Las Diez Plagas Previas a La Libertad

Este relato detalla los sucesos que desencadenaron en la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto. Moshé yAarón se presentan delante de Paró

MOSHÉ Y AARÓN SE PRESENTAN DELANTE DE PARÓ

Moshé recibe la orden de Hashem (zarza ardiente) de que era hora de liberar a los israelitas de la esclavitud. Moshe titubeo en transmitir el mensaje a Paró, especialmente por temor de no ser escuchado debido a su defecto en el habla. Pero su hermano Aarón hablaría por él y Paró no autorizaría a salir a los judío sino hasta después de que Di-s infligiera severo castigo a los egipcios.
Tal cual lo había ordenado Hashem, Aarón hizo muchos milagros ante Paró como por ejemplo convertir una vara en serpiente pero los magos de Egipto realizaron los mismos milagros. Aun cuando la vara de Aarón se tragó a la de los magos, no logró sin embargo, impresionar a Paró.

LAS PRIMERAS TRES PLAGAS

Luego de advertir a Paró de lo que estaba por ocurrir, Aarón siguió las instrucciones de Moshé y agitó su vara sobre el río Nilo. Todas las aguas en Egipto se volvieron sangre. Los peces murieron lo cual produjo un olor intolerable. Enfrentados a una falta de agua, los egipcios se vieron forzados a rogar por ella a los judíos, ya que la plaga no había afectado sus aguas. La plaga duró siete días, pero como los magos egipcios habían reproducido el mismo milagro, Paró mantuvo testarudamente su actitud.
Similarmente ignoró la amenaza de la plaga de ranas. Igual que antes, Aarón extendió su mano sobre el Nilo y pronto las ranas atestaron la tierra.
Esta vez Paró suplicó a Moshé que detuviera la plaga y prometió que capitularía y permitiría salir a los judíos. Entonces Moshé rezó a Di-s y la plaga cesó; no obstante, Paró se echó atrás y se negó a cumplir su promesa.
Aarón entonces sacudió con la vara el polvo y éste se convirtió en piojos, que como enjambre se abalanzaron sobre hombres y animales. Esta vez, los magos egipcios no pudieron emularlo y Paró se vio forzado a admitir la superioridad del poder de Di-s. Su corazón, sin embargo, se endureció aun más contra los judíos.

MOSTRAR GRATITUD

La Torá registra que Moshé llamó a su hermano Aarón para hacer caer sobre los egipcios las tres primeras plagas: sangre (dam), ranas (tzafardeá) y piojos (kinim). ¿Por qué Moshé confió en él aún siendo el líder elegido por Hashem para enfrentar a Paró? ¿Por qué no se encargó él mismo de mandar estas tres plagas? La respuesta se halla en el agradecimiento demostrado por Moshé por la ayuda recibida anteriormente. Todas las plagas hubieran significado una demostración de ingratitud hacia las fuerzas que lo habían auxiliado en el pasado. Por ejemplo, la plaga de sangre arruinó las aguas; esas mismas aguas del Nilo que lo habían cobijado y gracias a las cuales pudo salvar su vida. Del mismo modo, las plagas de ranas y piojos surgieron de la tierra y fue el propio polvo, el que lo protegió de la vista del capataz que él había asesinado. Por ser la tierra y las aguas elementos que habían sido beneficiosos para él, Moshé mostró su gratitud dejando que Hashem ordenara a Aarón hacer la tarea.
La gratitud representa uno de los pilares sobre los que se asienta la sociedad humana. Mostrar agradecimiento significa recompensar a aquellos que nos han brindado ayuda, reconociendo sus esfuerzos y no dando por sentado que nos debían asistir.
¿Cuántos hay que simplemente esperan que les caiga ayuda de padres, maestros y amigos? ¿Cuántos hay que la demandan, como algo que por naturaleza les corresponde, y luego ni se molestan en agradecerla al recibirla? Si se detuvieran a pensar en todos los favores que reciben, la atención y apoyo que reciben de sus padres, la sabiduría que le brindan sus maestros, el cariño demostrado por los amigos, entonces cambiarían su actitud. ¿Qué harían si no contaran con esa ayuda?
Rabí Levi Itzjak de Berditchev fue una persona que expreso abiertamente sus sentimientos de gratitud. Cierta vez llegó a una ciudad, encontró que no había alojamiento y debió ir de casa en casa pidiendo lugar para pasar la noche. Como nadie sabía quién era, se negaron a acogerlo. Quedaba sólo una vivienda muy ruinosa y Rabí Levi Itzjak no tenía confianza de ser aceptado. De todos modos, golpeó la puerta y repitió el pedido.
“Soy sólo un pobre hombre casi sin muebles”, fue la respuesta. “Pero si no tiene inconveniente en alojarse en la casa de un pobre, será un honor para mí recibirlo”.
Rabí Levi Itzjak aceptó complacido la invitación y al dejar la casa al día siguiente agradeció calurosamente al hombre.
Unos años más tarde, cuando Rabi Levi Itzjak se había convertido en una persona conocida en todas partes por su gran santidad, volvió nuevamente a esa ciudad. La gente, sabiendo ahora de quién se trataba, se congregó frente a él y todos compitieron por el honor de alojarlo. Pero Rabí Levi Itzjak, sacudiendo su cabeza dijo: “Me alojaré en la casa del hombre pobre de las afueras de la ciudad, si él me lo permite. Él se ofreció a albergarme la última vez que estuve y es a él a quien debo expresar mi eterna gratitud. Si alguien nos hace un favor, no debemos olvidarlo”.
Naturalmente, debemos expresar nuestra máxima gratitud a Aquél que nos creó, proveyó a nuestras necesidades y nos brindé prosperidad: el Todopoderoso. No podemos nunca dar por hecho los beneficios que nos provee. Por ello Le rezamos diariamente y recitamos bendiciones sobre la comida que comemos. Así recordamos permanentemente Su incesante bondad.

