Presidentes y políticos lo visitaron

No sólo jasidím golpearon a la puerta del Rebe, sino también multitud de judíos, de toda comunidad étnica, corriente y círculo. Rebes y Rabinos, hombres de espíritu y de artes, científicos y empresarios, y también políticos y representantes de la sociedad. Todos se interesaron por su visión de mundo, y acudieron a recibir su bendición, estímulo y consejo. Muchos tuvieron el privilegio de pasar a solas un tiempo con el Rebe, en audiencia privada. Muchos salieron admirados por el fulgor de su rostro, la mirada de sus ojos que simultáneamente acariciaba y penetraba, sus conocimientos de amplio espectro, la suavidad de su lenguaje y lo tajante de sus ideas, su maravillosa capacidad para escuchar y su sorprendente perspicacia.

Gueulá Cohen, ex miembro de la Knesset, describió así su encuentro con el Rebe: “Cuando detrás de mí se cerró la puerta y yo quedé a solas con el Rebe, era cerca de la medianoche, pero el Rebe se levantó de su sitio detrás del escritorio para recibirme, con una sonrisa digna de las doce del mediodía. Comencé a presentarme, pero no era necesario. Sabía más de mí. Me contó no sólo lo que hice, sino también qué es lo que en su opinión debo hacer. No sólo lo que hago en el presente, sino aquello que a su juicio no hago. Es cierto que sus alumnos me habían dicho que lee día a día los periódicos de Israel, pero esto asusta un poco”.

Gad Iaacovi, embajador de Israel ante las Naciones Unidas, y ex ministro del gobierno israelí, describió su encuentro con el Rebe: “Vi ante mí a un anciano, un rostro sonriente, ojos azules. Un hombre en apariencia anciano, pero con gracia juvenil en el rostro, abierto y lozano, pese a lo avanzado de la hora. Se lo ve como un hombre con la cabeza en el cielo, pero sus pies están firmes en la tierra, con conocimientos bien actualizados. Tuvimos una charla sobre la construcción de la Israel. Su comunidad hace allí cosas maravillosas, un grupo muy constructivo — y él es la fuente de su inspiración”.

El general Ran Peker se encontró con el Rebe en 1975, cuando era oficial de la base aérea Tel Nof. Luego del encuentro, escribió: “Fue ésta una experiencia espiritual impresionante, que sólo puede compararse a la experiencia de vuelo sobre un F-16 (claro que en otra esfera). Resultó interesante encontrarse un lapso de tiempo junto a una personalidad tan ilustre y ciertamente extraordinaria, que irradia de su luz y te arrastra detrás de ella. En los ojos de mi espíritu se dibujó una imagen diferente del Rebe de Lubavitch, y quizás por eso me impresioné profundamente de su destreza en áreas diversas y variadas (inclusive laicas) y de su simpatía natural y sincera”.

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