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Mishpatim

18 Shevat 5774
19 de Enero de 2014

Resumen de la parashá

La Parshat Mishpatím enumera
muchas leyes básicas para la preservación
de una existencia civilizada entre los hijos
de Israel. El primer grupo de leyes promueve
el trato humanitario de los esclavos.
Si alguien hiere a otro durante una
pelea, es considerado responsable por las
pérdidas de beneficios de la víctima y por
honorarios médicos. Asimismo debe compensarla
por dolor, turbación y herida
física. También debe pagarse compensación
por daño a la propiedad.
Si se confía dinero o propiedades al
cuidado de un individuo al que no se le
paga por ello, y son robados, de atraparse
al ladrón, éste deberá pagarle al propietario
el doble del valor del objeto robado.
La Torá advierte que un extranjero no
debe ser maltratado o insultado en forma
alguna, pues los judíos mismos fueron extranjeros
en la tierra de Egipto.
Los préstamos deben hacerse sin cobrar
intereses.
Debemos extender nuestra ayuda al
prójimo incluso cuando hay rivalidad de
por medio.
Los primeros productos y frutos de la
tierra y los viñedos deben ser ofrecidos a
Di-s, quien ha provisto al hombre de esos
presentes.
En un mensaje final, los israelitas
reciben la promesa de que si obedecen las
leyes divinas, el Señor los apoyará en su
conquista gradual de Canaán, y su victoria
estará asegurada.

La Parshat Mishpatím enumera muchas leyes básicas para la preservación de una existencia civilizada entre los hijos de Israel. El primer grupo de leyes promueveel trato humanitario de los esclavos.Si alguien hiere a otro durante una pelea, es considerado responsable por las pérdidas de beneficios de la víctima y por honorarios médicos. Asimismo debe compensarlapor dolor, turbación y heridafísica. También debe pagarse compensaciónpor daño a la propiedad.Si se confía dinero o propiedades alcuidado de un individuo al que no se lepaga por ello, y son robados, de atraparseal ladrón, éste deberá pagarle al propietarioel doble del valor del objeto robado.La Torá advierte que un extranjero nodebe ser maltratado o insultado en formaalguna, pues los judíos mismos fueron extranjerosen la tierra de Egipto.Los préstamos deben hacerse sin cobrar intereses.Debemos extender nuestra ayuda alprójimo incluso cuando hay rivalidad depor medio.Los primeros productos y frutos de latierra y los viñedos deben ser ofrecidos aDi-s, quien ha provisto al hombre de esospresentes.En un mensaje final, los israelitas reciben la promesa de que si obedecen las leyes divinas, el Señor los apoyará en su conquista gradual de Canaán, y su victoria estará asegurada.


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¿Qué Aprendemos esta Semana de la Parshá?

No quebrar, sino santificar

“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)
Acabamos de leer, la semana pasada, en la Parshá de Itró, sobre la entrega de la Torá en el Monte Sinaí con voces y relámpagos. Ahora queremos saber qué es lo que contiene esta Torá, entregada desde el Cielo en un evento tan estruendoso. Comenzamos a estudiar esta semana sobre los preceptos entregados en Sinai y ¿qué vemos?: ‘Leyes’- preceptos simples y básicos, que hacen a la relación del hombre con su prójimo, instrucciones que nuestra propia lógica dicta seguir incluso sin un mandato de la Torá de por medio.
Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional. Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.

VERDADERA UNIDAD
Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.
El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.

DESHACER LAS ESTRUCTURAS
La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró: “Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2: “el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió… el mundo estaba callado y silencioso” En el ueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.
Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad. Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal. Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.
LA FE COMO BASE
La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto- elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.
Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como  continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.
Likutei Sijot tomo 16, pag 242
NOTAS: 1.Shemot 19:20 2.Shemot Rabá fin del cap. 29

“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional. Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró: “Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2: “el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió… el mundo estaba callado y silencioso” En el ueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad. Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal. Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto- elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como  continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.