LAS SIETE PLAGAS RESTANTES

Moshé advirtió a Paró que una multitud de animales salvajes (arov) invadiría las casas de ‘los egipcios, mientras que la tierra de Goshen, donde estaban los judíos no sería afectada. Pero Paró no cedió. No obstante, la devastación causada por la cuarta plaga lo convenció de permitir a los israelitas ofrendar sacrificios en Egipto. Moshé fue aun más lejos y le demandé que permitiera a los judíos hacer un viaje de tres días al desierto a ofrecer sacrificios para así escapar al hostigamiento de los egipcios. Paró esta vez aceptó, pero en el momento en que se detuvo la plaga, se negó nuevamente a permitir la salida de los judíos.
Posteriormente, Moshé advirtió a Paró que la sarna (dever) -una peste del ganado- devastaría Egipto (nuevamente sin afectar Goshen) si Paró no capitulaba. Paró nuevamente se negó y la peste abatió con toda la furia sobre los animales de los egipcios. Paró seguía insensible.
La plaga siguiente consistió en cenizas esparcidas por los cielos que, convertidas en polvo, causaron una epidemia de dolorosas llagas (shejin) a hombres y animales por igual. A pesar de que los propios magos de Paró resultaron afectados, él se mantuvo firme.
Luego de esto, recibió la información de que Egipto sería atacado por un torrente de granizo (barad), que causaría estragos a las cosechas y lo que aún quedaba de ganado. Se le advirtió que debía poner a cubierto a los animales y a la gente para evitar su muerte, lo cual fue escuchado por algunos egipcios que tomaron medidas para protegerse. Entonces Moshé extendió su vara a los cielos y una terrible tormenta con truenos, granizo y relámpagos se abatió sobre Egipto (a excepción de Goshen), matando a hombres y animales y destruyendo los sembrados. El granizo era de una naturaleza inusual: cada pieza estaba compuesta de fuego por dentro y hielo por fuera y era tan enorme como un canto rodado. Paró pareció cambiar esta vez de opinión, pero nuevamente, al cesar la tormenta, su corazón volvió a endurecerse.
Algún tiempo después, Moshé advirtió a Paró que langostas (arbé) destruirían las cosechas. Frente a esta situación, sus consejeros lo instaron a permitir la salida de los judíos. Moshé y Aarón insistieron en que las mujeres, los niños y los rebaños debían también partir. Paró se negó a escuchar. Al día siguiente Moshé extendió su vara y un viento del este trajo a Egipto una manga de langostas que devoró totalmente los cultivos. Al observar el desastre, Paró admitió su error y suplicó a Moshé y a Aarón que rezaran para terminar con la plaga. Así lo hicieron y un fuerte viento del oeste dirigió las langostas hasta el Iam Suf (Mar Rojo).

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