Matot Masei

INTENTO FALLIDO

En el año 361 de la Era Común, 293 años después de la destrucción del Segundo Templo, un nuevo líder del Imperio Romano ascendió al trono. Juliano sería César por sólo dos años, pero su breve reinado se distinguiría por la relación inusualmente amistosa con el pueblo judío. De hecho, Juliano fue responsable de iniciar un intento de reconstruir el Templo Sagrado en Jerusalém.

Juliano era sobrino de Constantino el Grande, que estableció el cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano. Cuando Constantino murió, sus tres hijos lucharon por ocupar su lugar. Casi todos los miembros de la familia real fueron asesinados, con la excepción de Juliano. Después de viajar a Atenas y estudiar filosofía, se alejó del cristianismo y regresó a la antigua idolatría de los romanos. Juliano, llamado el apóstata, se convirtió en líder militar, con muchas victorias sobre las tribus germánicas. Cuando el emperador reinante decidió exiliarlo, sus tropas se rebelaron y lo nombraron el nuevo César. Un año más tarde, declaró plena libertad religiosa para todos los ciudadanos del Imperio. En una carta oficial dirigida a las “comunidades judías” del reino, escribió que eximía a los judíos del impuesto especial que se les había impuesto, y se declaró defensor del pueblo judío.

Al final de la carta, prometió que después de la guerra con los persas reconstruiría la ciudad santa de Jerusalém. Los judíos sabían que no era sincero, y que en realidad estaba motivado por ambiciones políticas. Además, esperaba que siguieran su ejemplo y se asimilaran a la cultura romana. Juliano convocó a los ancianos judíos y les preguntó por qué no cumplían las leyes de la Torá con respecto a los sacrificios. Los ancianos explicaron que hacerlo depende de tener un Templo permanente con sacerdotes para servir en él.

Para demostrar sus serias intenciones, Juliano ordenó que se diera a los judíos un estipendio del tesoro real, para que comenzaran con la reconstrucción. Los judíos comenzaron a reclutar artesanos y obreros. Su primera tarea fue limpiar el área del Templo de los escombros acumulados. Después de despejar el terreno, estaban listos para colocar la primera piedra, pero un terremoto poderoso lo impidió. Las rocas volaban en todas direcciones, y la tierra se partió en muchos lugares. Varios trabajadores judíos resultaron heridos, las casas se derrumbaron y muchos residentes de la ciudad perdieron la vida en el desastre. Cuando el polvo se asentó, los obreros volvieron a sus tareas. Se negaron a reconocer que la Divina Providencia obviamente no deseaba todavía la reconstrucción del Templo. Luego estalló un fuego en el sitio y muchos más trabajadores fallecieron. Todos estuvieron de acuerdo en que aún no era el momento de construir el Templo, y el proyecto se detuvo.

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