exilio, debemos comprender que realmente estamos exiliados.

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