Emor

19 de Iyar de 5772 – 11 de Mayo de 2012

Horario para el encendido de las Velas de Shabat:

Buenos Aires 17:41 - Rosario 17:54 - Tucumán 18:23 - Bahía Blanca 17:49 - Concordia 17:56 –  Córdoba 18:11- Salta 18:27 – S. Fe 17:56 -

Bariloche 18:19 – Mendoza 18:27 – Asunción 16:58

EN MÉRITO DEL CUARTO MANDAMIENTO

En el año 1860, un vasto ejército de soldados acampó en la ciudad de Horodna y sus alrededores, y estableció un campamento militar de gran tamaño. Entre los soldados, muchos judíos fueron forzados a trabajar en Shabat y en las festividades.

Cuando el Tzadik Rabí Najum de Horodna escuchó hablar de la difícil situación de estos soldados judíos, se entristeció mucho. Decidió pedirle a su amigo, el Rabino Alexander Moshé Lapidus, entonces el Rabino principal de un pueblo cercano, que se uniera a él en búsqueda de una audiencia con el comandante de la compañía. Le solicitarían al comandante que los soldados judíos se abstengan de realizar todo trabajo prohibido en Shabat y las fiestas.

El Rabino Moshe Alexander accedió a acompañar al Rabino Najum, y juntos fueron a ver al líder militar. El comandante estuvo de acuerdo en recibir- los y el Rabino Lapidus comenzó.

Mientras hablaba, señaló al Rabino Najum.“Señor, usted ve a mi lado a un hombre Santo y Justo. El
ha venido a pedirle un favor: Deje que los Judíos de entre sus tropas descansen en Shabat y los días santos”

Al oír las palabras del Rabino Alexander Moshé, se pudo ver claramente emocionado al comandante. “¡Qué suerte que has traído a un hombre santo aquí! Tal vez él pueda encontrar una manera de curar a mi única hija, que ha permanecido enferma desde hace muchas semanas. Los médicos no pueden curarla. Si tiene éxito, haré lo que me pides. ¡Les doy mi palabra!”.

El Rabino Lapidus reaccionó al instante.

“¡Esto no lo podemos hacer!”. “¿Acaso vamos a tomar el lugar de Di-s?” Pero para su sorpresa, el Rabino Najum le susurró al oído, “¡HaKadosh Baruj Hu (El Santo, ben- dito sea) sí lo puede hacer!” Y antes de que el comandante pudiera reaccionar a las pala- bras del Rabino Lapidus, el Rabino Najum pidió ver a la enferma.

El comandante los condujo a su

habitación. Su hija estaba en la cama, muy enferma. Rabi Najum la miró por un momento, y luego se paró en una esquina de la habitación. Levantando los ojos al cielo, oró: “Señor del Universo, en el mérito de tu Santo Shabat y Tus fiestas solemnes, sana a esta chica, para que todas las naciones sepan que Tú eres el Di-s de todo el mundo, y que la vida y la muerte están en tus manos!”.

Los dos hombres justos volvieron hacia el comandante. “Hemos hecho todo lo posible. Di-s, con Su misericordia, enviará una curación completa a su hija”.

Ese mismo día, la niña abrió los ojos y pidió algo de comer. Unos días más tarde, ya se había recuperado totalmente de su larga enfermedad.
Después de una semana, un coche elegante se detuvo frente a la casa del Rabino Alexander Moshé. Un mensajero descendió del vehículo, entró en la casa, y le pidió al Rabino que regresara con él para ver al comandante de la compañía. El Rabino fue a buscar a Rabi Najum, y viajaron juntos a la base militar.
El comandante les dio la bienvenida con alegría y honor. Los condujo a la habitación de su hija. La niña estaba jugando con sus juguetes como si nunca hubiera tenido un día de enfermedad en su vida.

“Bienvenidos, Rabinos de Israel!”, gritó el comandante. “Como pueden ver, sus oraciones han sido contestadas, y mi hija se recuperó por completo. Cada médico que la trataba, perdía la esperanza de encontrar una cura, pero ustedes lo hicieron. Ustedes han dado vida a la persona que más quiero en el mundo!”

“Y ahora”, continuó, “Voy a mantener mi parte del trato. Haré lo que me han pedido. A partir de este día en adelante, los soldados judíos estarán exentos de todo trabajo en Shabat y en las festividades judías!”

* por Zeev Greenwald De “Historias que mi abuelo me contó”


Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario