Vaigash

3 de Tevet de 5771 – 10 de Diciembre de 2010
Editado por: Jabad Lubavitch Argentina
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Parashá Vaigash

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¿Me equivoco en perdonar a un asesino?

Pregunta:
Soy madre de una hija asesinada, quien ha escrito un libro como dedicación, recuerdo, y espero, como libro de inspiración. Incluido en el libro, a pedido mío, el asesino ha escrito sobre las cinco últimas semanas de mi hija, incluyendo su horrible muerte.

¿Por qué le he pedido esto? Porque no había estado muy cuerda durante los cinco años posteriores al asesinato. Mi hija había desaparecido y fue enterrada bajo el garage de la mansión por su novio, quien tenía en ese entonces dieciocho años. Ella tenía diecinueve. Por eso el título del libro es “Por siempre Diecinueve” (“Forever Nineteen”). La última sección, escrita a través mío por el encarcelado asesino, se titula “Cinco semanas para siempre” (“Five Weeks To Forever”).

Antes de formular mi pedido, yo ya había estado escribiendo por cinco años, pero en el sexto año aprendí muchas cosas que desconocía. Con el tiempo, comencé a sentir cierto tipo de perdón hacia el asesino. No por su horrendo crimen, sino por su quebrada humanidad. Quería seguir odiándolo, pero no podía. No entiendo mis propios sentimientos. Pero me siento comprometida a continuar. Ahora mucha gente me desprecia por mi perdón.

Es verdad, depende de Di-s perdonar. Pero por ahora, aquí en la tierra, ¿Estoy muy errada en sentirme así? ¿Debería sentir odio y rencor como lo hice una vez, hacia este brutal asesino? ¿Tendría que volver a ensayar en mi mente, una y otra vez, la ejecución de este joven asesino? ¿Debería sentirme como la gente me demanda? ¿Estoy equivocada en sentir perdón?

RESPUESTA:

No, no está equivocada. Usted es un ser humano, pura y exclusivamente. Es la naturaleza de la empatía, enseñan nuestros Sabios, neutralizar el odio.
Esta es la forma como fuimos creados. Si no, la humanidad no podría sobrevivir. Tan pronto conocemos a la otra persona, ingresamos dentro de esa persona, y una pequeña parte de él entra en nosotros. Si nos perdonamos una y otra vez, entonces también perdonaremos a la otra persona. ¡Qué complejos y qué profundos son los laberintos del corazón humano!

Hay tiempos que el perdonar es un pecado. Hay maldad en nuestro mundo que debe ser erradicada, sin piedad, sin mirar atrás. Estamos obligados a destruir la memoria de Amalek, eliminar cualquier vestigio suyo. No podemos dejar que ni la más pequeña partícula de tal enfermedad, penetre en nuestra sangre, para que no nos envenene, para que nos convirtamos en sus conspiradores, en acción o en silencio.

La maldad de este hombre no es de ese estilo. Fue maldad, como Ud. dijo, de una humanidad quebrada. Una que quizá, a través de compasión y entendimiento, puede obtenerse cierto tipo de cura, tal vez en esta vida, tal vez en otra. Ud. no lo está dejando “fuera del gancho” como escribe, solo Di-s puede hacer eso. Pero Di-s no va a mantenerlo en su contra por dejar que la compasión hacia este individuo penetre en su corazón. Después de todo, todos tenemos fallas, toda la humanidad. Si no hay esperanza para este ser humano, ¿cómo puede haber esperanza para el resto?

Pero si hay esperanza para un alma amargada de dar paso a la compasión, para el odio feroz de remitir a la comprensión, para la sangre enemiga de dar paso al perdón, entonces hay esperanza para toda la humanidad, y para este mundo enojado de encontrar armonía y paz.

“En el principio”
el Midrash nos cuenta, “Di-s pensó en crear al mundo con estricta justicia. Vio, sin embargo, que un mundo así no podría mantenerse en pie. Así, que Hizo a la compasión un socio con la justicia. Y el mundo se erigió”.

Que sea pronto, más pronto de lo que podamos imaginarnos, cuando, “la muerte será tragada para siempre y Di-s limpie las lágrimas de cada rostro”, amen.

Por Tzvi Freeman

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