Sus emisarios un ejército

Su inspiradora imagen continúa acompañándonos también ahora — Su camino y enseñanza son la antorcha de fuego que ilumina nuestra vida, hasta la inminente Redención

El Rebe de Lubavitch es una personalidad cautivante. A simple vista, nada más que un Rebe de jasidím; sin embargo, su influencia trascendió ampliamente las fronteras de Jabad. Otros Rebes y Grandes de la Torá lo reverenciaron. Políticos y militares se sintieron hechizados por él. Presidentes y ministros mantenían correspondencia con él. Científicos y artistas se ligaron a él, y multitudes de judíos, de toda procedencia étnica, medio ambiente y estilo de vida, ven en él una personalidad única.

Se puede hablar de una combinación peculiar de cualidades, cada una de ellas digna de énfasis en mérito propio. Un genio formidable en todas las áreas de la Torá, prolífico pensador que revela novedosas dimensiones en el tesoro del pensamiento judío. Un hombre talentosamente perspicaz, que demuestra estar familiarizado con todas las disciplinas de la ciencia moderna. Un excepcional don de liderazgo, capaz de traer a flote en decenas de miles de personas todo el potencial que poseen. Visionario, que sabe evaluar con precisión los procesos de la vida social y mundial. Un amor inmenso por cada judío, y la capacidad de entregarse a los pequeños problemas del hombre simple.

Pero por encima de todo esto hay algo más profundo que dotó al Rebe de su peculiar condición. El hecho de que la personalidad del Rebe `habló’ a cada judío, sea quien fuere, evidencia la existencia de un vínculo íntimo, de alma, entre nuestras almas y la del Rebe. Como un alma inmensa que ilumina y brinda calidez a todas nuestras pequeñas almas.

No en toda generación existen individuos de su talla. Di-s implantó esta alma inmensa precisamente en nuestra golpeada generación pos-Holocausto, para poder hacer frente a los desafíos de la época, para reencender la llama judía y llevar a todo el pueblo judío hacia su Redención.

Su inspiradora estampa continúa acompañando al pueblo judío también ahora. Su senda y legado espiritual son la antorcha que ilumina nuestro camino, hasta llegar juntos al anhelado destino: la genuina y completa Redención.

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