Rabanit Jaia Mushka Schneerson

En Shabat, 25 de Adar I del año 5661 (1901), en la pequeña ciudad de Lubavitch, reinaba una atmósfera de gran felicidad. Una gran alegría en la casa del Rebe Shalom Dover Z’L. Había nacido su nieta, hija de su único hijo y descendiente, Rabí Iosef Itzjak Z’L (quien luego fue su sucesor).

El nacimiento de la niña no fue tomado con ligereza dentro del seno de la familia. Entre otros testimonios se encuentran las cartas de su santo abuelo, que en ese momento se encontraba fuera de Lubavitch.

En su primer misiva, en la que hacía mención del nacimiento de la niña, el Rebe Shalom Dover Z’L, escribió: “….y desde la profunda satisfacción de mi corazón, agradezco a Di-s por todo lo bueno que nos ha dado y con su gran benevolencia nos otorgó vida y nos permitió estar presentes y llegar a este instante, y que de la misma forma lleguemos a muchas alegrías y fiestas”.

Tan importante fue el nacimiento de la niña para el abuelo, que envió a su hijo el siguiente telegrama: …”si es que aún no se le ha colocado nombre, recomiendo que sea llamada JAIA MUSHKA, que es lo correcto de acuerdo a mi entender…” Esa misma semana, envió otro telegrama, donde entre otras cosas nombra: “MAZAL TOV, por la colocación del nombre de JAIA MUSHKA a nuestra nieta. Que el Todopoderoso Le otorgue larga vida y buenos años con dulzura tanto en lo espiritual como en lo material, y llegue a ser una mujer ejemplar, temerosa de Di-s, y que todos nosotros recibamos de ella grandes satisfacciones y alegrías en lo espiritual y material”.

Como señalando el futuro de la niña, el Rebe Shalom Dover Z’L, envía posteriormente una carta. En ella encontramos una reveladora señal, “…que el Todopoderoso le otorgue larga vida y días de felicidad completos y que llegue a ser una santa mujer, temerosa de Di-s en verdad, que en todos los detalles se parezca a mi santa abuela por la que lleva el nombre…” (la Rabanit Jaia Mushka, abuela del Rebe Shalom Dover Z’L, fue la esposa del 3º Rebe de Lubavitch, llamado el Tzemaj Tzedek)

En medio de la segunda guerra mundial
La Rabanit Jaia Mushka Z’L, contaba que cuando debieron huir de París, tuvieron la oportunidad de ocultarse en las afueras de la ciudad, sin embargo el Rebe Shlita insistió en dirigirse a la ciudad de Vichy. No fue fácil para ellos conseguir lugar en uno de los últimos trenes, en medio de un gran peligro, llevando consigo sólo el Talit y los Tefilin. Luego siguieron viaje hacia Niza, en el sur de Francia, que se hallaba bajo el dominio de Italia, y era, en ese momento, uno de los sitios más seguros, donde acudieron muchos judíos para refugiarse. Allí estuvieron cerca de ocho o nueve meses hasta el comienzo del verano de 1941. El peligro fue muy grande ese año, pues se había dado el toque de queda.

“Los maravillosos cien dólares”
A pesar del gran riesgo que implicaba la situación, el Rebe Menahem Mendl Schneerson Z’L, esposo de la Rabanit JAIA MUSHKA Z’L, encontró la manera de ayudar a otros necesitados. Según relatos de la Rabanit, en esos días para tener el crédito que permitiera a una persona entrar a un hotel, (sin derecho a habitación alguna, sino quedar a resguardo en los pasillos), había que mostrar que uno poseía un billete de 100 dólares (Una fortuna en esos momentos). La cuestión era que el Rebe poseía UN SOLO billete de 100 dólares, y que arriesgando su propia vida, recorría las calles en busca de judíos que no tuvieran albergue, prestándoles ese billete, que ellos a su vez mostraban en el hotel, obteniendo así el derecho a ingresar; luego le devolvían el famoso billete. Así repetía el Rebe su tarea, día a día, hasta que inclusive otros judíos comenzaron a imitarlo.

