Nitzavim

MOVIENDO LOS VAGONES

Es conocida la interesante historia sobre el quinto Rebe de Lubavitch, Rabí Shalom DovBer, antes de que asumiera el liderazgo del movimiento Jabad.

Una vez, al retornar de un viaje a Italia, su padre- Rabí Shmuel- le preguntó si había podido observar algo nuevo e interesante durante su visita. Rabí Shalom Dovber respondió que, de hecho, había observado un llamativo suceso que había ocurrido con uno de los nuevos motores de locomotoras.

La gran máquina había sido traída a la estación del ferrocarril, a fin de unirla a una línea de vagones que marcharía detrás. Luego de cargar carbón en el artefacto, con un tremendo rugido, martilleo e intenso resonar de la maquinaria, las distintas partes y ruedas del artefacto empezaron a moverse. Finalmente, con una gran explosión de vapor, el poderoso aparato se marchó por las vías del ferrocarril – dejando atrás todos los vagones. ¡Habían olvidado acoplar los coches a la locomotora!

Rabí Shmuel dijo: “Alguien puede sentirse muy conmovido o puede despertar por una lección o una enseñanza en la Torá que estudió. Por ejemplo, puede entender cuán deshonroso es un judío con cierta incorrección en su carácter. Sus emociones pueden despertarse y su enojo encenderse cuando medita indignado acerca de la maldad de ‘esa persona’. Pero sin embargo, esta agitación emotiva interna puede hacer estallar al vapor lejos, dejando atrás los vagones. En otros términos, puede fallar en asociar su indignación a sí mismo, no relacionando la lección a las limitaciones y defectos de su propia alma.”

Esta misma lección puede aplicarse a las Altas Fiestas en el próximo mes de Tishrei. Empezando con Rosh Hashaná, experimentamos una gran elevación espiritual, y un acercamiento a Di-s cuando imploramos para ser inscriptos en el Libro de la Vida, junto a toda nuestra familia, amigos, y seres queridos también. Todos nos reunimos en la sinagoga y escuchamos el sonar del Shofar.

Cuando llegamos a Iom Kipur, el día más imponente del año, elevamos nuestra devoción y unión a Di-s ayunando, a través de una teshuvá (arrepentimiento) cordial y sincera. En el curso de las Altas Fiestas, dentro de cada judío el motor espiritual empieza a moverse, y se crea una tremenda energía. Todos estamos en un nivel de dedicación completa a servir Di-s, a vivir más judaísmo, a aprender más sobre nuestra herencia.

Lo más importante para recordar, es no dejar los “sentimientos de las Altas Fiestas” detrás. Asegurémonos de ‘engancharnos’ a esta poderosa ‘locomotora’ el resto del año. Comprometiendo parte de nuestro tiempo para participar de una clase de Torá, mejorar nuestra observancia del kashrut, continuando con nuestra concurrencia a la sinagoga, celebrando Shabat, colocando una moneda en la alcancía de caridad, poniendo Tefilín, y otras mitzvot diarias.

¡Un Nuevo Año dulce feliz y saludable!

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