Tenemos la fuerza

Jana Segal

Nací y me críe en Uruguay, estudié en escuelas de Jabad, y escuelas hebreas de mi país. A los 17 años, me mudé a Bs As con mi familia y cursé mi último año de la secundaria en la escuela de Jabad. Viajé a Tzfat, Israel y estudié un año y medio con chicas de todo el mundo, aprendiendo y adquiriendo diferentes experiencias y conviviendo con “mentalidades distintas”. Por sobre todo, crecí como persona.

Y yo... ¿dónde me meto?

Nueva casa, nueva cocina, nuevos caños, nuevos electrodomésticos… ¿A que les suena? … Exacto…A Mudanza.

Hace un par de meses ya, que nos mudamos, y junto con ello aparecieron las reformas en la cocina. Mejor dicho, tirarla abajo y rehacerla.

Así que, con todo lo que eso implica, se tuvieron que instalar nuevos caños, nuevas mesadas, etc.

Hace unos días, instalaron el lavarropas, los monocomando de las piletas, y la cocina a gas.

No más mandar la ropa al lavadero. Emocionados, separamos la ropa blanca y la de color, y pusimos a lavar primero la blanca.

A los 15 minutos, se escuchó un goteo. El goteo se convirtió en chorros. Paramos el lavado. Tomamos un trapo y lampazo y nos pusimos a secar. Lo volvimos a prender. Al rato, el goteo, seguido por los chorros.

Cabe destacar que pusimos el programa de 30 minutos…gracias a Di-s.

Mi esposo, entre chorro y chorro, iba ajustando el tubo del lavarropas al caño, presionándolo hacia adentro cada vez más.

Pero sin éxito.

Decidimos liquidar toda la ropa de una, y pusimos a lavar la de color.

A los 15 minutos…de vuelta. Esta vez, con más potencia.

Empecé a gritar.

Mi esposo me dijo: “Jana, no es el fin del mundo, ¿O si?”

A lo que le respondí, “¡¡Sííí, es!!”

Luego de unos minutos, y varias “lavadas de piso”, me apoyé contra la puerta y comencé a mirar descorazonada, cómo caía el agua a cántaros por el caño. Indignada, levanté la vista. En eso, el reloj de pared, comenzó a despegarse. Anuncié: “Se cae el reloj”. ¡¡Paf!!.

Cayó el reloj.

El reloj que ni culpa tenía en todo el asunto, estaba ahí quieto, se viene a caer, y se despegaron las manecillas.

En ese momento, tuve un ataque de risa. Y mi esposo también. “Pobre reloj” decíamos. Y nos reíamos.

En un segundo, una escena que parecía zona de catástrofe, se transformó en una escena cómica.

Ya no me importaba limpiar el piso. “Que siga cayendo agua” decía, “No me importa, el agua es bendición, así que en esta casa hay mucha bendición”. “Terminamos de limpiar y nos vamos a caminar”

Luego de un rato, la cocina quedó reluciente, (Y sí, después de baldear el piso 800 veces, quedó realmente reluciente), y salimos.

En la vida siempre  hay diferentes pruebas que se nos ponen en el camino. Y tenemos dos opciones: 1. Hacernos mala sangre, sufrir y deprimirnos. 2. Pensar que no es el fin del mundo y superarlo. Y tenemos además la opción de superarlo con alegría. Si Di-s nos lo manda, es porque sabe que tenemos la fuerza de superarlo. Y por algo nos lo manda a nosotros y no a otro. Claro, que lo del lavarropas es sólo un ejemplo y existen desafíos mucho más difíciles.

Una vez, un joven judío fue a ver al Rebe, porque estaba perdidamente enamorado de una chica no judía, y a pesar de que este hombre cumplía con preceptos básicos como Shabat y Kashrut, le era casi imposible ceder en esto. Así que le planteó al Rebe, que se quería casar con una chica no judía. Estaba seguro que el Rebe lo retaría o le gritaría por querer tomar tal decisión, pero grande fue su sorpresa, cuando el Rebe respondió: “Te envidio”.

El hombre, completamente asombrado le preguntó por qué.

A lo que el Rebe respondió: “A mi Di-s nunca me puso una prueba así para que pueda superarla. Si tú tienes esta prueba tan grande, es porque tienes la fuerza de poder hacerlo, ya que Di-s manda pruebas de acuerdo a la fuerza de la persona”.

De más está decir, que hoy en día, este hombre es padre de una hermosa familia judía.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario