Pinjas

Horario para el encendido de las Velas de Shabat:
Buenos Aires 17:32 – Rosario 17:45 – Tucumán 18:18 – Bahía Blanca 17:37 – Concordia 17:48 – Córdoba 18:03 – Salta 18:23 – S. Fe 17:49 – Bariloche 18:05 – Mendoza 18:18

“EL JUDIIO REBELDE”

Ibrahim- musulmán y Rafael- judío fueron socios durante muchos años. Ibrahim, vivía en la ciudad tunecina de Kairoan, donde el suelo era excelente y el precio de los productos bajo, y era proveedor mayorista de Rafael de trigo y cebada. Rafael vendía el grano en la ciudad de Túnez. Aunque Ibrahim era agradable y cortés hacia Rafael, estaba celoso de su éxito. Un día, se le ocurrió un plan. “Me estoy haciendo demasiado viejo para este negocio”, dijo a Rafael. “¿Por qué no vienes a Kairoan a comprar el grano? Te presentaré a la gente adecuada”.

Rafael miró a su compañero, sorprendido. “Pero sabes que está prohibido que un Judío pise Kairoan…” “¡Tonterías!” Ibrahim lo tranquilizó. “Hablas árabe con fluidez. Si te vistes como uno de nosotros, nadie va a saberque eres judío.” En el pasado no tan lejano, Kairoan fue un bullicioso centro de vida judía. Con su suelo fértil y la infraestructura comercial bien desarrollada, la ciudad era una parada importante en la ruta comercial del norte de África. De hecho, hubo tantos mercaderes judíos en Kairoan que habían formado la columna vertebral de la economía de la ciudad. Los árabes habían acuñado una frase ingeniosa: “Un mercado sin Judíos es como un juez sin testigos…” Sin embargo, los musulmanes comenzaron a hacer la vida difícil a sus vecinos judíos. Muchos abandonaron sus hogares y negocios y se establecieron en otras partes. Kairoan se declaró ciudad “santa”, y prohibida a todo judío. A pesar de las dudas, Rafael aceptó el plan. Se vistió como árabe y viajó a Kairoan. Ibrahim lo llevó rápidamente a un estrecho callejón. “Quédate aquí, ya vuelvo”, le dijo. Minutos más tarde regresó con dos policías. “Ahí está, el Judío despreciable que se atrevió a poner un pie en nuestra ciudad santa!” -gritó. Rafael descubrió que su socio lo traicionó. La policía lo arrojó en una celda oscura. Durante tres días Rafael languideció. Por suerte, aún tenía su mochila, por lo que pudo comer un poco de comida que había traído consigo. La cuarta noche de Rafael en la cárcel era Shabat. Después de hacer Kidush sobre su último pan, Rafael cantó zemirot, canciones tradicionales de Shabat. Lágrimas rodaban por sus mejillas al pensar en tiempos más felices. Cuando terminó, recitó salmos de memoria. De repente, oyó un crujido de la puerta. Rafael contuvo el aliento. Un minuto más tarde, pudo discernir una delgada franja de luz en el borde de la habitación.

Cuando se acercó, vio que la puerta estaba entreabierta. Rafael se arrastró afuera y corrió por las calles oscuras. A la mañana siguiente ya estaba en casa, en Túnez. Rafael sabía que su vida estaba en peligro, la policía vendría por él. Decidió preguntar al santo Rabí Ioshua Bassis de Túnez. “Ve a tu casa y espera allí”, el rabino le tranquilizó. “Todo va a estar bien” En ese momento el gobernante de Túnez era Chamuda Pasha, un líder sabio que no prestaba atención a la incitación de los musulmanes contra los judíos. Estaba agradecido por la contribución de los judíos a la sociedad, y consideraba a Rabi Ioshua Bassis su amigo personal. Cuando el rabino le contó lo que le había pasado a Refael, pidió que “el Judío rebelde que se atrevió a entrar en Kairoan” compareciera ante él. Pocos días después, la policía se vio obligada a admitir la derrota. En ese mismo momento el Pasha envió por Rafael, que esperaba en la habitación contigua. El Pasha declaró a su audiencia sorprendida, “Di-s hizo un milagro y lo sacó de la cárcel. Sin duda, también es una señal de que Él quiere que los Judíos a regresen a Kairoan…” El decreto contra los judíos fue rescindido.

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