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EL ÚLTIMO DESEO Y LEGADO

El Dr. Robert Feldman era uno de los doctores de la Rebetzin Jaia Mushka.
Un viernes a la tarde, la hija del Dr. Feldman, Sara, fue a visitar a la Rebetzin junto con su hermana pequeña. En esos días, Sara estaba comenzando a salir con un chico, y utilizaba su tiempo con la Rebetzin para charlar sobre esta nueva y excitante etapa en su vida. Ella la aconsejaba como una madre, proporcionándole indicaciones e interesantes enfoques. Aproximadamente un año más tarde, Sara estaba por comprometerse con su futuro esposo.
Su padre coordinó una visita a la Rebetzin para compartir la buena noticia. La reunión fue muy placentera, y la Rebetzin estaba claramente encantada.
La visita tuvo lugar diez días antes del fallecimiento de la Rebetzin; sin que Sara supiera, la Rebetzn estaba terriblemente dolorida.
En ocasión del compromiso de Sara, la Rebetzin la llamó para felicitarla. Demás está decir, que la novia se sentía enormemente honrada.
La futura pareja planeó visitar a la Rebetzin, pero se les dijo que debían esperar a que la Rebetzin se sintiera mejor. Lamentablemente, aquella visita nunca sucedió.
La noche del fallecimiento de la Rebetzin, el 22 de Shvat del año 1988, el Dr. Feldman acompañó a la Rebetzn en la ambulancia hasta el hospital.
Se preguntarán: ¿qué pasaba por la mente de la Rebetzin cerca de una hora antes de su fallecimiento?
La Rebetzin, sufriendo terriblemente, no le preguntó al Dr. Feldman “¿Qué tan malo es? ¿Habrá necesidad de trámites? ¿Cuál es mi diagnóstico?”
En lugar de ello, con sus últimas fuerzas y sin mucho tiempo más para vivir, preguntó alegremente:
“Doctor, ¿cómo se encuentra la futura
pareja? ¿Están felices?”.
Mientras las sirenas sonaban afuera, ella no se detuvo a pensar en sí misma y en su destino, y continuó preguntando: “¿Cuándo es la boda? Por favor, cuéntame todo sobre ella…” Así es como pasó sus últimos momentos aquí en la tierra, cumpliendo con su misión de “servir a la gente las 24 horas del día, los siete días de la semana”.
Con pensamientos sobre el bienestar del otro, devolvió su sagrada alma a Su Creador.
Pero la historia todavía no termina.
En seguida después de la Shivá, los siete días del período de duelo por la Rebetzin, el Rebe mandó llamar al Dr. Feldman.
“Dime, ¿cuándo es la fiesta del compromiso?” le preguntó.
Aquella no era una pregunta fácil de responder.
De acuerdo al plan original, la fiesta estaba agendada para dentro de poco tiempo. Eso implicaba que se realizaría durante los treinta días luego del fallecimiento de la Rebetzin, considerados por la ley judía como un período de duelo, aunque en un grado más suave. Sin embargo, aplazar una ocasión alegre tampoco era un tema menos importante.
Antes que el Dr. Feldman pudiera responder, el Rebe continuó. “Deberá tomar lugar el día agendado originalmente, y no será más chica que lo planeado anteriormente. De hecho, ¡deberíaser mayor! A pesar del protocolo que había establecido concerniendo a las fiestas de compromisos, (que debieran llevarse a cabo en una casa, sin mucha gente, para abaratar los costos),
“no deberá ser llevado a cabo en una casa, sino en un salón alquilado…”- “…y deberá haber música, y lo más importante: ¡mucha alegría!”
El tono del Rebe se ablandó luego y su voz se llenó de emoción cuando dijo: “Deberá hacerse así porque así es cómo la Rebetzin hubiera querido…y esto es lo que hará a la Rebetzin feliz…”
Aparentemente la Rabanit Jaia Mushka seguía con su misión, completada a la perfección aquí en la tierra, incluso desde su elevado lugar en el cielo.
El Rebe había asegurado que su legado permanecería por siempre.

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