La milagrosa llegada a Nueva York
El 28 de Sivan de 1941, el Rebe y la Rabanit Z’L, llegaron a puerto seguro, luego de eludir el peligro que representaba el viaje desde Europa a Nueva York, ya que los nazis atacaban las naves que zarpaban de los diferentes puertos europeos.

El perfil de una gran mujer
Desde su llegada a los Estados Unidos de Norteamérica, y hasta el día de su desaparición física, que fueron 47 años, la Rabanit se movió dentro del ambiente de los jasidim al que estaba acostumbrada desde su niñez en Lubavitch.

Allí quedó revelada definitivamente su personalidad. A pesar de ser la esposa del “Gran Rabino” cumplió al pie de la letra con el versículo de los Salmos (Tehilim)”Gloriosa es la hija del rey dentro del palacio”. Con recato, delicadeza, con una superdotada inteligencia y con poderosa fuerza, se ocultó, tratando de no aparecer en público, de la misma manera que trató de no sobresalir en el más mínimo detalle. Sin embargo hubo personas que tuvieron el alto honor de conocerla y es de ellos de quienes recibimos los detalles desconocidos de su vida.

Recibiendo sufrimientos con amor
En los últimos años, cuando enfermó la Rabanit Z’L, padecía angustias y sufrimientos. Cada dolor era soportado en completo silencio. Jamás nadie la oyó quejarse, suspirar o lamentarse. Cuidó su noble conducta y su hidalguía, tratando de no molestar ni preocupar a quienes la rodeaban. Inclusive ocultó gran parte de su afección a su propio esposo, para evitarle a éste, congoja y desasosiego.

Cuando fue absolutamente necesario internarla, se hizo con rapidez extrema. Había que proporcionarle una transfusión de sangre en forma urgente. Mientras se efectuaban todos los preparativos y la Rabanit Z’L aguardaba sentada, se sintió descompuesta y pidió un vaso de agua. A los pocos instantes, su alma pura se elevó hacia los Cielos. Esto sucedió después de la medianoche del 22 de Shvat de 5748…

Cuentan los jasidim que la abuela del Rebe anterior, es decir la bisabuela de la Rabanit, desaparecida físicamente en el mismo mes muchos años antes, falleció luego de rezar sus oraciones. Devolvió el Sidur, pidió tomar un vaso de agua, para luego inmediatamente fallecer…

Lo increíble es que su abuela, la Rabanit Shterna Sara Z’L, asombrosamente falleció en el mismo mes de Shvat, y fue en un Shabat, luego de la Tefilá, y también pidió tomar un vaso de agua…

Existen muchas situaciones similares entre estas tres santas mujeres, la relación es comprensible por sí sola…

Amor al prójimo
Aunque su desaparición causó un gran dolor en todo el ámbito judío, se llevaron a cabo reuniones para despertar el ser judío, expresando las palabras que su esposo (durante 60 años), el Rebe, mencionó el primer día de duelo (shivá) en su nombre: “VehaJAI (su nombre era JAIA) iten el libó” (Eclesiastés 7-2) “Y el que vive debe poner esto en su corazón”, que significa que es una obligación para cada uno de nosotros aumentar el estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot, pero sobre todo incrementar la Mitzvá de Amor al Prójimo.-

Pequeñas anécdotas

La Rabanit Z’L, en sus últimos años, sufría considerablemente de la vista. Cierta vez le preguntaron: “Judíos de todo el mundo piden al Rebe una Brajá (bendición). ¿Por qué Ud. se priva de esto?. A lo que simplemente respondió: “Es muy importante para mí no causarle ningún dolor”.

Cada vez que la Rabanit daba a conocer alguna respuesta del Rebe, la daba siempre verbalmente y agregaba:”así fue exactamente su respuesta”.

Jamás agregó o explicó alguna de las palabras de su esposo, simplemente repetía precisamente las expresiones.

Siempre preocupada por la salud de su esposo, cuando ella misma no se sentía bien, y el Rebe le sugería una consulta médica, ella aceptaba con la condición que el doctor lo examinara también a él. Por supuesto que esta sugerencia era aceptada….





Highlights de la semana